Un segundo 'cast' ruso sostiene el nivel de Chaikovsky

Barcelona

02 / 02 / 2022 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 2 min

Print Friendly, PDF & Email
damadepicas-operaactual-liceu (1) Una escena de la producción de Gilbert Delfo © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
damadepicas-operaactual-liceu (2) Andrey Zhilikhovsky como Príncipe y Irina Churilova como Lisa © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
damadepicas-operaactual-liceu (2) George Oniani como Hermann © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Chaikovsky: LA DAMA DE PICAS

Reparto alternativo

Irina Churilova, George Oniani, Andrei Zhilikhovsky Gevorg Hakobian, Larisa Diadkova, Cristina Faus, Serena Sáenz. Dirección musical: Dmitri Jurowski. Dirección de escena: Gilbert Deflo. 27 de enero 2022.

La corrección general en el segundo reparto liceísta (crítica del primer reparto en este enlace) volvió a presidir la interpretación de la magistral ópera de Chakovsky, con la muy positiva incorporación a última hora de la soprano Irina Churilova, una Lisa de voz suculenta e impecable fraseo que fue justamente ovacionada después de su aria a orillas del Neva. Una mayor implicación dramática, sin embargo, habría podido mejorar aún más los resultados de su prestación.

"Larisa Diadkova demostró que se puede bordar el papel de la Condesa aun sin tener la voz ya arruinada, combinando la cavernosidad y el susurro con el talento"

El tenor georgiano George Oniani aportó seguridad y buenas intenciones interpretativas a su German, aunque su agudo sonaba siempre apretado –nunca insuficiente, sin embargo– y ocasionalmente leñoso. Andrei Zhilikhovsky exhibió un buen material vocal como Yeletsky pero en su “Ia vas liubliu, liubliu bezmerno” del segundo acto dejó bien claro, como lo había hecho su colega del primer reparto el día anterior, que no se puede tener el lujo de un Ludovic Tézier todos los días. Por su parte Larisa Diadkova demostró que se puede bordar el papel de la Condesa aun sin tener la voz ya arruinada, combinando la cavernosidad y el susurro con el talento que a una mezzosoprano de sus características se le da siempre por descontado. Gevorg Hakobian estuvo por debajo de lo esperado en su balada del primer acto pero su Tomski ganó altura en la canción pajaril del último. Cristina Faus fue una Polina de lujo y Serena Sáenz mantuvo el nivel como Prilepa en la Pastoral. Como detalle, puede añadirse que pese a tratarse de una segunda representación, Gilbert Deflo se unió al colectivo interpretativo en los saludos finales. No es un detalle frecuente en los directores de escena.  * Marcelo CERVELLÓ, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL