Cuentos turcos en el feliz serrallo de ABAO

Bilbao

22 / 01 / 2024 - Nora FRANCO MADARIAGA - Tiempo de lectura: 3 min

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rapto abao La nueva producción de 'El rapto en el serrallo' firmada por Mariano Bauduin © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
rapto abao Leonor Bonilla como Blonde © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL
rapto abao Jessica Pratt (Konstanze) y Moisés Marín (Belmonte) en 'El rapto en el serrallo' © ABAO Bilbao Opera / Enrique M. ESQUIBEL

ABAO Bilbao Opera

Mozart: DIE ENTFÜHRUNG AUS DEM SERAIL

Nueva producción

Jessica Pratt, Leonor Bonilla, Moisés Marín, Mikeldi Atxalandabaso, Wojtek Gierlach, Wolgang Vater. Dirección musical: Lucía Marín. Dirección de escena: Mariano Bauduin. Palacio Euskalduna, 20 de enero de 2024.

Como es sabido, Singspiel es una concepto que designa un género musical similar a la ópera o a la zarzuela que presenta partes habladas; la palabra en alemán que lo define viene de la unión de singen (cantar) y spielen, que, tal y como sucede en francés con jouer o en inglés con play, se aplica a la forma verbal que define no solo jugar, sino también tocar un instrumento o interpretar un papel. Y es esta connotación lúdica es la que destacó en esta nueva producción de ABAO Bilbao Opera de El rapto en el serrallo (ver previa en este enlace). La propia música de Mozart tiene ese constante jugueteo con los aires orientalistas alla turca, y la propuesta escénica de Mariano Bauduin y Nicola Rubertelli enfocó el montaje desde una perspectiva infantil, vistiendo de fábula y juego la obra mozartiana.

Con una escenografía única para los tres actos que dibujaba un serrallo como de ingenua ilustración de cuento, pese a su gran potencial, no estuvo suficientemente aprovechada; bien es cierto que los efectos de iluminación de Luigi della Monica aportaron algo de ambientación, no fue la suficiente como para completar el concepto escénico. Tampoco lo hizo el vestuario de la reconocida Odette Nicoletti, bien elaborado y minucioso, pero con una elección cromática excesivamente apagada que no favoreció ni a los cantantes ni al conjunto de la producción.

La dirección musical de Lucía Marín tampoco lució como hubiera sido deseable, apostando por tiempos poco estables y una lectura blanda, se echaron de menos precisión y detalle. Afortunadamente, la Euskadiko Orkestra supo mantener limpieza, tensión y equilibrio en su sonido, pese a no alcanzar el nivel de otras ocasiones.

"La soprano Jessica Pratt no defraudó, exhibiendo una pasmosa facilidad y limpieza en el sobreagudo, pero también carnosidad en los graves, ofreciendo una Konstanze candorosa pero con carácter"

Sin embargo, en general el trabajo de los cantantes sostuvo y levantó el peso de esta producción, aunque todos ellos debutaban en sus respectivos roles. El bajo polaco Wojtek Gierlach mostró una voz oscura con un registro grave inacabable, pero también casi inaudible; la falta de proyección restó fuerza al personaje, lo que, sumado a una dirección escénica naíf, transformó al personaje de Osmin en una especie de caricatura. Moisés Marín como Belmonte sufrió la exigencia de un papel inclemente, con cuatro arias de esforzado registro y complicada técnica; su voz, de intenso brillo, sonó más dura que de costumbre la noche del estreno, pero sin duda el transcurrir de las funciones le dará en los próximos días un aire más relajado tanto a la voz como al personaje.

La soprano Jessica Pratt no defraudó en absoluto, exhibiendo una pasmosa facilidad y limpieza en el sobreagudo, pero también carnosidad en los graves; con una interpretación teatral quizás algo fría, cantó, por el contrario, con abierta emoción, ofreciendo una Konstanze brillante, candorosa y con carácter. La soprano andaluza Leonor Bonilla brilló con una actuación fresca, pizpireta y segura, acompañada de una voz sin fisuras, de exquisito color y elegante fraseo. Igualmente, el tenor bilbaíno Mikeldi Atxalandabaso presentó un Pedrillo de impecable técnica y realización escénica, en un agotador ejercicio tanto vocal como interpretativo. Imprescindible destacar el esfuerzo de todos ellos en los larguísimos declamados en perfecto alemán –en los cuales, sorprendentemente, el actor Wolfang Vater fue el menos expresivo–, en este complicado desafío mozartiano al que es difícil seguirle el juego y que había estado demasido tiempo alejado de los escenarios bilbaínos.  * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL