Christie y Purcell, un canto a la vida

Valencia

15 / 01 / 2024 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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queen valencia La versión semi-escenificada de 'The Fairy Queen', bajo la batuta de William Christie © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
queen valencia La versión semi-escenificada de 'The Fairy Queen', bajo la batuta de William Christie © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO
queen valencia La versión semi-escenificada de 'The Fairy Queen', bajo la batuta de William Christie © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO

Palau de Les Arts

Purcell: THE FAIRY QUEEN

Versión semi-escenificada

Paulina Francisco, Georgia Burashko, Rebecca Leggete, Juliette Mey, Ilja Aksionov, Rodrigo Carreto, Hugo Herman-Wilson, Benjamin Schilperoort. Compañía Käfig. Les Arts Florissans. Dirección de escena: Mourad Merzouki. Dirección musical: William Christie. 13 de enero de 2024.

Pocas veces se tiene la ocasión de asistir a un espectáculo tan singular como hipnótico y fascinante como el presentado por Les Arts Florissans en el Palau de Les Arts. The Fairy Queen (ver previa en este enlace) pertenece al peculiar género de la semi-ópera que se desarrolló en Inglaterra en el siglo XVII. Una de sus características es la de no desplegar un continuo dramático, sino que más bien reúne una serie de episodios sobre los que ofrecer escenas, mascaradas, bailes y todo tipo de recursos teatrales y musicales para el entretenimiento del público de la época. Esa ausencia de desarrollo dramático supone un reto a la hora de llevarla a escena actualmente, pero, a su vez, permite una enorme libertad de propuestas.

"El coreógrafo Merzouki Merzouki supo generar un continuo a través del baile que culminó en un auténtico canto a la vida al integrar el movimiento de los cantantes en el de los bailarines"

En este caso, el coreógrafo Mourad Merzouki trasforma la obra en un espectáculo de danza contemporánea a cargo de la Compañía Käfig. Se presentaba como una ópera en versión semi-escenificada, pero lo cierto es que en un espacio como el Palau de Les Arts no daba esa sensación. No se echaba nada a faltar: con la orquesta en el foso, una excelente iluminación, era todo un espectáculo de ópera y danza en caja negra. De hecho, es una pena que solo se programase un día, pues la sala se llenó y probablemente se hubiese podido llenar alguna función más. Merzouki con sus coreografías supo dibujar cada una de las escenas plasmando el sentido y el color de la misma, pero, además, generar un continuo a través del baile que culminó en un auténtico canto a la vida al integrar el movimiento de los cantantes en el de los bailarines hasta el punto de confundir a unos con otros, creando una unidad interpretativa. Sería muy interesante seguir este camino de integración entre la danza y el canto en el mundo de la ópera, el cual, en las últimas décadas, parece haber expulsado a la danza de la ópera cuando tradicionalmente había formado una parte integral de la misma.

La propuesta nace de Les Jardin des Voix, la academia estival de Les Arts Florissans dirigida por William Christie y Paul Agnew que reúne y busca jóvenes voces al inicio de sus carreras o en la fase final de su preparación. En esta ocasión, destacó la calidad de conjunto y los intérpretes se fueron alternando en sus interpretaciones de los distintos papeles. Sea como fuere, algunas singularidades convienen ser destacadas. Tal es el caso del carismático barítono Hugo Hermann-Wilson quien, con impecable canto y dinamismo escénico, encarnó a personajes tan destacados como el Borracho o Himeneo. Otra de las participaciones singulares fue la del tenor Ilja Aksionov de voz cristalina y natural en quien recayeron importantes fragmentos, pero sorprendió especialmente interpretando El Secreto. Asimismo, la mezzosoprano Juliette Mey logró el momento más íntimo y emotivo con su exquisito canto en El Lamento. También su compañera de cuerda, Rebecca Leggett,  ofreció una expresiva versión de El Misterio.

En cuanto al trabajo de Christie y Les Arts Florissans poco se puede decir más allá de que han brindado un nuevo significado a palabras como excelencia o exquisitez. Parece casi imposible ese nivel de perfección, delicadeza y sensibilidad que demuestran sus músicos bajo la dirección del veterano maestro quien, a sus 79 años, no dudó en cantar y actuar cuando, junto al resto de intérpretes, repitieron el último coro a modo de propina ya en el turno de aplausos.  * César RU, corresponsal en Valencia de ÓPERA ACTUAL