Barcelona: La repetición y el riesgo. 'Tosca' con dos temperamentos

11 / 06 / 2019 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 4 min. Actualizada al 12/06/2019

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Liudmyla Monastyrska y Jonathan Tetelman en el dúo del primer acto © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
El 'Te Deum' con el que concluye el primera acto, con un Scarpia casi humano © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
Un momento del segundo acto, en medio de la tortura de Cavaradossi © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
El fusilamiento del pintor © Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Puccini: TOSCA

Liudmyla Monastyrska /Tatiana Serjan, Jonathan Tetelman / Roberto Aronica, Erwin Schrott / Lucio Gallo, Enric Martínez-Castignani, Francisco Vas, Stefano Palatchi. Dirección: John Fiore. Drección de escena: Paco Azorín. 9 y 11 de junio de 2019.

Las producciones propias acaban siempre suponiendo un ahorro cuando de repetir un título se trata y un placer confirmado si han salido buenas, pero siempre se corre el riesgo de que sus defectos, si es que los tienen, puedan quedar aún más de manifiesto. La producción de esta Tosca a cargo de Paco Azorín y su equipo ha gustado a los que la veían por primera vez pero no tanto a quienes ya la vieron en 2014. Y si a las particularidades que ya se señalaron en su día –cuadrilla de voluntarios que acompañan a Angelotti para dejarle tirado en medio de la iglesia, lluvia de pétalos en pleno Te Deum, pereza por escribir o por plantar candelabros aunque la música deje lugar para ello– se añade una gesticulación escénica y un excesivo besuqueo de símbolos religiosos por parte de Scarpia, esta vez más un chulo de barrio que un noble con título, la impaciencia puede hacer mella en los espectadores más avisados.

No fue así para los nuevos espectadores, que deberán esperar otra ocasión para detectar las incongruencias de la puesta en escena y que aplaudieron con ganas. Llevó las riendas en la vertiente musical, quizá con ocasionales excesos de volumen pero con muchos detalles en la exposición temática, la batuta de un John Fiore que supo evitar los effettacci en los que es tan fácil de caer en una obra de estas características y tanto la orquesta como los coros cumplieron sobradamente.

Monastyrska compensó con la robustez y el brío de una emisión en verdad suculenta una insuficiente presencia escénica y un perfil interpretativo poco convincente

Liudmyla Monastyrska compensó con la robustez y el brío de una emisión en verdad suculenta una insuficiente presencia escénica y un perfil interpretativo poco convincente, que prácticamente dejó sin matices dramáticos al personaje y ello aun a pesar del entusiasmo escénico con el que enfocó su prestación. Ausente el en principio anunciado Fabio Sartori, que parece que se ha vuelto ya lo bastante importante como para eludir sus compromisos a bastantes fechas vista por las habituales “razones personales”, tomó su lugar el joven tenor Jonathan Tetelman; no mereciendo reproche alguno su apostura física y lo atractivo de su timbre,  factores a los unió  un bien asentado registro agudo más suficiente en extensión que en homogeneidad, una proyección vocal a ratos claramente insuficiente le impidió alcanzar metas más altas, aunque ello no le negó el aplauso de público, muy generoso en esta función.

La Tosca de Paco Azorín además de apuñalar a Scarpia lo estrangula

Erwin Schrott, en un estado de forma vocal espectacular, superó con facilidad las insidias de una vocalidad siempre azarosa como la asignada a Scarpia y solo el exceso de smorfie gestuales, sin duda pactadas con la dirección de escena, deslució un tanto su labor. Stefano Palatchi (Angelotti), Francisco Vas (Spoletta) y el Sacristán de Enric Martínez-Castignani  –¿por qué se le hizo aparecer en los actos en que no tenía nada que hacer?– aportaron más profesionalidad que lustre vocal a los demás papeles de relieve.

El reparto alternativo

En el segundo reparto –y no es la primera vez que ocurre esta temporada– las cosas se arreglaron parcialmente. Depurada la acción escénica del excesivo manoteo del Scarpia del primer cast y debidamente subrayado el detalle pertinente, aumentó la fluidez y la tensión de la peripecia dramática y la obra se benefició de unos ajustes interpretativos que mejoraron el resultado final.

Tatiana Serjan y Roberto Aronica en el último acto de 'Tosca'

Tatiana Serjan y Lucio Gallo

Tatiana Serjan ofreció un recital de intensidad en el fraseo y exhibió una faceta de colores que su antecesora en el rol apenas había insinuado al apoyarse casi exclusivamente en la potencia de su emisión, en su caso menos arrolladora. Lucio Gallo, aun luchando con el inconveniente de una voz que es un verdadero dolor, devolvió al personaje de Scarpia toda la fuerza motriz del drama que Schrott apenas apuntó, proyectando bien las mejores facetas de su instrumento y apoyándose en una dicción absolutamente impecable. La profesionalidad de Gallo, admirable, corrió parejas con las de su compatriota Roberto Aronica, un tenor de méritos muy tasados en la línea de canto y en el énfasis dramático pero que, después de un “Recondita armonía” de escasa penetración, supo estar donde se le esperaba en los dúos y en “E lucevan le stelle” para acabar firmando un trabajo digno de todo respeto. Abusó de prolongar el La agudo del “Vittoria!”, pero eso lo hacen todos (los que pueden, claro).

Una glosa final: También en esta ocasión el “A voi” del carcelero no tenía a quien dirigirse. ¡Con la cantidad de supernumerarios con linterna que hubieran podido hacer de sargento y que se limitaron a pasearse por el escenario sin objetivo alguno! La reacción del público en esta función fue mucho menos entusiasta que la mostrada el primer día. Son cosas que no se acaban de entender.