Calor y psicodelia en el 'Tristan' inaugural

Bayreuth

27 / 07 / 2022 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 4 min

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tristan-bayreuth-operaactual (2) Una escena de la nueva producción de 'Tristan' de Roland Schwab en Bayreuth © Festival de Wagner / Enrico NAWRATH
tristan-bayreuth-operaactual Stephen Gould (Tristan) y Catherine Foster (Isolde) © Festival de Wagner / Enrico NAWRATH
tristan-bayreuth-operaactual (1) Un momento del nuevo 'Tristan' de Roland Schwab © Festival de Wagner / Enrico NAWRATH

Festival de Bayreuth

Wagner: TRISTAN UND ISOLDE

Nueva producción

Stephen Gould, Georg Zeppenfeld, Catherine Foster, Markus Eiche, Ekaterina Gubanova. Dirección de escena: Roland Schwab. Dirección musical: Markus Poschner. 25 de julio de 2022.

Un calor espeluznante saludó a los primeros huéspedes del Festival de Bayreuth 2022, que abrió sus puertas el pasado lunes. Una nueva producción de Tristan und Isolde inauguraba el concilio wagneriano en este caliente verano que, cosas del ardor postpandémico, verá nacer todavía un nuevo Ring. El público distinguido de la première franconiana, capitaneado por Angela Merkel, aprobó con vehemencia el trabajo de Roland Schwab y Markus Poschner, que contra viento y marea –por razón, como no, del virus omnipresente y omnipotente– han conseguido levantar un espectáculo de altísimo nivel.

Tristan ha izado la bandera de Bayreuth con garantías, en una versión vistosa y funcional que ayudará a olvidar la última aventura de Katharina Wagner con este título tan central y problemático a la vez. Tristan und Isolde, sede del archifamoso acorde que cambiaría el rumbo de la historia de la música, es una pesadilla para cualquier director de escena. Sin entrar en consideraciones sobre la calidad literaria del libreto, cabe afirmar que la ópera es dramatúrgicamente muy estática y Schwab renuncia a resolver este problema; sus intérpretes se mueven sobre el escenario con la dejadez habitual del teatro de ópera, haciendo gala de un reducido número de gestos que todo el mundo reconoce y comprende. Todo lo nuevo, en esta nueva producción, recae en el uso de la luz.

"Stephen Gould es un tenor oscuro, de vibrato amplio y sutil, que se maneja todavía bien con los picos melódicos sin renunciar nunca a su color natural"

Schwab convierte la geografía de la materia de Bretaña en un espacio abstracto, en la que penetra la luz a través de un gran orificio en el techo. Las olas en el primer acto, la noche en el segundo, la visión alucinada de Tristan en el tercero, todo ello resulta de un inteligente uso de la iluminación destinada a dilucidar el esquema de escalamiento y clímax que gobierna la partitura. Esto produce una imagen escénica efectista, si bien un poco cansadora, que pone de relieve lo profundamente psicodélico de este drama wagneriano. Un neón rojo, con la palabra eterno escrita en sánscrito, preside la escena, remitiendo, más que nada, a la psicodelia sesentera y su gusto por las culturas del subcontinente asiático.

Pero la propuesta de Schwab, perfecta para un festival tan conservador como el de Bayreuth, no solo funciona a nivel visual. El espacio en cuestión, similar a una cueva, hace las delicias de los cantantes, que pueden moverse libremente aprovechando la ventaja acústica que se crea. Y así las voces se convierten en amas y señoras del espectáculo. Stephen Gould y Catherine Foster estuvieron deslumbrantes; Gould sigue marcando el compás del arte wagneriano; su timbre oscuro de tenor, de vibrato amplio y sutil, se maneja todavía bien con los picos melódicos (que no son pocos, especialmente en el destructivo tercer acto) sin renunciar nunca a su color natural. Foster, a quien Bayreuth ya conocía como Brünnhilde en el Ring de Frank Castorf, impresionó con una Isolde muy dinámica, especialmente en el delicado dúo del segundo acto.

Como suele ser habitual, los roles menores no fueron para menos. Ekaterina Gubanova fue una Brangäne memorable, calibrando su timbre a la perfección con los de Gould y Foster con sus intervenciones en el canto a la noche del segundo acto. Markus Eiche, otro habitual del universo wagneriano, produjo un Kurwenal especialmente convincente en el tercer acto, y Georg Zeppenfeld, el rey Marke por antonomasia, cantó con una calidad acorde a la ovación que recibió.

Finalmente hay que destacar la gesta del director, Markus Poschner, quien tuvo apenas tres ensayos con la orquesta antes del estreno porque Cornelius Meister, quien se ha hecho cargo del Ring a última hora por enfermedad de Pietari Inkinen, tendría que haber dirigido esta producción. El conjunto wagneriano, si bien un poco desatado en el tercer acto, hizo un trabajo encomiable en el foso cubierto, invisible como siempre al ojo del espectador.  * Lluc SOLÉS, corresponsal en Bayreuth de ÓPERA ACTUAL