Brahms en Viena

Barcelona

18 / 09 / 2020 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Un instante del magnífico recital de Brahms en el Palau © Palau de la Música Catalana

Palau de la Música Catalana

Brahms: LIEBESLIDER WALTZER

En colaboración con el Festival Life Victoria

Marta Mathéu, soprano. Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano. David Alegret, tenor. Joan Martín-Royo, barítono. Jordi Armengol y Francisco Poyato, piano. 16 de septiembre de 2020.

Con la mirada puesta en Viena, ciudad que le acogería en la última etapa de su vida, Johannes Brahms compuso dos colecciones de valses para cuarteto vocal y piano a cuatro manos conocidos como Liebeslieder Waltzer. La primera serie (Op. 52) se estrenó con éxito considerable en enero de 1870 en la capital austriaca y la segunda (Neues Liebeslieder Waltzer, Op.65) la fue componiendo paulatinamente durante los años sucesivos. Ambas obras constituyen un experimento curioso, probablemente con finalidades pecuniarias, a través del cual Brahms se acerca a dos de las glorias musicales vienesas, Franz Schubert y Johan Strauss, siempre con el referente de su amigo Robert Schumann y sus Spanische Liebeslieder presente.

Se trata de una colección de pequeñas piezas vocales, la mayoría para cuarteto, a partir de pequeños poemas amorosos de procedencia diversa publicados por Georg Friedrich Daumer que Brahms adapta con un estilo ligero, a medio camino entre lo rústico e inocente de los Ländler de Schubert y el perfume sofisticado de Johan Strauss, el rey del vals, danza que deriva precisamente del Ländler. El resultado es un formato en el que se dan la mano la danza, el Lied y la música de cámara, un género en sí mismo que requiere un tratamiento de auténtica orfebrería por parte de los intérpretes.

"Desde el primer ataque se percibió un esmerado trabajo en la concertación del conjunto vocal y detallismo en inflexiones y acentos que permitió al cuarteto desenvolverse como un solo instrumento dúctil y manejable, con un concepto interpretativo claro"

Y orfebrería es lo que ofrecieron en el primer concierto de la nueva temporada del Palau de la Música Catalana, en este caso en colaboración con el Festival Life Victoria, el cuarteto vocal formado por la soprano Marta Mathéu, la mezzo Gemma Coma-Alabert, el tenor David Alegret y el barítono Joan Martín-Royo junto a los pianistas Francisco Poyato y Jordi Armengol. El programa, dedicado íntegramente a Brahms, incluía los opus mencionados, así como los Valses Op. 39 para piano a cuatro manos que el autor dedicó al crítico Eduard Hanslick.

Desde el primer ataque se percibió un esmerado trabajo en la concertación del conjunto vocal y detallismo en inflexiones y acentos que permitió al cuarteto desenvolverse como un solo instrumento dúctil y manejable, con un concepto interpretativo claro. El Op. 52 tiene un carácter ligero e incluso optimista y, quizás por ese motivo, Armengol y Poyato optaron por mantenerse en segundo plano, echándose en falta, por momentos, mayor presencia del teclado.

En los Valses del bloque central, Armengol y Poyato alzaron el vuelo firmando una bella versión, ligera y juguetona, pero de creciente intensidad que desembocó en el Op. 65, en el que Brahms introduce mayor variedad de formatos, con abundantes piezas solistas -la mayoría a cargo de la soprano- y tintes más ambiguos. Aquí, si en cuanto a dinámicas, acentos, afinación y precisión rítmica el conjunto mantuvo el nivel, en el aspecto tímbrico se percibieron algunos desequilibrios, especialmente en los extremos. Gemma Coma-Alabert aportó color y calidez al conjunto, así como compenetración y complicidad con Marta Mathéu, quien mostró la bella voz y la clase en el fraseo que se le conoce en cada una de sus intervenciones, aunque una emisión más cubierta en la franja aguda hubiese aportado mayor cohesión y un sonido más empastado al conjunto. David Alegret exhibió su timbre brillante, puntiagudo y una perfecta adecuación estilística mientras que Joan Martín-Royo, de voz aterciopelada e impecable estilo, quedó un tanto escaso en cuanto a rotundidad y presencia vocal.