Madrid: Una recuperación únicamente musical

02 / 11 / 2019 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Los Músicos de Su Alteza y los solistas, con Luis Antonio González a la batuta © CNDM / Evira Megías

CNDM

Durón: CORONIS

Recuperación en época moderna

Olalla Alemán, Eugenia Boix, Estefanía Perdomo, Marta Infante, Aurora Peña, Diego Blázquez y Jesús García Aréjula. Los Músicos de Su Alteza. Dirección: Luis Antonio González. Ciclo Universo Barroco. Sala Sinfónica, Auditorio Nacional, 27 de octubre de 2019.

Arrancó la temporada del Universo Barroco del CNDM con la ópera (¿zarzuela?) Coronis, una partitura atribuida a Sebastián Durón de manera más o menos entusiasta según quién lo argumente, si los responsables de la edición crítica (Raúl Angulo y Antoni Pons) o el director musical Luis Antonio González. La obra destaca por su brillantez y por conculcar algunos arquetipos de la época, tanto a nivel estructural como tímbrico.

"La parte más llamativa, la de la música, se antoja magnífica, sea toda de Durón, de la escuela de Literes o de cualquier compositor fronterizo"

Como un «compromiso ideal entre los arcaísmos de la escritura española del siglo XVII y una modernidad […] del incipiente siglo XVIII» la definió hace poco Vincent Dumestre. La trama es una amalgama mitológica basada en la pugna de Apolo y Neptuno por la ninfa Coronis y su posterior intento de rapto por parte del monstruoso Tritón. Como buena parte de la música barroca (piénsese en Juditha Triumphans de Vivaldi), la pieza contiene unas cuantas claves respecto a la situación política expuestas de manera metafórica. El texto parece provenir de la pluma, a veces inspirada y suculenta, de José de Cañizares. Es una acción de escaso calado dramático, coloreada con los habituales graciosos del repertorio y su guerra de sexos. La parte más llamativa, la de la música, se antoja magnífica, sea toda de Durón, de la escuela de Literes o de cualquier compositor fronterizo.

Siempre es una buena noticia el que una obra de patrimonio olvidada se suba a los escenarios, pero no es menos cierto que recuperar y reivindicar no son la misma cosa. Al esfuerzo necesario en las labores de desbroce de la etapa de recuperación le ha de seguir una traducción al escenario de idéntica grandeza. Hacer óperas barrocas en versión concierto es algo que nunca se le podrá agradecer suficientemente al CNDM, pero una primera escucha de una obra con este perfil sin una mínima vocación escenográfica (aunque sea, semi-escenificada) desmerece muchos de los esfuerzos ya acometidos.

El resultado del concierto fue dispar, brillante a veces, plano en ocasiones, como una frase pronunciada sin acentos. El reparto vocal estaba formado por colaboradores habituales de los Músicos de Su Alteza y algunas voces señeras del panorama español de la interpretación barroca. Destacó Estefanía Perdomo con un Neptuno a la altura. La protagonista, Olalla Alemán, mostró bello timbre, si bien se hubiera agradecido un punto más de entrega. Marta Infante tenía sobre la partitura el papel más comprometido, con saltos interválicos poco naturales y mucho cambio de afecto. Lo solventó con más oficio que garra. Discreto (y fuera de espacio, la Sala Sinfónica es grande para según qué repertorios) el resto del reparto.

Los Músicos de Su Alteza, sin deslumbrar en conjunto pero con grandes individualidades, hicieron defensa de una partitura que merecerá en un futuro renovados esfuerzos para entender su dimensión completa.