Bayreuth: Gozoso Lohengrin de Piotr Beczala

20 / 08 / 2019 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 2 min.

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Elena Pankratova en 'Lohegrin' dirigido escénicamente por Yuval Sharon © Bayreuther Festspiele / Enrico NAWRATH

Festival de Bayreuth

Wagner: LOHENGRIN

Piotr Beczala, Annette Dasch, Elena Pankratova, Tomasz Konieczny, Georg Zeppenfeld. Director: Christian Thielemann. Director de escena: Yuval Sharon. Festspielhaus, 18 de agosto.

El segundo año de la producción de Lohengrin dirigida por Yuval Sharon ha estado agitada en términos de reparto. A la baja anunciada con cierta anticipación de Krasimira Stoyanova para las primeras funciones siguió la defección a última hora de Anna Netrebko para las dos únicas representaciones para las que estaba prevista. Es el precio que debe pagar Katharina Wagner por someterse a las duras leyes del star system, como ya le sucedió el año pasado con la espantá de Roberto Alagna. El sustituto de entonces del tenor francés ha regresado a Bayreuth para las últimas funciones del ciclo y su presencia ha sido uno de las principales causas del gozo musical de la velada.

¿Se puede cantar Lohengrin con mayor belleza vocal de la servida por Piotr Beczala? Timbre solar, de una luminosidad resplandeciente, musicalidad tornasolada, fraseo de un lirismo desbordante capaz de ablandar los corazones más duros: el tenor polaco se sitúa en las antípodas tanto de Vogt como de Kaufmann (dos de los referentes modernos del papel) para encarnar un caballero del cisne que alcanza, tanto en las gradaciones infinitas del dúo del tercer acto como en un “In fernem Land” atacado como un susurro sobrenatural, cotas de excelsitud difícilmente superables.

Beczala sabía que contaba con el apoyo inestimable de Christian Thielemann a la batuta. Unos tiempos de flexibilidad cada vez más extrema (sólo posibles con un director que tiene la arquitectura de la pieza bajo perfecto control) y un mayor preciosismo sonoro son algunas de las armas utilizadas por Thielemann en una versión imponente que aunaba delicadezas sinnúmero con una impecable progresión en las grandes escenas de conjunto. A sus órdenes, el coro, dirigido por Eberhard Friedrich, y la orquesta están más que a la altura de su bien ganada reputación.

El público no pagó con Annette Dasch su posible descontento por la ausencia de Netrebko. Elsa ya conocida del festival, la soprano alemana convenció más por su generosidad escénica y las buenas intenciones expresivas que por una voz opaca de agudo cada vez más dificultoso. La trompetería espectacular de Elena Pankratova la hace una Ortrud más convincente que su Kundry, mientras que Tomasz Konieczny pertenece a la estirpe de los Telramund de voz áspera (engolada, en su caso) y canto monocromático. Al lado del eficaz Heraldo de Egil Silins, Georg Zeppenfeld fue un rey Heinrich de una calidez y homogeneidad vocal de primera magnitud.

Visualmente absurda, dramáticamente ineficaz, la producción de Yuval Sharon es un fiasco de grandes dimensiones. Los diseños de los artistas Neo Rauch y Rosa Loy tienen un aire de cuento kitsch a la Disney, un mundo predominantemente azul poblado por los colonos del Mayflower aderezados con alas de insecto. Una avería de su central eléctrica es resuelta por un Lohengrin en uniforme de operario. Por supuesto, a su marcha se volverán a quedar sin energía. Entre medio, Sharon se esfuerza en dar un giro feminista a la trama, reivindicando las figuras de Elsa (rebelándose contra la sumisión a que la somete Lohengrin) y Ortrud, intenciones desmentidas por la propia puesta en escena, repleta de escenas mal resueltas: el ridículo duelo aéreo, el patético asalto final de Telramund, los gestos de malvada de folletín de Ortrud, Gottfried vestido de verde ecologista. Al final, casi se echan de menos las ratas de Hans Neuenfels.