Brillante gala de estrellas de inspiración verdiana

Atenas

13 / 07 / 2021 - Helena MATHEOPOULOS - Tiempo de lectura: 4 min

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Anna Netrebko y Anita Rachvelishvili Anna Netrebko y Anita Rachvelishvili © Ópera Nacional de Grecia / Andreas SIMOPOULOS
netrebko grecia / operaactual.com Anna Netrebko y Yusif Eyvazov © Ópera Nacional de Grecia / Andreas SIMOPOULOS
netrebko grecia / operaactual.com Una imagen del multitudinario estadio que acogió la gala © Ópera Nacional de Grecia / Andreas SIMOPOULOS
netrebko grecia / operaactual.com Los cuatros solistas y el director, aplaudidos por el público ateniense © Ópera Nacional de Grecia / Andreas SIMOPOULOS

Ópera Nacional de Grecia

ALL STARS VERDI GALA

Estadio Kallimarmaro sede de la primera edición de los Juegos Olímpicos en época moderna (1896)

Anna Netrebko, Anita Rachvelishvili, Yusif Eyvazov, Dimitri Platanias. Orquesta de la Ópera Nacional Griega. Dirección: Philippe Auguin. 10 de julio de 2021.

Esta velada de gala fue un triunfo absoluto para todos los implicados, no solamente para los solistas vocales, sino también para la Orquesta de la Ópera Nacional a las órdenes de un Philippe Auguin que no solo proporcionó el experto acompañamiento para los solistas sino que supo crear un auténtico sonido verdiano, con la  siempre requerida italianità. El equipo de la producción supo garantizar un excelente sonido en un espacio tan vasto. Una espléndida luminotecnia redondeó un evento refinado, en el que estuvo ausente esa atmósfera circense que frecuentemente suele acompañar este tipo de convocatorias. Todas las precauciones sanitarias fueron observadas para un auditorio de 8.000 personas en el estadio Panathinaikó, también conocido como el Kallimármaro, de 45.000 localidades

El programa incluía fragmentos de Macbeth, Rigoletto, Il Trovatore, Aida, Otello y, como propina, La Traviata. Se inició con la obertura de Nabucco, ejecutada con brío y una articulación excelente, a la que siguió Anna Netrebko con un caftán multicolor con una escena de la carta de Macbeth con su cabaletta que hubiera merecido la versión escénica, con una magistral lectura digna de una actriz consumada, con todos los matices vocales y la expresión facial necesaria para finalizar con el tono hiriente de la sucesiva «Vieni, t’affretta«.

"Eyvazov era el menos conocido del cuarteto protagonista y su versión, con su voz resonante y su bien colocado Do agudo, logro que el público estallara de entusiasmo"

Se unió su esposo, Yusif Eyvazov, para el dúo de Otello «Già nella notte densa», que cantaron con ardor y empatía. Eyvazov presentó las características de un Otello en formación, con un sonido heroico y viril que ha de crecer en los actos sucesivos. Pudo advertirse aquí su glorioso legato en la frase «e tu m’amavi» y en la frase final «Venere splende!». Este dúo refleja las mejores cualidades de Netrebko, cuya voz se ha fortalecido con su repertorio verista, pero quedó a buen nivel, lo que no es extraño en una tan consumada artista, pero la página parece requerir una voz más más puramente lírica de la que actualmente ella posee.

Dimitris Platanias ejecutó una magnífica versión del Credo de Otello cuyo color vocal posee sobradamente, haciendo que su gloriosa voz baritonal se expandiera en el espacio con la misma intensidad que fue una de las características de Cappuccilli. También pudo lucirse en la página de Rigoletto, «Cortigiani, vil razza dannata» con la que volvió a entusiasmar al público.

Siguió una dramática versión del dúo del segundo acto de Aida, «Silenzio, Aida verso noi s’avanza» en el que tanto Anita Rachvelishvili como Netrebko estuvieron majestuosas. Llegó el turno de la orquesta con las oberturas de La forza del destino e I vespri siciliani, donde pudieron lucirse todas las secciones y los solistas instrumentales.

Pero la ópera estrella del programa fue Il trovatore, que Netrebko y Rachvelishvili debían cantar el Nápoles en la misma semana. De este ópera se ofrecieron no solo las arias de los protagonistas sino una escena completa, la del trío del primer acto entre Leonora, Manrico y el Conde de Luna, momento que sirvió a Platanias para estallar en furia mientras Netrebko, que ya había deleitado al público con «Tacea la notte placida», desplegaba todo el arsenal de la soberbia coloratura, culminando la página Eyvazov con su poderío vocal.

Fue después el turno de Rachvelishviil con el «Stride la vampa» de Azucena, una interpretación perfecta de principio a fin, seguida por un «Condotta ell’era in ceppi» de no menor efecto en todo aquello que una mezzosoprano puede ofrecer y con un control respiratorio que no sufría merma alguna a pesar de estar la cantante encinta de cinco meses.

En «Ah, si, ben mio» y «Di quella pira» Eyvazov se convirtió en el héroe de la velada. Era el menos conocido del cuarteto protagonista y su versión, con su voz resonante y su bien colocado Do agudo logró que el público estallara en entusiasmo y aclamaciones. Dos regalos se unieron a tan feliz velada: «Bella figlia dell’amore», de Rigoletto, y el brindis de La Traviata* Helena MATHEOPOULOS, colaboradora de ÓPERA ACTUAL