Y a medianoche se hizo la luz

Barcelona

02 / 11 / 2019 - Toni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Röschmann Martineau Dorothea Röschmann y Malcom Martineau en el momento de los aplausos © Life Victoria / Elisenda CANALS

Festival Life Victoria

Recital DOROTHEA RÖSCHMANN

Obras de Félix Mendelssohn, Hugo Wolf, Gustav Mahler, Robert Schumann, Ludwig van Beethoven y Richard Wagner. Malcolm Martineau, piano. Ferran Albrich, barítono. Eudald Buch, piano. Sant Pau Recinte Modernista, 30 de octubre de 2019.

Son contadas las ocasiones en las que, durante un recital, se produce ese instante de comunión casi mística entre intérprete y público y se percibe claramente la sensación de estar asistiendo a un momento que quedará en la memoria musical de todos los asistentes. Ese milagro laico e infrecuente se produjo en la velada que la soprano Dorothea Röschmann y el pianista Malcolm Martineau ofrecieron en el Festival Life Victoria, y concretamente durante la interpretación de «Um Mitternacht», de Gustav Mahler. Una interpretación superlativa, emocionante, comprometida, visionaria y de una fuerza dramática inigualable de esta obra maestra del Lied que dejó encogido el corazón de todos las asistentes y arrancó una ovación espontánea de admiración.

"La evolución vocal de Dorothea Röschmann es sorprendente pues, tras unos inicios como lírico-ligera, su instrumento ha ganado volumen y peso específico para convertirse en una 'spinto' de manual"

Soprano y pianista ya dieron muestra de su estado de gracia en las dos canciones previas del ciclo Rückert Lieder, «Blicke mir nicht in die Lieder» y especialmente en una etérea «Ich atmet’ einen linden Duft». Con la maravillosa «Ich bin der Welt abhanden gekommen» culminó una primera parte extraordinaria que se había iniciado con dos versiones de Suleika, el poema de Marianne von Willemer puesto en música por Felix Mendelssohn, y tres canciones de Hugo Wolf, en las que Malcolm Martineau se mostró en plenísima forma, con un sonido claro, ímpetu dramático y virtuosismo de gran escuela. Sin duda, el pianista inglés fue parte fundamental en el éxito del recital, no solo por su exquisita musicalidad y dominio del repertorio, sino porque se compenetró con la soprano en todo momento de manera absoluta.

La evolución vocal de Dorothea Röschmann es sorprendente pues, tras unos inicios como soprano lírico-ligera, su instrumento ha ganado mucho volumen y en peso específico en los últimos años para convertirse en una spinto de manual que actualmente se permite interpretar roles como Ariadne, de Ariadne auf Naxos de R. Strauss, o la Mariscala de El caballero de la rosa, papel que debutará próximamente en Viena. La proyección es considerable, con un centro y unos graves rotundos y plenos y un registro agudo penetrante al que, en algunos momentos, le falta un punto de cobertura que evitaría cierta tendencia a la estridencia. A pesar de este detalle, la cantante mantiene la elegancia que ha exhibido durante toda su carrera y una expresividad impactante.

Su acercamiento al Lied tiene un componente teatral que se podría considerar operístico, pero lo cierto es que en ningún momento traiciona el estilo. Prueba de ello fue el ciclo de Robert Schumann dedicado a María Estuardo, que interpretó con gran interiorización, pero también con profunda fuerza dramática. Junto con el comentado ciclo de Mahler, esta joya schumanniana fue el otro punto álgido de la velada. Una interpretación antológica.

Tras tantas emociones, los Wesendonck Lieder de Richard Wagner que cerraban el programa fueron un bálsamo de lirismo, aunque sin llegar a las altas cotas de intensidad de las piezas anteriores. Pero viendo el planteamiento parateatral con que Dorothea Röschmann interpretó el ciclo wagneriano quedó en el aire la pregunta de si la soprano alemana se está planteando atreverse en un futuro con Isolda. El tiempo dirá.

Una característica del Life Victoria es que, antes del recital estrella se ofrece la oportunidad a un joven cantante de presentarse en sociedad con una breve actuación. En este caso el elegido fue Ferran Albrich que planteó un monográfico Beethoven que incluyó el siempre complicado ciclo An die ferne Geliebte. Poseedor de una voz de barítono lírico bien timbrada, cantó con buen estilo acompañado, con escasa variedad expresiva, por el pianista Eudald Buch.