Correcto segundo reparto de la necesaria 'Cecilia Valdés'

Madrid

04 / 02 / 2020 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 2 min

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Enrique Ferrer (Leonardo Gamboa), Isabel Cámara (Doña Rosa) y Paloma Córdoba (Adela Gamboa) © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Una escena de la producción firmada por Carlos Wagner © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Elaine Álvarez protagonizó a Cecilia en el reparto alternativo © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Roig: CECILIA VALDÉS

Reparto alternativo

Elaine Álvarez, Enrique Ferrer, Eleomar Cuello, Linda Mirabal, Cristina Faus, Yusniel Estrada. Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección: Óliver Díaz. Dirección de escena: Carlos Wagner. 29 de enero de 2020.

El despliegue vocal tendió a lo modesto en el segundo reparto (crítica primer reparto). Cecila Valdés estuvo encarnada por Eliane Álvarez, que coqueteó con el exceso dramático durante toda la función, demasiado cerca de un histrionismo que su papel (volcánico, que no desmadejado) no precisaba en tan alta medida. En lo vocal mostró algunas inseguridades en la afinación y alguna falta de control en la emisión.

Con todo, su momento llegó en la canción de cuna “Duerme, hija mía, mi pequeña duerme”, del acto segundo, donde supo contraponer el dolor de una madre a un canto bello y mejor timbrado. Enrique Ferrer dio vida a Leonardo, el señorito caprichoso y voluble de modelo fácilmente reconocible hoy día. Fue el mejor en el plano actoral, gracias a una convicción (y dicción) bien canalizada. Su canto fue algo mate, pero con fraseo suficiente y buen gusto en el legato. Se echó en falta una proyección planificada con más cuidado. El triángulo amoroso se cerraba con  José Dolores Pimienta, el barítono Eleomar Cuello, que fue lo mejor de la velada. Dueño de un timbre aterciopelado y un registro medio de mucha altura, aprovechó su tendencia natural hacia el dibujo lírico para proponer emoción sin efusiones en su romanza “Callar debo este amor que me enajena”.

"El barítono Eleomar Cuello, que fue lo mejor de la velada. Dueño de un timbre aterciopelado y un registro medio de mucha altura"

El resto del reparto, idéntico al del día del estreno, funcionó en igual medida, destacando la fría elegancia (tan acorde con el personaje) de Cristina Faus, que llevó a su Isabel bien cerca de Karen Blixen, y, llevándose buena parte de las ovaciones, la loca Dolores Santa Cruz de Linda Mirabal. Óliver Díaz profundizó en su elogio al son cubano con gran acierto y milimétrica desenvoltura rítmica en toda la rica partitura. En suma, una visita, la de Cecilia Valdés, necesaria y merecida.