Con 'Rigoletto' volvió la ópera a Italia

Parma

01 / 07 / 2020 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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Giulia Bolcato, una magnífica Gilda © Teatro Regio di Parma / Roberto RICCI
Una imagen de la distanciada producción de Roberto Catalano © Teatro Regio di Parma / Roberto RICCI
Federico Longhi brilló como uno de los mejores Rigoletto © Teatro Regio di Parma / Roberto RICCI

Teatro Regio

Verdi: RIGOLETTO

Federico Longhi, David Astorga, Giulia Bolcato, Mariangela Marini, Andrea Pellegrini. Dirección: Alessandro Palumbo. Dirección de escena: Roberto Catalano. Parco della Musica, 20 de junio de 2020.

El regreso de la ópera a Parma, una de las ciudades más afectadas por la Covid-19 en la región de la Emilia Romagna, responde a la voluntad de volver a la música en tierras verdianas y confiar en un futuro próximo libre ya de ese virus que no solo ha dañado a  la salud sino también a la cultura de este país. Respetando las disposiciones legales en vigor, que disponen el distanciamiento y las mascarillas en lugares concurridos, con una disposición parcialmente modificada de la orquesta –a magnífica Filarmonica Arturo Toscanini, respetando la distancia y sin los doppi, con la dificultad añadida de tener que volver la página de la partitura– y sin el coro, sustituido en sus intervenciones indispensables por tres solistas, el tenor Daniele Lantieri, sonoro Matteo Borsa, y los muy válidos Carlo Levantino (barítono) y Gianni Giuga (bajo), respectivamente Marullo y Ceprano.

En el espacio que se abre ante el Auditorium, recreado por Renzo Piano en el edificio de la empresa Eridania para la refinación del azúcar y en medio del frondoso Parco della Musica, el término barsò –del francés berceaux queda que ni pintado. Pudo apreciarse tanto localidad acústica como la espacial del lugar, especialmente apto para la música al aire libre. La dirección escénica de Roberto Catalano, adaptada a las circunstancias del distanciamiento impuesto, hizo posible ahorrarse las mascarillas, imposibles en la escena. A falta de escenografía y atrezzo se recurrió a la luminotecnia, con los proyectores manejados por los propios intérpretes, que cantaban sin rozarse entre ellos.  Salió especialmente perjudicado el cuarteto del tercer acto pues ni el Duque pudo abrazar a Maddalena ni Rigoletto y Gilda pudieron recatarse en un rincón. Dicho esto, no se trató en realidad de un concierto in costume e incluso hubo algunas escenas con aspectos nuevos, como ese «Cortigiani»  que el bufón dirige a un coro que no está allí.

"No se arredró el valiente tenor español David Astorga, con su bello timbre latino y la buena gestión del agudo, que con un buen acto notable dio una buena lectura del primer acto emitiendo con gallardía"

Las doce representaciones tenían previsto un doble reparto, en gran parte formado por jóvenes emergentes. De ahí que la sorpresa haya sido mayúscula. Buena pasta vocal en los dos hermanos terribles, la Maddalena de la excelente mezzosoprano Mariangela Marini que también se prestó a hacer la Giovanna y el imponente Sparafucile del bajo Andrea Pellegrini, del que probablemente se oirá hablar en el futuro. Muy bien el Monterone de Italo Proferisce y fueron también bien recibidos por el Paje de Chiara Notarnicola y el Ujier de Emil Abdullaev. No hubo Condesa de Ceprano, sustituida por una comparsa, puesto que los cortes practicados se llevaron por delante su escena con el Perigordino y el coro «Coi fanciulli e coi dementi»  del segundo acto.

No se arredró el valiente tenor español David Astorga, con su bello timbre latino y la buena gestión del agudo, quien dio una buena lectura del primer acto emitiendo con gallardía el «Parmi veder le lagrime» y  la correspondiente cabaletta y brillando en «La donna è mobile». Prestación óptima la de la soprano Giulia Bolcato, con una Gilda fresca y trepidante y especialmente poética en «Caro nome» con facilidad para el sobreagudo y un espectacular Mi bemol como remate de la Vendetta.

Por dominio de la escena, intensidad en el  fraseo  y potencia interpretativa que nunca cayó en la vulgaridad dominó sobre todos el barítono Federico Longhi, muy activo en el extranjero y que demostró ser uno de los más destacados jorobados del momento. Ovacionado junto a sus colegas, compartió honores con otra promesa, el director Alessandro Palumbo, que supo hacer frente con la mayor responsabilidad a las dificultades específicas de esta función de Rigoletto y a quien no es difícil pronosticar un feliz futuro.