Cortocircuitos y destellos de belleza

Barcelona

06 / 05 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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Natalie Pérez Natalie Pérez y Daniel Heide al final de su recital © Silvia PUJALTE
Natalie Pérez La mezzosoprano Natalie Pérez hizo su debut en el Petit Palau © Studio LEDROIT-PERRIN
Daniel Heide Daniel Heide fue el pianista del recital de Natalie Pérez © Ulrike MOENNIG

Petit Palau

Recital NATALIE PÉREZ

Natalie Pérez, mezzosoprano. Daniel Heide, piano. Obras de Schumann, Schubert, Wolf, Mendelssohn, Rihm, Hahn, Debussy, Fauré, Bizet, Delage y Saint-Saëns. Petit Palau, 5 de mayo de 2021.

La mezzosoprano francesa Natalie Pérez, junto al pianista Daniel Heide, inauguraron un ambicioso proyecto organizado por la Schubertíada Barcelona en colaboración con el Palau de la Música Catalana y el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Un proyecto a tres años vista que tiene como eje vertebrador el opus liederístico de Robert Schumann en diálogo con estéticas y escuelas musicales diversas e, incluso, opuestas. En el caso de este primer concierto, ambos intérpretes arrancaron con el conocido ciclo Frauenliebe und Leben del compositor alemán para pasar seguidamente a un segundo bloque dedicado a la mélodie française y cerrar el círculo con un tercero centrado en Lieder escritos a partir de los poemas del Diván de Oriente y Occidente, de Goethe, recalcando así el diálogo entre distintas estéticas y culturas.

La sensación final fue que, a este programa tan interesante y variado, le sobró el primer ciclo schumanniano, quien sabe si metido con calzador. En Frauenliebe und Leben, la joven mezzosoprano se mostró un tanto comedida e incluso intimidada. Cantó con elegancia sí, pero a su interpretación le faltó peso vocal, continuidad y madurez interpretativa. A pesar de ello, en la última canción del ciclo, sin duda la más dramática («Nun hast du mir der ersten Schmerz getan»), un primer destello de rara belleza apareció en la frase «Die Welt ist leer», que culminó una perfecta gradación de intensidad en esta magistral canción.

Pese a ese inesperado destello, las cuatro primeras canciones del bloque francés (Fauré, Delage, Saint-Saëns) tampoco brillaron especialmente, con despiste incluido al inicio de «Adieux de l’hotêsse arabe» que provocó que tuviera que volver a empezar. Nada hacía intuir, en ese momento, el cambio de rumbo radical que iba a dar el recital. De repente, a partir de «A Chloris», de Reynaldo Hahn, pareció abrirse una ventana que había permanecido cerrada hasta ese momento. La voz de Natalie Pérez se volvió más luminosa, así como su expresividad mucho más cercana, interesante y sincera. Desde ese momento, la cantante no hizo más que crecer en el escenario del Petit Palau, canción a canción, hasta un final luminoso. Tras «A Chloris», dos canciones más del compositor venezolano de adopción francesa, «L’heure exquise» y «Quand la nuit n’est pas etoilée» y el tan difícil como exquisito tríptico Chansons de Bilitis, todas ellas cantadas con estilo impecable, dicción perfecta (en el ciclo Debussy se intuyó a una futura e ideal Mélisande) y una capacidad expresiva y de seducción poco habitual.

"En la franja semi aguda y aguda la voz de Pérez se agranda y su timbre adquiere una cierta acidez en el vibrato que, lejos de perjudicarla, la otorga una mucha personalidad"

La voz de Natalie Pérez es bella, aunque particular. Pese a ser muy joven, empezó su carrera como soprano y pasó luego a la cuerda de mezzo. Efectivamente, su vocalidad gana en armónicos cuando sube a la franja aguda mientras que, en el centro, se proyecta con mucha naturalidad, pero sin gran amplitud ni volumen. En la franja superior la voz se agranda y su timbre adquiere una cierta acidez en el vibrato que, lejos de perjudicarla, le otorga mucha personalidad.

El tercer bloque, con Lieder basados en el gran poemario de Goethe de autores como Schubert, Schumann, Mendelssohn, Rihm y Wolf, surgió la extraordinaria liederista que no había aparecido al inicio. Acompañada por un Daniel Heide pletórico y exultante, que culminó el concierto con un espectacular postludio en «Höchbeglückt in deiner Liebe«, de Hugo Wolf, Pérez fraseó con maestría e intensidad, dejando, entre otras perlas, una preciosa «Suleika» schubertiana y una sutilísima recreación de «Gingko biloba«, de Wolfram Rihm. Y para celebrar esta extraordinaria segunda parte del recital, y ya con la mezzo en estado de gracia, ambos intérpretes regalaron como propina una versión de «Oh, quand je dors» para el recuerdo.