Camarena y el Real, emocionante reencuentro

Madrid

18 / 01 / 2021 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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Camarena Orquesta, director y solista, ovacionados por el público madrileño © Teatro Real / Javier DEL REAL
Camarena Camarena, con su pianista Ángel Rodríguez © Teatro Real / Javier DEL REAL
Javier Camarena / operaactual.com Javier Camarena © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Recital JAVIER CAMARENA

Ciclo Estrellas de la Ópera

Obras de Hérold, Gounod, Lalo, Offenbach, Donizetti y Rossini. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección: Iván López-Reynoso. 15 de enero de 2021.

La emoción ha sido el elemento común del trío de recitales con cantantes de excepción de estos tres días en el Teatro Real. Emoción de un público entregado a priori, tal vez por estar allí con la que estaba cayendo (literal y figuradamente); y también emoción de los cantantes, que vuelven a los escenarios tras casi un año de inactividad en muchos casos. Pero el concierto no quería caer en el sentimentalismo, con lo que arrancó con la obertura de Zampa de Hérold, dirigida con aplomo y desenvoltura rítmica por el director mexicano Iván López-Reynoso. Era su primera aparición en el Real (no en España, ya que es bien conocido y apreciado en tierras asturianas) y no pudo dejar mejores sensaciones, principalmente en los primeros números, antes de que el cansancio hiciese acto de presencia en la orquesta.

"Uno de los puntos fuertes del tenor mejicano siempre ha sido el hecho de que no es únicamente una máquina de fabricar sobreagudos, sino que ha sabido construir un registro medio de extraña belleza"

La ovación a cuenta que le dedicó el Real a Javier Camarena (Enlace entrevista ÓA) antes de ni tan siquiera abrir la boca le hizo entrar en el programa ya bien curtido de emociones, y abordó con aparente facilidad un Gounod endiablado para tratarse de un aria de apertura. Uno de los puntos fuertes del tenor mejicano siempre ha sido el hecho de que no es únicamente una máquina de fabricar sobreagudos a lo Tonio, sino que ha sabido construir un registro medio de extraña belleza, bien explotado dramáticamente y cuyo lirismo sabe colorear gracias a una técnica magníficamente depurada. Todo eso se vio en «Vainement, ma bien-aimée», fragmento de Le roi d’Ys de Lalo. Con el desenfadado y popular tralará del garçon de Rita, el juguete cómico en un acto de Donizetti, se llegó al descanso con una sonrisa.

La segunda parte fue patrimonio del belcanto, siempre bien recibido si se canta con gusto. Un par de Rossinis bien estructurados, sin atropellos ni tiranteces en la parte alta del tenor, dejaron paso al gran final previsto. Roberto Devereux es una ópera muy apreciada en Madrid, más aún desde el montaje de Campanella de 2015 donde el romance entre el Conde de Essex e Isabel I pareció sustanciarse más allá de cualquier verosimilitud histórica gracias a la pericia orquestal de Donizetti. El recital finalizó con la cabaletta del tercer acto, «Bagnato il sen di lacrime», una forma de acabar sin extremar los esfuerzos y que, más allá de echar de menos el coro, funcionó en forma y fondo.

Los recitales de Camarena se han distinguido siempre por la multiplicidad de bises, conformándose tras el concierto una especie de colofón extraordinario a la manera de Sokolov en sus recitales a piano. En este caso no fue así: tras un emotivo discurso Camarena llevó al escenario a su pianista habitual, Ángel Rodríguez, para rendir homenaje a Armando Manzanero cantando «Esta tarde vi llover». Las ovaciones se extendieron por más de diez minutos, un poco por reconocimiento y otro poco en busca de nuevas propinas. Pero es que no quedaba mucho más que decir…