Brillante belcantismo escénico en Les Arts

Valencia

03 / 03 / 2020 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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A la izquiera, Marina Viotti, que triunfó como Melibea © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
Una escena de la exitosa producción dirigida por Damiano Michieletto © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
Albina Shagimuratova brilló como Folleville © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE
La brillante escena final de 'Il viaggio a Reims' en el Palau de Les Arts © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO y Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Rossini: VIAGGIO A REIMS

Mariangela Sicilia, Marina Viotti, Albina Shagimuratova, Ruth Iniesta, Ruzil Gatin, Sergey Romanovsky, Adrian Sampetrean, Misha Kiria, Fabio Capitanucci, César San Martín. Dirección: Francesco Lanzillotta. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 29 de febrero.

Con el primer Viaggio a Reims de su historia, el Palau de Les Arts celebró el cumpleaños de Rossini, hecho que solo se produce cada cuatro años, pues el compositor nació un 29 de febrero.  Por lo que respecta a esta producción de Damiano Michieletto, venía con el aval del éxito cosechado en Ámsterdam, Copenhague y Sídney, pero las altas expectativas se quedaron cortas ante una escena, simplemente, genial: el director de escena parte de un auténtico hallazgo como es el de situar la ópera en una galería de arte, pero, además, lo desarrolla de forma que en ningún momento decae la acción. Pero sin duda, el punto culminante es ese último acto en el que los personajes van ocupando su lugar en el cuadro La coronación de Carlos X de François Gérard; lo hacen siguiendo el tempo de la oda que canta Corinna de forma que música y escena se imbrican hasta formar una unidad cuya belleza emociona profundamente. Hay que señalar que el éxito hubiese sido imposible sin el excelente trabajo de Eleonora Gravagnola, que dirigió esta reposición.

"Vocalmente destacó la soprano italiana Mariangela Sicilia, cuya Corina fue un ejemplo de pureza tímbrica y canora, con unas líneas de canto impolutas y un soberbio estilo"

Vocalmente destacó la soprano italiana Mariangela Sicilia, cuya Corinna fue un ejemplo de pureza tímbrica y canora, con una línea de canto impoluta y un soberbio estilo. Ruth Iniesta como Madama Cortese fue un derroche de carisma escénico, a lo que se unió, además, un rendimiento vocal excelente. Albina Shagimuratova como Folleville mostró bravura y entrega. Por su parte, Marina Viotti como Melibea, triunfó gracias a una voz de bellos tintes oscuros.

Menos convincente resultó la parte masculina. El más destacado resultó ser Adrian Sampetrean como Sidney, quien obtuvo un gran éxito gracias a una aterciopelada voz de barítono, cálida y envolvente. Fabio Capitanucci como Trombonok fue un magnífico ejemplo de comicidad y sentido bufo. Un resultado más discreto en lo interpretativo mostró Misha Kiria como Don Profondo: en su famosa aria le faltó capacidad para plasmar los acentos contrastados en el sillabato. Pero, sin duda, el talón de Aquiles del reparto estuvo en los dos tenores. Ruzil Gatin como Belfiore mostró una línea relativamente depurada, pero posee unos medios vocales discretos en cuanto a timbre y facilidad de emisión. Sergey Romanovsky como Libenskof desconcertó por la irregular impostación que rompía la unidad de la línea. Además, afrontaba los agudos en forte sin matizar ninguna dinámica y no siempre con acertada afinación. César San Martín, en cambio, fue un Don Alvaro de notable prestación.

Francesco Lanzillotta ofreció una versión algo plana de la partitura; es cierto que logró cierto equilibrio dinámico con las voces, pero no destacó por su capacidad para el matiz. Por otra parte, a menudo, no hubo entendimiento con los cantantes y coro, especialmente en los números de conjunto. Incluso hubo momentos de auténtico caos, como en el final del aria de Madama Cortese con el coro, o en el sexteto del primer acto. Otros se notaban más ensayados, como el finale del segundo y se consiguió en ellos un mejor resultado.

Pese a todo, hay que resaltar una vez más los excelente nivel de los cuerpos estables de Les Arts, subrayando, por su intervención solista, la labor de la arpista Alma Klemm. Asimismo, fue enormemente creativo el trabajo de Simone Ori al fortepiano que, junto con el excelso chelista Arne Neckelmann, se encargaron del continuo.