Construyendo un nuevo Orfeo con Jaroussky y Baráth

Barcelona

29 / 06 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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Storia di Orfeo / operaactual.com Jaroussky y Bárath en la 'Storia di Orfeo' © Palau de la Música / Antoni BOFILL
Storia di Orfeo / operaactual.com El Ensemble Artaserse interpretó 'Storia di Orfeo' en el Palau © Palau de la Música / Antoni BOFILL

Palau de la Música Catalana

LA STORIA D'ORFEO

Obras de Monteverdi, Rossi, Sartorio, Cavalli, Marini y Castello. Emöke Baráth, soprano. Philippe Jaroussky, contratenor. Ensemble Artaserse. 27 de junio de 2021.

El de Orfeo es, sin duda, el mito fundacional del género operístico. No solo L’Orfeo, favola in musica (1607) de Claudio Monteverdi, es la primera obra maestra que se define a sí misma como ópera, sino que la anterior Euridice (1600), de Jacobo Peri, es la partitura más antigua del género que ha llegado hasta hoy en su integridad. Son dos ejemplos fundacionales, pero la temática mitológica de Orfeo, por su tratamiento de la música como elemento de conexión entre el ser humano y los dioses, ha inspirado multitud de obras de compositores de todos los tiempos, desde Landi o Schütz en el siglo XVII hasta Krenek o Stravinsky en el XX, pasando por Gluck, Haydn u Offenbach: la historia de la música ha viajado con el hijo de Apolo y su lira, ha descendido con él al inframundo y ha vuelto de entre los muertos con o sin Euridice.

Este viaje órfico a través del tiempo está en la base de la propuesta que el contratenor Philippe Jaroussky ofreció en el Palau de la Música Catalana dentro del ciclo Grandes Voces, junto al Ensemble Arteserse, del cual es miembro fundador, y con la colaboración de la soprano Emöke Baráth. Una propuesta basada en el registro discográfico que los mismos protagonistas grabaran en 2017 con excelentes resultados. Para ello, Jaroussky y los suyos han reconstruido, a través de una dramaturgia tan creativa como rigurosa, la historia de Orfeo a partir de tres partituras sobre el tema del siglo XVII, es decir, de los albores del género: L’Orfeo, de Monteverdi, el Orfeo de Luigi Rossi estrenado en París en 1647 y la versión de 1672 a cargo de Antonio Sartorio.

Si ya era tarea difícil encadenar los diferentes fragmentos con coherencia musical y narrativa en la grabación, más aún lo fue la reducción que los protagonistas han debido realizar para este concierto en Barcelona. Un trabajo de concisión realmente admirable. Los diferentes fragmentos fueron interpretados de manera encadenada y sin solución de continuidad, creando un clima emocional de alto voltaje apoyado, también, en unas soluciones teatrales a través del movimiento y la iluminación sencillas, pero de gran sutileza y efectividad. Desde un punto de vista musical, la primera sesión (pues se ofrecía una segunda apenas una hora después) arrancó con un conjunto instrumental un tanto descentrado en las primeras piezas, especialmente en la Sinfonia inicial del Orfeo monteverdiano que abrió el programa, en la que cornetas y violines sonaron muy descompensados, defecto que se fue mitigando a medida que evolucionó el concierto. En la parte final fue donde el Ensemble Artaserse sonó más compacto gracias a un nutrido bajo continuo que se mostró eficaz y expresivo en todo momento.

"Philippe Jaroussky fue ganando en autoridad y estatura dramática a medida que avanzaba el programa y sus escenas contenían mayores dosis de dramatismo"

Philippe Jaroussky fue ganando en autoridad y estatura dramática a medida que avanzaba el programa y sus escenas contenían mayores dosis de dramatismo. El contratenor ya no posee, en la zona aguda, el timbre angelical de antaño y la emisión, por momentos, muestra signos de dureza. Pese a ello, al final se impuso el gran artista. Si en «Rosa del ciel» y «Vi ricorda o boschi ombrose» planearon algunas dudas sobre su estado vocal, con «Lagrime, dove sete», que cerraba el primer bloque, Jaroussky consiguió momentos conmovedores gracias a la intensidad del fraseo. Una tendencia al alza que se confirmó con el extático dramatismo de «Possente spirto» y un elocuente final con «Lasciate l’averno», del Orfeo de Rossi.

Emöke Baráth se ha ganado, durante los últimos años, un merecido prestigio en el canto barroco. Y es que la soprano húngara parece nacida para este tipo de repertorio. Con un timbre peculiar y muy sugerente, se mueve con pasmosa naturalidad por los recovecos tanto expresivos como estilísticos de la música del siglo XVII. Con «Mio ben, teco il tormento» regaló el primer momento estelar de la tarde, luciéndose también en la posterior «Al’impero d’amore», otro fragmento de la Euridice del Orfeo de Rossi. Su protagonismo se fue diluyendo a medida que el programa avanzaba en favor de las escenas más dramáticas de Orfeo a cargo de Jaroussky, pero la suya no fue para nada una presencia testimonial, sino que aportó entidad y calidad al conjunto de la propuesta.