Carolyn Sampson. Entre locura y monotonía

Barcelona

15 / 10 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Carolyn Sampson / operaactual.com Carolyn Sampson durante su recital en el Life Victoria © Festival Life Victoria / Elisenda CANALS
Carolyn Sampson / operaactual.com Carolyn Sampson interpretó un programa centrado en la locura © Festival Life Victoria / Elisenda CANALS
Carolyn Sampson / operaactual,com Sampson y Joseph Middleton recibiendo la ovación del público © Festival Life Victoria / Elisenda CANALS

'Lied' Festival Victoria de los Ángeles

Recital de CAROLYN SAMPSON

Obras de Schubert, Brahms, Schumann, Strauss, Wolf, Duparc, Debussy, Poulenc, Koechlin, Saint-Saëns y Chausson. Carolyn Sampson, soprano. Joseph Middleton, piano. Recinte Modernista de Sant Pau. 13 de octubre.

El tercer recital de la temporada organizada por el Lied Festival Life Victoria ha tenido como protagonistas a la soprano Carolyn Sampson y el pianista Joseph Middleton. Ambos propusieron un recorrido liederístico alrededor del tema de la locura a partir, principalmente, de personajes como Ofelia, Mignon y Bilitis. A través de las vivencias de estas icónicas figuras femeninas creadas por William Shakespeare en Hamlet, Johann Wolfgang Goethe en Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister y Pierre Louÿs en Las canciones de Bilitis, el concepto de locura extendió sus hilos hacia temáticas como el amor y la muerte, el erotismo y la soledad.

Este programa, ambicioso por su densidad y variedad estilística, abarcó un repertorio que transitó desde Schubert hasta Wolf, pasando por Brahms, Strauss o Schumann, así como de Saint-Saëns a Poulenc, con pinceladas de Chausson, Duparc, Debussy o Koechlin y se corresponde con la grabación que Sampson y Middleton realizaron en 2019 para el sello Bis. Una propuesta de indudable coherencia temática pero que requería gran versatilidad por parte de los intérpretes y una extensa gama de recursos y colores. Y fue en ese punto donde el recital mostró unas flaquezas que desembocaron en cierta monotonía expresiva.

"Un programa que requería gran versatilidad por parte de los intérpretes y una extensa gama de recursos y colores. Y fue en ese punto donde la propuesta mostró unas flaquezas que desembocaron en cierta monotonía expresiva"

Sampson ha desarrollado una brillante carrera especialmente en el repertorio barroco, pero también ha destacado en el género liederístico, con presencias habituales en salas tan prestigiosas como el Wigmore Hall. Posee una voz lírica sólida y atractiva, bien asentada y de sonido homogéneo en todos los registros y, además, ese saber estar en escena tan habitual en los cantantes británicos. Arrancó el recital con cuatro piezas centradas en figuras juveniles de Schubert («Gretchen am Spinnrade»), Brahms («Mädchenlied») y Schumann («Die Spinnerin» y «Herzelied») a modo de calentamiento para abordar el primer ciclo, los Ophelia-Lieder de Johannes Brahms. Fue este uno de los momentos más interesantes a nivel interpretativo de todo el recital por la naturalidad en la expresión y sencillez en el decir. Pero este crescendo no tuvo continuidad en los Drei Lieder der Ophelia de Richard Strauss ni en los Mignon Lieder de Hugo Wolf, que requieren mayor fuego interior y contraste expositivo. Y es que, más allá del interesante elemento conceptual y temático, se puso de manifiesto un componente errático en la construcción dramatúrgica y en la progresión dramática del programa.

En la segunda parte, dedicada en exclusiva al repertorio francés, volvieron a aparecer Ofelia (Chausson y Saint-Saëns) y Mignon (Duparc), así como Bilitis en la gran creación de Claude Debussy y en una pieza de Koechlin, pero la atonía expresiva y la falta de evolución dramática se impusieron definitivamente. Afortunadamente, la soprano elevó el voltaje en las dos últimas piezas ofreciendo una vibrante versión de «Au pays ou se fait la guerre» de Duparc y, para acabar, el grandioso monólogo de Poulenc La Dame de Monte Carlo, donde Sampson pareció más involucrada, balanceándose con elegancia entre el humor y el drama.

Mención aparte merece un Joseph Middleton que en cada aparición muestra más autoridad y talento. Se adaptó a la perfección a la acústica de una sala que ya empieza a conocer al dedillo, aportando un sonido bello y variado y adaptándose mejor que la soprano a cada registro y estilo.

Más problemas tuvo, en este sentido, el pianista Jesús López Blanco, que acompañó a la joven soprano Cecilia Rodríguez en el mini recital previo habitual, y ya marca de fábrica, del Life Victoria. La falta de control en cuanto a volumen y la difícil adaptación a la resonante acústica de la sala por parte del teclado lastraron muy especialmente las primeras piezas de Purcell/Britten y Franz Schubert, aspecto que mejoró en las canciones de Richard Strauss. La soprano tinerfeña mostró una interesante voz de soprano ligera, con un característico y atractivo vibrato, atributos que dan a entender que atesora importantes cualidades y amplio margen de progresión.  * Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL