Cecilia Bartoli lleva a Salzburgo la belleza händeliana

Salzburgo

20 / 08 / 2021 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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iltrionfodeltempo-operaactual-salzburgo-bartoli 2 Una escena de la producción de Robert Carsen © Festival de Salzburgo / Monika RITTERSHAUS
iltrionfodeltempo-operaactual-salzburgo-bartoli 2 Charles Workman (Tempo) y Lawrence Zazzo (Disinganno) © Festival de Salzburgo / Monika RITTERSHAUS
iltrionfodeltempo-operaactual-salzburgo-bartoli 2 Cecila Bartoli (Piacere) y Mélissa Petit (Bellezza) © Festival de Salzburgo / Monika RITTERSHAUS

Festival de Salzburgo

Händel: IL TRIONFO DEL TEMPO E DEL DISINGANNO

Nueva producción

Regula Mühlemann, Cecilia Bartoli, Lawrence Zazzo, Charles Workman. Dirección musical: Gianluca Capuano. Dirección de escena: Robert Carsen. Haus für Mozart, 17 de agosto de 2021.

La colaboración regular entre el Festival de Pentecostés de Salzburgo, que dirige Cecilia Bartoli, y su centenario hermano de verano este año ha tomado forma en una de las principales obras de la etapa italiana de Händel, Il trionfo del Tempo e del Disinganno. Este primer oratorio de un compositor de 22 años no es un extraño de los escenarios operísticos, con Robert Carsen siguiendo ahora la estela de directores con personalidades tan diferentes como Bieito, Warlikowski o Flimm.

El prolífico director canadiense utiliza armas bien conocidas de su arsenal: un punto de partida llamativo que centra la atención del espectador y una gran habilidad para crear situaciones variadas, un elemento más necesario aún con un libreto, obra del cardenal Pamphili, con solo cuatro personajes y más disquisiciones filosóficas que acción. Todo arranca con un concurso televisivo para buscar al próximo top model, en el que participan un puñado de atractivos jóvenes de ambos sexos que el vídeo inicial muestra por diversas localizaciones de Sazburgo. La decisión final del jurado, formado por Piacere, Disinganno y Tempo, tiene lugar ya en escena y la ganadora no es otra que Bellezza, a quien Piacere hace firmar en seguida un contrato fáustico.

La primera parte del oratorio (la obra, no obstante, se representa sin entreacto) se centra en las múltiples tentaciones que Piacere presenta a Bellezza, en un ambiente propio de un reality show, al que contribuyen los decorados y vestuario de Gideon Davey: imágenes idílicas de realidad virtual, una noche de baile y droga en una discoteca, un ligue ardiente con un DJ. Con el refuerzo de un grupo de bailarines, esta parte está dominada por un notable dinamismo escénico, pero las admoniciones de Disinganno y Tempo van calando en la protagonista, y la austeridad visual gana terreno en la segunda mitad de la obra, con el espejo como elemento metafórico central, tanto para mostrar la belleza superficial como para buscar la verdad interior. Al final, Bellezza opta por la vía del ascetismo contemplativo y, despojada de todo oropel, cruza un escenario vacío para salir por una puerta posterior, una imagen de, sí, una belleza subyugante.

"Cecilia Bartoli se lo pasó en grande como un mefistofélico Piacere (como todo malvado en la ficción actual, fuma), aunque en las primeras escenas la usura del instrumento era evidente"

El timbre fresco y cristalino de Regula Mühlemann no tiene la densidad necesaria para un papel de tesitura central como Bellezza, pero la soprano suiza fue afianzándose durante la función y la dulzura de su canto fue convincente en la transformación final del personaje. Tenor todo terreno, Chalres Workman mantiene la suficiente flexibilidad para cantar Händel después de asumir roles más dramáticos. Su Tempo, aquí un sacerdote adusto, convenció no tanto por la seducción vocal como por la firmeza del fraseo, por ejemplo, en la macabra evocación de «Urne voi, che racchiudete«. Su compenetración con un Disinganno psicoanalista (siempre libreta en mano) fue perfecta, gracias también a la buena labor de Lawrence Zazzo. El timbre jugoso del contratenor americano brindó uno de los momentos más emotivos de la función, «Crede l’uom» fraseada con delectación. Cecilia Bartoli se lo pasó en grande como un mefistofélico Piacere (como todo malvado en la ficción actual, fuma), aunque en las primeras escenas la usura del instrumento era evidente. A su cargo tenía dos de las arias más conocidas de la partitura, divulgadas por ella misma en sus conciertos temáticos. «Lascia la spina» fue un oasis de introspección, que en un da capo aún más lento y piano, lindaba peligrosamente con el narcisismo, mientras que «Come nembo que fugge col vento» fue una nueva exhibición de pirotecnia vocal.

Estas dos arias resumen las opciones interpretativas extremas de Gianluca Capuano: o bien tempos fulgurantes que en ocasiones ponían en apuros a cantantes e instrumentistas, o tempos de una morosidad que derivaban en el mero inmovilismo. A todo ello cabe sumar una propensión a los acentos agresivos, con una aportación destacada de un continuo hiperactivo. Formación creada por la propia Bartoli, Les Musiciens du Prince-Monaco cumplió con solvencia.

La presencia del repertorio barroco en el programa de Salzburgo estuvo complementada por el concierto dedicado a Rameau que Teodor Currentzis dirigió el 14 de agosto, reflejo de su álbum The Sound of Light. Esta selección de piezas instrumentales y fragmentos de diversas óperas del compositor francés evidenció de nuevo el nivel de la orquesta MusicAeterna, siempre atenta al gesto de su carismático fundador, quién ofreció lecturas de gran brillantez sonora e irresistible pulsión rítmica que pusieron en pie el público de la Felsenreitschule. La parte vocal de la sesión, además de una breve aparición del coro de MusicAeterna, estuvo protagonizada por Sara Blanch, en su debut en el festival. Si las tres arias del programa pedían una expresividad contenida, la soprano catalana pudo desplegar en las propinas, como la Folie de Platée, su facilidad para el canto de agilidad. Un nuevo paso adelante en una carrera ascendente.  * Xavier CESTER, corresponsal en Salzburgo de ÓPERA ACTUAL