CRÍTICAS
NACIONAL
Brillantez vocal y escénica en el 'Don Giovanni' del Maestranza
Sevilla
Teatro de La Maestranza
Mozart: DON GIOVANNI
Nueva producción
Alessio Arduini, Ekaterina Bakanova, David Menéndez, Julie Boulianne, Marina Monzón, Marco Ciaponi, Ricardo Seguel, George Andguladze. Coro del Teatro de La Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección musical: Iván López-Reynoso. Dirección de escena: Cecilia Ligorio. 4 de octubre de 2025.
Con Mozart la orquesta siempre tiene un lugar privilegiado y preponderante en cualquier espectáculo teatral. Por eso lo que suceda en el foso condicionará gran parte de cuanto de bueno acaezca en el escenario: en este regreso de Don Giovanni al Teatro de La Maestranza, enmarcada la producción, proveniente de la Ópera de Colonia, en el nuevo Festival de Ópera de Sevilla, el director musical, Iván López-Reynoso, gestionó con su batuta el devenir de toda la función; no cabe duda de que se esforzó por obtener una textura sedosa de la cuerda y un empaste barnizado, algodonoso, lo que conllevó una lectura relajante y carente de nervio, sin mordida de los instrumentos, como de otro tiempo. La Sinfónica de Sevilla sonó a lo Saint Martin-in-the-Fields; Clasicismo a la manera romántica; la música era paladeada una y otra vez de manera morosa, ensimismada; y entonces, esta joya de partitura no acabó de imponerse porque tampoco se apreció una especial atención a las voces; la concertación irregular de López-Reynoso ya se advirtió en la escena inicial, y sería la tónica general de la función de estreno.
Esto lo padeció especialmente el Don Giovanni de Alessio Arduini, cuya voz sonó lejana y amortiguada por la escenografía; en el dúo «La ci darem» pasó de puntillas, mostrándose más entrenado en los pasajes más enérgicos, como en la agitada aria «Finch’han dal vino». Alguien poco informado podría haber confundido al protagonista con los excelentes intérpretes de Leporello, el barítono asturiano David Menéndez, y de Masetto, el barítono chileno Ricardo Seguel, ambos con voces de gran proyección, con firmeza canora y, por lo mismo, de mayor presencia escénica.
Fue la Donna Anna de la soprano Ekaterina Bakanova uno de los acontecimientos de la representación, de afectos extrovertidos en «Fuggi, crudele» y con un nivel muy alto mantenido, a nivel vocal y actoral, durante toda la función, en cada una de sus escenas. Al igual que la cantante rusa, la valenciana Marina Monzó como Zerlina destacó por su arrojo interpretativo y por su soberbio uso de los reguladores. Julie Boulianne, Donna Elvira, lució un timbre brillante, restallante en la zona aguda, y se atrevió a dar a su personaje un doble cariz, un tanto inusitado, tan frágil como trémula.
Gran tenor lírico, Marco Ciaponi, fraseó con fruición, aunque su rotundidad como Don Ottavio se encontró el zarpazo de una Sinfónica cuyo tempo general iba en contra del canto fragoroso del italiano. George Andguladze fue un rudo y batiente Comendador, notablemente aplaudido al término. Bien el Coro del Maestranza, con una aportación muy limitada en este título.
Escénicamente, Cecilia Ligorio releyó con mesura el mito de Don Juan, sin osadías, pero también sorteando algunos de los lugares comunes más utilizados; valiéndose de una gran plataforma giratoria, su equipo se ocupó de dar con el matiz exacto buscado, entre la comedia y el drama, moviendo con elegancia a los intérpretes y aprovechando al máximo unos paneles que, en ocasiones, parecían trasuntos de un cubo de Rubik en permanente búsqueda de un nuevo encaje. Se recurrió también a oportunas coreografías de cierta atmósfera báquica que estuvieron entre lo más sobresaliente de la producción y se incurrió en manido cliché con la insistencia en una gran cabeza de toro que Don Giovanni portó en reiterados momentos, subrayando innecesariamente el carácter español de la ópera, más exactamente, asociando al totémico animal una serie de injustas y manidas características. * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL
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