CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Santiago de Chile: El extraordinario Octavian de Koch
Ópera Nacional de Chile
Strauss: DER ROSENKAVALIER
Sophie Koch, Celine Byrne, Elbenita Kajtazi, Jürgen Linn, Patricio Sabaté. Dirección: Maximiano Valdés. Dirección de escena: Alejandro Chacón. Teatro Municipal, 12 de junio de 2019.
Se alinearon los astros y recaló en Chile la mezzo francesa Sophie Koch cantando Octavian en Der Rosenkavalier . Hace años que no se veía en la temporada lírica santiaguina a una artista de su altura musical e interpretativa, y su éxito demuestra que en las bases de la ópera está eso más allá que cualquier digresión escénica que, por cierto, puede ser interesante y abrir nuevas perspectivas teatrales, pero que siempre termina por ser un aspecto complementario.
El espléndido libreto es de Hugo von Hofmannsthal, en el que el tono de comedia no excluye la nostalgia y la descripción del fin de una época. Al cénit se llega a través del trío doloroso y sublime del tercer acto (“Hab mir’s gelobt”), que deja a la audiencia en una suerte de contemplación extática, como ocurrió en el Municipal de Santiago con las voces de Sophie Koch –superior como Octavian, personaje que domina hasta en sus más mínimos detalles teatrales y musicales–, Celine Byrne –Mariscala de hermosa línea de canto, volumen de voz pequeño y que debe todavía profundizar en su difícil rol– y la estupenda soprano Elbenita Kajtazi como una Sophie de fuerte personalidad y cristalinos pianísimos. Correcto el ruidoso, desagradable y zafio Baron Ochs de Lerchenau del bajo-barítono Jürgen Linn; un buen actor cuya voz, a pesar de no ser particularmente atractiva, tiene buenos centros y graves, y excelente el arribista Faninal del barítono Patricio Sabaté, sólido en lo vocal y en lo escénico.
La régie de Alejandro Chacón sitúa la acción hacia mediados del siglo XVIII, como en la trama, y hace evidente, sin demasiadas sutilezas, las divisiones de clase y el contraste entre una nobleza en declive, los nuevos ricos, los intrigantes y los pobres. El anacronismo del vals, presente en la partitura, sirve aquí para improvisar un baile durante el asedio de Ochs a Sophie, escena que completa la humillación a la que se somete a la joven. Los diseños escenográficos (Sergio Loro) y de vestuario (Adán Martínez) viajan, de ida y vuelta, desde un alicaído esplendor (habitación de la Mariscala) a la caricatura (la casa de Faninal, con decorados de palmeras en sus paredes), lo mismo que el vestuario, con algunos modelitos pasmosos que dejarían con la boca abierta a Jean-Paul Gaultier, como el atuendo del tenor italiano de David Junghoon Kim.
Maximiano Valdés condujo a la Filarmónica de Santiago por esta compleja partitura cuidando con delicadeza a las voces. Estuvo pendiente de lo que él quería decir como intérprete, de su versión, pero, en términos de logros sonoros, tuvo como puntos culminante la curiosa y colorida polifonía del primer acto, con esa mezcla del aria en italiano (“Di rigori armato il seno”), el estribillo de las huérfanas y las discusiones entre Ochs y el notario, además de la presentación de la rosa con esos acordes eufónicos a cargo de flautas, violines, arpa y celesta que lleva al reconocimiento del amor entre los jóvenes, sin olvidar el trío del último acto, de evocador clima otoñal.
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