Santiago de Chile: El extraordinario Octavian de Koch

25 / 06 / 2019 - Juan Antonio MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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El montaje que firma Alejandro Chacón acompaña sin desviar la trama de la ópera de Strauss y la sitúa en la época en la que se desarrolla el libreto. La delicadeza de Maximiano Valdés permitió lucirse al Octavian de Sophie Koch y a la Mariscala de Celine Byrne © Ópera Nacional de Chile
El montaje que firma Alejandro Chacón acompaña sin desviar la trama de la ópera de Strauss y la sitúa en la época en la que se desarrolla el libreto. La delicadeza de Maximiano Valdés permitió lucirse al Octavian de Sophie Koch y a la Mariscala de Celine Byrne © Ópera Nacional de Chile
El montaje que firma Alejandro Chacón acompaña sin desviar la trama de la ópera de Strauss y la sitúa en la época en la que se desarrolla el libreto. La delicadeza de Maximiano Valdés permitió lucirse al Octavian de Sophie Koch y a la Mariscala de Celine Byrne © Ópera Nacional de Chile

Ópera Nacional de Chile

Strauss: DER ROSENKAVALIER

Sophie Koch, Celine Byrne, Elbenita Kajtazi, Jürgen Linn, Patricio Sabaté. Dirección: Maximiano Valdés. Dirección de escena: Alejandro Chacón. Teatro Municipal, 12 de junio de 2019.

Se alinearon los astros y recaló en Chile la mezzo francesa Sophie Koch cantando Octavian en Der Rosenkavalier . Hace años que no se veía en la temporada lírica santiaguina a una artista de su altura musical e interpretativa, y su éxito demuestra que en las bases de la ópera está eso más allá que cualquier digresión escénica que, por cierto, puede ser interesante y abrir nuevas perspectivas teatrales, pero que siempre termina por ser un aspecto complementario.

Sophie Koch demostró que domina el personaje de Octavian hasta en sus más mínimos detalles teatrales y musicales

El espléndido libreto es de Hugo von Hofmannsthal, en el que el tono de comedia no excluye la nostalgia y la descripción del fin de una época. Al cénit se llega a través del trío doloroso y sublime del tercer acto (“Hab mir’s gelobt”), que deja a la audiencia en una suerte de contemplación extática, como ocurrió en el Municipal de Santiago con las voces de Sophie Koch ­–superior como Octavian, personaje que domina hasta en sus más mínimos detalles teatrales y musicales–, Celine Byrne –Mariscala de hermosa línea de canto, volumen de voz pequeño y que debe todavía profundizar en su difícil rol– y la estupenda soprano Elbenita Kajtazi como una Sophie de fuerte personalidad y cristalinos pianísimos. Correcto el ruidoso, desagradable y zafio Baron Ochs de Lerchenau del bajo-barítono Jürgen Linn; un buen actor cuya voz, a pesar de no ser particularmente atractiva, tiene buenos centros y graves, y excelente el arribista Faninal del barítono Patricio Sabaté, sólido en lo vocal y en lo escénico.

 

La régie de Alejandro Chacón sitúa la acción hacia mediados del siglo XVIII, como en la trama, y hace evidente, sin demasiadas sutilezas, las divisiones de clase y el contraste entre una nobleza en declive, los nuevos ricos, los intrigantes y los pobres. El anacronismo del vals, presente en la partitura, sirve aquí para improvisar un baile durante el asedio de Ochs a Sophie, escena que completa la humillación a la que se somete a la joven. Los diseños escenográficos (Sergio Loro) y de vestuario (Adán Martínez) viajan, de ida y vuelta, desde un alicaído esplendor (habitación de la Mariscala) a la caricatura (la casa de Faninal, con decorados de palmeras en sus paredes), lo mismo que el vestuario, con algunos modelitos pasmosos que dejarían con la boca abierta a Jean-Paul Gaultier, como el atuendo del tenor italiano de David Junghoon Kim.

 

Maximiano Valdés condujo a la Filarmónica de Santiago por esta compleja partitura cuidando con delicadeza a las voces. Estuvo pendiente de lo que él quería decir como intérprete, de su versión, pero, en términos de logros sonoros, tuvo como puntos culminante la curiosa y colorida polifonía del primer acto, con esa mezcla del aria en italiano (“Di rigori armato il seno”), el estribillo de las huérfanas y las discusiones entre Ochs y el notario, además de la presentación de la rosa con esos acordes eufónicos a cargo de flautas, violines, arpa y celesta que lleva al reconocimiento del amor entre los jóvenes, sin olvidar el trío del último acto, de evocador clima otoñal.