'Circe', necesaria y aplaudida recuperación musical

Madrid

13 / 09 / 2021 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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circe-zarzuela-operaactual Imagen del estreno de la temporada © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
circe-zarzuela-operaactual 2 Saioa Hernández como Circe © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
circe-zarzuela-operaactual 2 Alejandro Roy, Rubén Amoretti, Saioa Hernández y Guillermo García Calvo © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Chapí: CIRCE

Versión de concierto

Saioa Hernández, Alejandro Roy, Rubén Amoretti y Marina Pinchuk. Coro del Teatro de La Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección: Guillermo García Calvo. 12 de septiembre de 2021.

La mezcla temporal en ocasiones puede resultar extraordinariamente sugerente en un drama, aunque haya que encararla con alma de funambulista. En el caso de Circe se trata de una historia derivada de una guerra que aconteció —disfraz mítico mediante— hace 3.200 años, descrita seis siglos después, retomada por Pedro Calderón de la Barca hace quinientos años (El mayor encanto, amor, de 1635), pespuntada con más de un ripio por Ramos Carrión en un Madrid fin de siglo, y con una música de Ruperto Chapí que miraba hacia el horizonte del siguiente. Muchas brújulas para la búsqueda de ese tan anhelado drama lírico español y su reconocimiento identitario. Y el experimento no acabó de funcionar en su día. Hoy, cuando han caducado la mayoría de sus referentes, tiene un camino difícil a pesar de sus virtudes.

El problema no es la música, francamente bien compuesta, sobrada de oficio y con un armazón armónico que incorpora cromatismos wagnerianos, ecos de la gramática francesa en el andamiaje orquestal y un cierto aroma verista. Suena a búsqueda de nuevos horizontes. Tampoco es el problema de la obra la trama, que aunque algo escuálida ha demostrado que puede funcionar en un papel, en una ópera o en una serie de Netflix. Sí lo es la falta de conexión dramática, de sensación de verdadero conflicto a través del verso y la música. También resta la falta de escenografía, máxime cuando Chapí pensó la obra desde una pretendida grandiosidad escénica que equilibrara entre magias y sirenas una escritura vocal muy declamatoria.

"Saioa Hernández mostró cuerpo, color y sentido del fraseo, aquí más necesario que nunca a cuenta de la escasez de inspiración melódica"

En cualquier caso, el equipo artístico para la recuperación de Circe fue inmejorable. Guillermo García Calvo entresacó todos los colores de los que fue capaz sin casarse con escuelas estilísticas. Destacó especialmente en las escenas marítimas, donde desplegaba su sabiduría a la hora de contraponer masas sonoras al volumen de sus cantantes. El reparto tuvo un nivel sobresaliente a pesar de las incomodidades de la escritura vocal. Manejarse en el registro agudo no es sinónimo de emoción y aquí nos encontramos con pasajes que no se mueven en las coordenadas del lirismo convencional y que se mantienen en una paleta muy estrecha y esforzada, algo carentes de emoción. Saioa Hernández mostró cuerpo, color y sentido del fraseo, aquí más necesario que nunca a cuenta de la escasez de inspiración melódica. Sobre ella recayó el peso de la obra y supo mantenerla.

Muy estimable también el Ulises de Alejandro Roy, con unos presupuestos de partida infernales, pasando media obra alrededor de su pasaje y más allá. Gran compañía la de Rubén Amoretti y Marina Pinchuk, encarnando a personajes que sólo intentaban aportar algo de contraste al continuo dúo que es la ópera, una especie de segundo acto del Tristan amplificado.

Aplausos y ovaciones en una recuperación necesaria, al menos para poder entender qué se buscaba y qué se perdió en la música española de principios del XX. * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL