Brahms para calmar el espíritu

Oviedo

18 / 05 / 2021 - Diana DÍAZ - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
Brahms Oviedo Coro, orquesta, directores y solistas aplaudidos por el público © ÓPERA ACTUAL

Auditorio Príncipe Felipe

Brahms: UN RÉQUIEM ALEMÁN

Vanessa Goikoetxea, Enrique Sánchez-Ramos. Coro León de Oro y Kup Taldea. Marco Antonio García de Paz y Gabriel Baltés, maestros de coro. Oviedo Filarmonía. Dirección: Lucas Macías. 9 de mayo de 2021.

Johannes Brahms volcó en su Réquiem Alemán una reflexión personal de la muerte como una experiencia de vida, en una idea compartida de tipo universal. Se trata más bien de una meditación íntima sobre cómo afecta el final de la vida mientras ésta se desarrolla, con el impacto que supone la pérdida de los seres queridos. La música del Réquiem de Brahms, para soprano, barítono, coro y orquesta, procura compasión al que escucha, como si las notas abrazasen al público con optimismo a partir de los textos bíblicos, casi como una fuente artística para la misericordia. Por ello, este Réquiem Alemán al que se dedicó una parte de la agenda de mayo de los Conciertos del Auditorio de Oviedo, supone un símbolo representativo del repertorio sinfónico coral, con texto sacro, del romanticismo musical.

El Réquiem Alemán es una suerte de cantata extensa con siete movimientos, en los que el Coro León de Oro y Kup Taldea, que dirigen Marco Antonio García de Paz y Gabriel Baltés, respectivamente, se alzaron como principales protagonistas. No en vano, en la obra de Brahms la masa coral se impone dando unidad a la obra, con temas que conducen al consuelo, no sin melancolía. El primer abrazo del coro en «Selig sind, die da Leid tragen» ya demostró el equilibrio de sus cuerdas, con la fusión de las dos formaciones, que hay que valorar en la cita.

"Vanessa Goikoetxea resultó hipnótica desde la primera frase de 'Ihr habt nun Traurigkeit', en la continuidad de su línea de canto, con curvas bien sostenidas, mientras lucía un registro central generoso"

Así, su sonoridad sensible, con perfecto empaste de las voces, resultó ya emocionante desde el primer movimiento. El siguiente «Denn alles Fleisch» aunque algo más conmovedor, siguió reposado, con sus claroscuros, según el misterio de la naturaleza que amenaza con descubrirse en el momento final, al apagarse el esplendor de la vida. A destacar fue la parte central, llena de esperanza y confianza, mientras se prolongaba cierta serenidad para hacer más efectivos los contrastes, bajo la batuta de Lucas Macías al frente de Oviedo Filarmonía; siempre con calidad de dinámicas en el coro, mostrando las voces un abanico amplio de sonoridades, con flexibilidad en la polifonía vocal, hasta los momentos más solemnes y los de mayor júbilo.

En las voces solistas intervino el barítono Enrique Sánchez-Ramos, que sustituyó a Lauri Vasar, que tuvo que cancelar el día previo al concierto por enfermedad. Así, el barítono defendió de manera efectiva su parte, más sólido en la segunda parte del movimiento «Herr, lehre doch mich», hasta la llamada del coro que se desenvuelve después con complejidad («en ti deposito mi esperanza»), en un entramado al que quizá le hicieron falta perfiles mejor trazados en su conjunto. «Wie lieblich sind Deine Wohnungen» siguió en la interpretación, con otro carácter de celebración, para pasar al número de la soprano Vanessa Goikoetxea, también en las voces solistas.

La cantante resultó hipnótica desde la primera frase de «Ihr habt nun Traurigkeit», en la continuidad de su línea de canto, con curvas bien sostenidas, mientras lucía un registro central generoso. Ello siempre con la calidez del coro y la orquesta recogiendo a la soprano. Luego, para desembocar en el movimiento «Denn wir haben hie keine bleibende Statt», de otra intensidad, como apelando al destino, para lucimiento especialmente de las voces del coro, muy sólido en el desarrollo polifónico de esta página de dificultades concentradas, hasta el final de alabanza. El Réquiem de Brahms se cierra con «Selig sind die Toten», que incluye un coro estremecedor, de sonoridad delicada, como un oleaje tranquilo en el camino de reposo del espíritu.