Barcelona: Händel con Haïm en el Liceu

06 / 04 / 2019 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

© Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
© Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
© Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL
© Gran Teatre del Liceu / Antoni BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Concierto Händel: DESPERATE LOVERS

Obras de Georg Friedrich Händel. Sandrine Pianu, soprano. Tim Mead, contratenor. Le Concert d’Astrée. Dirección: Emmanuelle Haïm. 6 de abril de 2019.

Un concierto como este, exclusivamente confeccionado con obras del catálogo operístico de Händel –un Concerto Grosso intercalado entre las arias y los dúos no tenía por qué desequilibrar el conjunto– habría sido una rareza en el Liceu y en muchos teatros de ópera del mundo durante casi todo el siglo XX, y hoy sin embargo parece algo perfectamente encajado en los gustos del público actual, cuyo beneplácito alcanzó a agradecer la inclusión de varios fragmentos de la Rodelinda ofrecida pocos días antes en esta misma sala. A dar la altura requerida al evento se afanó el acreditado conjunto Le Concert d’Astrée a las órdenes de una dinámica Emmanuelle Haïm, cuya gestualidad ampulosa y precisa aseguró en todo momento la pertinencia estilística de toda la audición con un rigor musical absoluto.

Haïm y sus músicos trazaron el perfil exacto de la música a interpretar y fueron justamente aclamados

Optando por una articulación impecable del sonido antes que por una brillantez que tampoco el repertorio escogido hubiera justificado, Haïm y sus músicos trazaron el perfil exacto de la música a interpretar y fueron justamente aclamados, con especial énfasis en el caso de los solistas instrumentales, al término del dúo “Caro – Bella”  de Giulio Cesare que abrochaba como propina la estimulante velada. Tim Mead pudo exhibir una gran solvencia virtuosística en las arias de Tamerlano y Orlando a su cargo para obtener una especial acogida en el “Vivi, tiranno” de Rodelinda, donde ni siquiera la escasa proyección de su médium fue obstáculo para una interpretación de gran nivel. Sandrine Piau, que al principio daba la impresión de andar escasa de lozanía vocal, pudo crecerse en la segunda parte del concierto con un aria de Alcina que el púbico premió con una ovación estruendosa. Pese al actual auge del repertorio barroco y a la valía de los intérpretes, el teatro no acabó de llenarse. En cualquier caso, un público particularmente atento se prodigó al final en aplausos y aclamaciones. La fiesta sigue.