‘Coronis’, el valor del patrimonio

Oviedo

21 / 04 / 2024 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 4 min

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duron festival El estreno de la versión escénica de 'Coronis' en Oviedo © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
duron festival El estreno de la versión escénica de 'Coronis' en Oviedo © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ
duron festival El estreno de la versión escénica de 'Coronis' en Oviedo © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso SUÁREZ

XXXI Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo

Durón: CORONIS

Estreno nacional de la versión escénica

Giulia Bolcato, Isabelle Druet, Cyril Auvity, Anthea Pichanik, Fiona McGown, Marielou Jacquard, Caroline Meng, Brenda Poupard, Olivier Fichet. Orquesta Le Poème Harmonique. Dirección musical: Vincent Dumestre. Dirección de escena: Omar Porras. Teatro Campoamor, 18 de abril de 2024.

Cuando las luces se apagaron y el hechizo del teatro se rompió, el público del Campoamor fue consciente de haber vivido algo grande. Los comentarios en el vestíbulo, saliendo del mundo de las sombras y los fuegos de artificio camino a la realidad del exterior, lo atestiguaban. La resaca de la experiencia solo contribuye a acrecentar la sensación. Coronis, la zarzuela barroca (ver previa en este enlace) atribuida a Sebastián Durón tras un profundo trabajo musicológico de Raúl Angulo Díaz, en la coproducción francesa liderada por el Théâtre de Caen y con el exquisito trabajo musical de Le Poème Harmonique y Vincent Dumestre, es un espectáculo de primera magnitud, y queda ya como uno de los mejores montajes que hayan sido programados por el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo y levantado el telón del coliseo de la capital del Principado en las últimas temporadas.

Con Coronis, una delicia barroca que de haber sido inglesa, francesa o italiana probablemente ocuparía un lugar más destacado en la historia, el Festival ovetense ha hecho justicia. En primer lugar, por tener en cuenta la extensión del maltratado patrimonio musical español a la hora de construir su temporada. Un inmenso baúl repleto de obras que duermen el sueño de los justos. Después, por hacerlo de esta forma, con este nivel de calidad, y situando en Oviedo el reestreno escénico en España de esta composición, tras las funciones —en versión de concierto— celebradas en el Teatro Real de Madrid, también con Dumestre y Le Poème Harmonique, y en el Auditorio Nacional, a cargo de Los Músicos de Su Alteza. Haberlo presenciado es una verdadera fortuna.

Analizar las razones por las que cinco teatros franceses —el ya mencionado de Caen, en coproducción con el Teatro Nacional de la Opéra-Comique de París y la óperas de Lille, Rouen y Limoges— y una orquesta asentada en la región de Normandía abanderan la recuperación de la obra de Durón exceden al espacio de esta crítica. Pero esta realidad ha de servir como recordatorio de la fascinación —y la desbordante calidad— del patrimonio musical español de cualquier época, que sorprende y conquista allá donde suena y se representa. A su favor llevan trabajando, desde hace años, un buen número de formaciones y directores musicales españoles, muchas veces luchando contra los elementos.

"La soprano Giulia Bolcato, encargada del rol titular, y la mezzosoprano Isabelle Druet convertida en enamorado monstruo marino destilaron algunos de los momentos más conmovedores de la velada"

De regreso al estreno del pasado jueves en el Teatro Campoamor, buena parte del fuego —de otro estilo al que arrasa el templo en la brillante escena de la segunda jornada de este Coronis— surgió del foso, elevado para acoger a la formación que capitanea Vincent Dumestre. La partitura de Durón es una obra maestra del barroco, inmediatamente teatral, y Le Poème Harmonique logra una interpretación a la altura. Una lectura de precisión quirúrgica a la vez que tremendamente inspirada —con los españoles Sara Águeda Martín y Pere Olivé en el arpa y la rica percusión—, junto a regalos musicales como la jácara que abre la segunda jornada, un anónimo del Libro de tonos humanos —cancionero poético-musical del siglo XVII—, también incluida en su grabación de Coronis.

La lucha entre los dioses Apolo y Neptuno, de evidente traslación a la situación política de la época de su escritura y primer estreno en Madrid, entre 1701 y 1706, y que termina celebrando la elección de Coronis por “el más amado” del panteón como su campeón, ofrece en esta producción, con dirección de Omar Porras, escenas de gran belleza, como la ya citada del templo, los juegos de sombras, un árbol que florece o el mar entelado que inunda el escenario, obra de la escenógrafa Amélie Kiritzé-Topor. Detalles como las aletas que calzan los personajes marinos dan buena cuenta del elevado nivel de mimo y cuidado puesto en este Coronis.

El hechizo resulta inevitable también en el apartado vocal, seleccionado entre especialistas en el repertorio barroco, con una impecable dicción del castellano y un preciso uso de la versificación. Brillante, como la espiral pirotécnica que cierra la función, tanto en los momentos compartidos –“Al monte, a la selva”, “Corred, cazadores”…— en los que destacaron Anthea Pichanick y Fiona McGown, Menandro y Sirene; como en las intervenciones de bravura de los dioses —Marielou Jacquard y Caroline Meng—, las adivinaciones de Proteo, un magnífico Cyril Auvity; o los bellos lamentos de Coronis y Tritón. La soprano Giulia Bolcato, encargada del rol titular, y la mezzosoprano Isabelle Druet convertida en enamorado monstruo marino, destilaron algunos de los momentos más conmovedores de la velada en los que la unión indisoluble de la voz, el texto y la actuación elevaron la experiencia estética y cultural.  * Pablo GALLEGO, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL