Comedia sobre comedia en la Bayerische Staatsoper

Múnich

31 / 01 / 2022 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 3 min

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mujersilenciosa-operaactual-bayerische (3) Franz Hawlata en el centro de la imagen como Sir Morosus © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
mujersilenciosa-operaactual-bayerische (3) Daniel Behle como Henry en el centro de la imagen © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
mujersilenciosa-operaactual-bayerische (3) Björn Bürger como barbero © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL

Bayerische Staatsoper

Strauss: DIE SCHWEIGSAME FRAU

Franz Hawlata, Christa Mayer, Björn Bürger, Daniel Behle, Brenda Rae, Tareq Nazmi. Dirección musical: Stefan Soltesz. Dirección de escena: Barrie Kosky. 29 de enero de 2022.

El fin de semana la Bayerische Staatsoper se reabría con el 50 por cien de su aforo disponible. No era una vuelta a la normalidad, pero algo es algo, y nada mejor para celebrarlo que una sesión doble a cargo de Barrie Kosky. Su Die schweigsame Frau de 2010 sirvió el sábado de preludio a la nueva producción de La zorrita astuta, que llegaría el domingo. Aunque preludio no debe entenderse aquí en sentido peyorativo; el Strauss más jocoso es una pieza de enorme complejidad, que reclama para si una atención diferente de la que se presupone habitualmente en el género cómico. Porque Die schweigsame Frau es básicamente una comedia, aunque necesite del savoir faire teatral de un Kosky para resultar como tal.

La obra, fruto del encuentro entre dos gigantes de la intelectualidad alemana de la época (Richard Strauss y Stephan Zweig), vería la luz en 1935. Demasiado tarde, seguramente, para cosechar el éxito que merecía. Después de su estreno, la ópera fue sistemáticamente boicoteada por el régimen nazi porque, en palabras de Heinrich Himmler, la firmaba “un judío incómodamente inteligente”. Zweig, quien en el momento del estreno ya había emprendido el camino del exilio, produjo para Strauss un texto extraordinario, que sin duda estaba a la altura del ya fallecido Hoffmanstahl.

"Gracias al trabajo impecable del reparto capitaneado por Franz Hawlata, el poder retórico de esta historieta bufa puede pasar por encima de la densa orquesta de Strauss"

El libreto, sin embargo, no ha envejecido bien. Llevarlo hoy a los escenarios es un gesto un poco incómodo, porque los estereotipos de género que lo gobiernan ya no son motivo de risa. En todo caso, dicho libreto —elaboración de una simplísima bagatela cómica del contemporáneo de Shakespeare Ben Jonson— tiene una fuerza propia que lo hace resistente a cualquier intento de actualización. El mayor acierto de Kosky es precisamente evitar este paso. Su propuesta es máximamente fiel al texto de Zweig, deja que fluya y que tropiece con la mirada crítica del presente. Solo así, y gracias al trabajo impecable del reparto capitaneado por Franz Hawlata, el poder retórico de esta historieta bufa puede pasar por encima de la densa orquesta de Strauss. Y la comedia se hace realidad.

Parte de la responsabilidad, a este respeto, recae sobre dos personajes: el de Sir Morosus, el ridículo basso bufo protagonista, y el de su (no en vano) barbero. Franz Hawlata ya había cantado este rol en el estreno de la producción, en 2010, al lado de Diana Damrau. Su pericia dramática volvió a brillar, y su interpretación convenció especialmente en los momentos más hilarantes. Su voz, un poco cansada, sin embargo, no terminó de cuajar en una sala como la de la ópera muniquense, de dimensiones colosales. Björn Bürger, en cambio, fue un barbero estelar, tanto a nivel dramático como a vocal, al igual que lo fueron Christian Rieger, Tjil Faveyts y Tareq Nazmi en los personajes bufos de Morbio, Vanuzzi y Farfalo, todos ellos parodias evidentes de los estereotipos de la commedia dell’arte, siempre a medio camino entre el habla y el canto. A parte de Sir Morosus —que por momentos recuerda, con sus monólogos impotentes, a un Hans Sachs en crisis—, Strauss reserva la lírica para la pareja de enamorados: Daniel Behle y Brenda Rae destacaron por igual en sus Henry y Aminta respectivos, sin faltar al deber interpretativo, pero dando el máximo protagonismo a sus timbres.

La complejidad de esta comedia que-no-es-solo-una-comedia reside en el cambio de registro constante que impone: entre lo irónico y lo sincero, entre lo natural y lo artificioso, entre la realidad y la propia comedia se mueven sus personajes, tal y como lo hacen los actores y cantantes que los encarnan. La inteligente dirección de Kosky orbita alrededor de esta idea, una constante en la obra tardía de Strauss. «Qué bella es la música, pero ay, qué bello cuando se acaba», se exclama Morosus al final de la ópera. Y es que, al fin y al cabo, e incluso con las maravillosas escenas de conjunto del segundo acto (mención especial al sexteto, en el que Brenda Rae bordó su agudísima línea de soprano), con Strauss la fábula de la lírica llega a su fin. Orquesta y cantantes toman parte en este autético cuestionamiento de la ópera como templo de la sinceridad expresiva.  * Lluc SOLÉS, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL