Barcelona: 'Pescadores de perlas', el reto en directo

15 / 05 / 2019 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 4 min

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'Los pescadores de perlas' en el Gran Teatre del Liceu © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
John Osborn (Nadir), Ekaterina Bakanova (Leïla) y Michael Adams (Zurga) © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
John Osborn (Nadir) y Ekaterina Bakanova (Leïla) © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Bizet: LES PÊCHEURS DE PERLES

Ekaterina Bakanova, John Osborn, Michael Adams, Fernando Radó. O. Simfònica y Cor del Gran Teatre del Liceu. Direción: Yves Abel. Direción de escena: Lotte de Beer. 13 de mayo de 2019.

La propuesta de la directora de escena Lotte de Beer busca acercar esta ópera de Bizet a la época actual, y especialmente al público más joven a través del mundo televisivo de los reality show, muy seguidos por las grandes audiencias, que no son precisamente el target del público habitual de ópera. La idea es popularizar la obra ante el gran público y para ello enmascara este título en un concurso de telerrealidad denominado Pescadores de perlas. El reto. Para ello se deja en segundo plano el triangulo amoroso del libreto y el exotismo de Les pêcheurs ambientado en Ceilán para centrarse en tres aspirantes para ser el ganador en dicho concurso en la isla de Sri Lanka. Todo parece funcionar en los primeros minutos gracias a una escenografía muy interesante que juega con un espacio escénico en lo que parece una isla con una gran pantalla de fondo tras la cual, en un alarde técnico, se pueden ver una docena de viviendas con telespectadores enganchados a lo que se supone el éxito televisivo del momento.

© Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

'Los pescadores de perlas' en el Liceu, con el plató en primer término y los telespectadores detrás

La propuesta escénica acaba siendo una amalgama de telerrealidad y acción dramática operística de difícil comprensión

En la primera escena los votos de miles de espectadores dan como ganador del reality a Zurga; el problema es que, a partir de entonces, ya no queda nada para que la propuesta siga manteniendo el interés. Por un lado la trama real que recrea un grupo de rodaje formado por el realizador, técnicos, cámaras, operarios, presentadores y los concursantes, y por otra, los personajes de la ópera que son otros concursantes más un participante descartado anteriormente, que resulta ser Nadir. Mientras se van preparando los escenarios del rodaje y se graban las escenas se va creando una amalgama de telerrealidad unida a la acción dramática de la ópera ciertamente de difícil comprensión. Al final la propia crítica a la telebasura afecta también a la ópera de Bizet, que acaba como un espectáculo demasiado enrevesado del que tampoco se disfruta musicalmente.

Hay que subrayar que no se consiguió la excelencia esperada del reparto. El tenor John Osborn, que triunfó hace cuatro años como protagonista de Benvenuto Cellini de Berlioz, pasó sin brillo como el enamorado Nadir porque su interpretación actoral quedó bastante en el aire entre el aspirante al concurso de telerrealidad y el pescador cingalés enamorado de Leïla. El dueto con Zurga del primer acto funcionó apenas, lo mismo que la célebre aria del personaje, “Je crois entendre encoré”, una de las más exquisitas y difíciles del repertorio francés que Osborn cantó a media voz con un registro grave inexistente, por lo que sonó plana; además le faltó el brillo adecuado a la emisión. La soprano protagonista, Ekaterina Bakanova, vocalmente presentó un instrumento interesante con capacidad para la coloratura y agudos bien timbrados, que no sobrados, dibujando una Leïla algo insegura quizás porque debutaba el personaje en una dirección de escena compleja y fría para con la trama amorosa, a lo que hay que sumar que, al estar el escenario casi vacío, las voces se perdían con facilidad. El joven barítono Michael Adams fue un Zurga de voz atenorada de buena presencia escénica, pero ofreció poco más en uno de los personajes más contradictorios de esta propuesta escénica, incluso con algunas notas de afinación cuestionable. El bajo argentino Fernando Radó fue un correcto Gran Sacerdote que, en este caso, hacía de presentador del programa televisivo.

Los detalles de la dirección musical de Yves Abel pasaron casi desapercibidos ante tanto rodaje y movimiento de técnicos y operarios por el escenario, con una lectura que trató de ser exquisita y que no acabó de encontrar el sitio de preeminencia que debiera. Correcto el Coro del Liceu, que se repartió por los numerosos pisos del público televidente dividiendo así sus fuerzas y la correcta proyección de su canto. Los miembros del Coro aparecieron en la escena final como parte del público del reality para quemar al ganador por haber liberado a la pareja de  enamorados.

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