'Carmélites' de ensueño en la Opernhaus

Zúrich

04 / 03 / 2022 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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carmelites-poulenc-opernhauszurich-operaactual (1) Una imagen de la puesta en escena de Jetske Mijnssen © Opernhaus Zürich / Herwig PRAMMER
carmelites-poulenc-opernhauszurich-operaactual (1) Evelyn Herlitzius (Madame de Croissy) y Olga Kulchynska (Blanche) © Opernhaus Zürich / Herwig PRAMMER
carmelites-poulenc-opernhauszurich-operaactual (1) La soprano ucraniana Olga Kulchynska como Blanche © Opernhaus Zürich / Herwig PRAMMER

Opernhaus Zürich

Poulenc: LES DIALOGUES DES CARMÉLITES

Nueva producción

Nicolas Cavallier, Olga Kulchynska, Thomas Erlank, Evelyn Herlitzius, Inga Kalna, Alice Coote, Sandra Hamaoui, Liliana Nikiteano, François Piolino, Freya Apffelstaedt, Saveliy Andreev, Alexander Fritze, Valeiy Murga, Benjamin Molonfalean, Yannick Debus. Dirección musical: Tito Ceccherini. Dirección de escena: Jetske Mijnssen. 25 de febrero de 2022.

La soprano ucraniana Olga Kulchynska, Blanche en esta nueva producción de Les dialogues des carmelites, calificaba así su estado de ánimo minutos antes de salir a escena, a las pocas horas de comenzada la invasión rusa de su país: “La función de hoy será muy dura; mi corazón está lleno de dolor por mi país y mi gente. Todo lo que siento hoy es frustración, ira y tristeza”. Y, de algún modo, ello se tradujo encima del escenario, con una interpretación excelsa, fuera de serie, en esa amalgama de sentimientos que experimenta la protagonista de la ópera de Poulenc. El compositor francés se serviría de la obra de teatro de Georges Bernanos– que a su vez se inspiró en la novela de Gertrud von Le Fort, Die Letzte am Schafott (1932)– para escribir una ópera de gran riqueza orquestal y de refinada escritura vocal. Basada en los hechos reales acontecidos durante la revolución francesa, la obra narra la historia de las monjas carmelitas del convento de Compiègne que murieron en la guillotina por “maquinar contra la República” y cuyo eje es la novicia de ascendencia aristocrática, Blanche de la Force.

"De algún modo, el dolor de la soprano ucraniana Olga Kulchynska se tradujo encima del escenario, con una interpretación excelsa, fuera de serie, en esa amalgama de sentimientos que experimenta la protagonista de la ópera de Poulenc"

La noche del 25 de febrero, aunque los ojos estaban puestos en la soprano ucraniana, la otra protagonista musical fue la inspirada batuta del director italiano Tito Ceccherini ante una entregada Philarmonia Zürich. El maestro milanés imprimió tiempos solemnes, respirados y a la vez acentuó los momentos más dramáticos con gran aplomo. La suya fue una lectura en todo momento conmovedora, refinada, en la cual pudo desvelar el maravilloso cromatismo de la obra. Fantástico el coro de mujeres que brilló en sus intervenciones del «Ave Maria» –con una magnífica Inga Kalna como la nueva madre priora–, el «Ave Verum Corpus» o el «Salve Regina» final de nudo en la garganta. La soprano letona imprimió delicadeza a la vez que contundencia a su interpretación gracias también a su intenso fraseo y regalando pianissimi estratosféricos. Evelyn Herlitzius hizo suyo el papel de Madame de Croissy y, aunque en la segunda escena del primer acto quedó algo descafeinada, en la escena de su muerte electrificó a todo el teatro con su canto poderoso, pujante y una interpretación dramática de altísima intensidad. Alice Coote, como Mère Marie, estuvo soberbia en sus intervenciones exhibiendo un interesante instrumento, amén de una sentida musicalidad. Por su parte, la Constance de Sandra Hamaoui, a pesar de un registro agudo algo tirante, convenció por su entrega y musicalidad, conjugando excelentemente junto al preciosismo destilado por Kulchynska.

Los protagonistas masculinos tiraron por otros lares: tanto Thomas Erlank, como el hermano de Blanche y François Piolino como L’Aumônier realizaron una prestación que no superó el aprobado. De proyección deficiente y timbre desagradecido, además de una capacidad dramática discutible, Piolino dibujó el punto más gris de la noche.

Jetske Mijnssen como responsable escénica de estas Carmelitas realizó uno de sus mejores trabajos en la Opernhaus. La regista holandesa estuvo al servicio del detallado libreto firmado por Poulenc y Emmet Lavery y dotó cada escena de gran intencionalidad, imperando un gran trabajo de actores, buscando el juego del gesto y el magnetismo del rostro. Si bien el hecho de bajar el telón después de cada escena podría parecer engorroso –para cambiar elementos del decorado–, resultó todo lo contrario en complicidad con Ceccherini. En definitiva, el broche de oro a unas Carmelitas de gran calibre, maravillosas y para el recuerdo.  * Albert GARRIGA, correpsonsal en Zúrich de ÓPERA ACTUAL