Camarena eleva la música a la estratosfera en el Liceu

Barcelona

20 / 01 / 2020 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

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Camarena Liceu El tenor mexicano Javier Camarena en su actuación en el Liceu © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Camarena Liceu Camarena y el pianista Ángel Rodríguez en el escenario del Gran Teatre © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Recital JAVIER CAMARENA

Recital conmemorativo 20º aniversario de la reconstrucción del Liceu

Obras de Gounod, Donizetti, Lalo, Bellini, Flotow y Verdi. Ángel Rodríguez, piano. 18 de enero de 2020.

El desprevenido espectador que, al abrir la hojita que sirve de programa de mano, examinara lo que se le venía encima, tuvo que experimentar un cierto sobresalto. No solo las arias incluidas en este recital iban una detrás de otra sin reconfortantes interpolaciones del piano ni canciones más llevaderas que aliviaran la tensión, sino que se acumulaban las piezas con sobreagudo obligado al principio del concierto como si en una etapa ciclista se agruparan las llegadas en alto en los primeros kilómetros sin dar tiempo a las piernas –en este caso a la voz– para entrar en calor. 

De hecho, incluso en una segunda parte menos exigente entraba en el programa esa endiablada cabaletta de La traviata que en los tiempos que hoy se consideran heroicos los tenores solían evitar cuidadosamente. Las palabras de introducción del propio intérprete aludiendo a un catarro reciente, convertían el reto en toda una temeridad. Pero Javier Camarena hizo en el escenario liceísta lo que había venido a hacer: enfrentarse a un programa exigentísimo y hacerlo sin una sola concesión a la facilidad o al relajamiento.

"La musicalidad y el buen gusto en el fraseo, presentes en toda la actuación del tenor mexicano, dejaron el mensaje a punto para ser recibido por un público que llenaba el teatro hasta el ahogo"

Una impecable entrada con el aria de Roméo, una versión del air del primer acto de La favorite con sutiles variaciones y puntatura estratosférica, una serenata de Mylio en la que exhibiría unos efectos de voz mixta en los que estaría ausente toda sensación de artificio, un “Seul sur la terre” de prodigioso squillo y los Do de La fille du régiment de emisión impecable se sucedieron en un alarde nada frecuenta en los recitales de hoy. La musicalidad y el buen gusto en el fraseo, presentes en toda la actuación del tenor mexicano, dejaron el mensaje a punto para ser recibido por un público que llenaba el teatro hasta el ahogo –hubo que disponer sillas en el propio escenario para atender al demanda generada por la expectación– y que no se contuvo a la hora de mostrar el entusiasmo más delirante.

Acabado el programa, las por lo visto indispensables libaciones a los dioses locales fueron en esta ocasión dos romanzas de zarzuela: una delicada versión de “Flor roja” de Los gavilanes de Guerrero y una cálida aunque atropellada “Rosó” de Pel teu amor de Josep Ribas, acogidas con las comprensibles demostraciones de entusiasmo.

Ángel Rodríguez, al piano, se unió a la fiesta con una actuación sin mácula. Un concierto dedicado a quienes se dedican a propalar que en hoy día ya no hay tenores.