Barcelona: García-Tomás y su fantástico ‘narcissiste’

13 / 04 / 2019 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 2 min

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María Hinojosa en plena actuación. El máximo piropo que 'Je suis narcissiste' puede recibir es que sabe a poco © Teatro Real / Javier DEL REAL
Los cuatro protagonistas de 'Je suis narcissiste' © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatre Lliure

Raquel García-Tomás: JE SUIS NARCISSISTE

Estreno en Barcelona

Libreto: Helena Tornero. Intérpretes: Elena Copons, María Hinojosa, Toni Marsol y Joan Ribalta. Grupo instrumental de la Simfònica Càmera Musicae. Dirección: Vinicius Kattah. Dirección de escena: Marta Pazos. 13 de abril de 2019.

En la crítica publicada en ÓPERA ACTUAL 223 del estreno absoluto de esta Je suis narcissiste de Raquel García-Tomás y libreto de Helena Tornero, se aplaudía tanto la iniciativa como el resultado artístico. La recreación de la supremacía del mundo digital, del aislamiento social y del selfie gracias a una tecnología democratizada y, como consecuencia directa, del culto al ego y al narcisismo que plantea esta ópera cómica contemporánea es tan lapidaria como real. Y si también se decía que al ser tan actual obedecería a una moda puntual y que, por eso mismo, podría tener sus días contados de cara al futuro, la calidad de la pieza podría perfectamente revivir en nuevos montajes. En su estreno barcelonés, ya bien rodada por las funciones previas en Madrid, Je suis narcissiste se convirtió en un gran éxito muy bien valorado sobre todo por quienes frecuentan el género, ya que emociona y provoca una fácil identificación con el público. Lo triste: las pocas representaciones para una obra que merecería muchas más. Lo imperdonable: la amplificación.

Muchos de los asistentes, en lugar de aplaudir al final del espectáculo y de agradecerle a los artistas su entrega, se apresuraban a hacer fotos con el teléfono para subirlas a las redes

La fantasiosa puesta en escena de Marta Pazos pone al espectador ante un espejo. Muchos de los asistentes, de hecho, en lugar de aplaudir al final del espectáculo agradeciendo a los artistas su entrega, se apresuraban a hacer fotos con el teléfono para subirlas a las redes y alardear de que habían asistido al estreno dándole toda la razón a la libretista y a la compositora. Las risas nacían de gags inteligentes, de citas argumentadas, de la ironía con la que la partitura que se ríe de la ópera seria. Escenas como la del ascensor, la del funeral o la del retiro espiritual resultaron logradísimas, todo ello dibujado en una partitura políglota, ecléctica, que busca y consigue identificar el texto con imágenes auditivas rápidas del origen que sea, desde Wagner a cuencos tibetanos, sin evitar elementos electrónicos si hacían falta. García-Tomás, además, cuidó el libreto y la acentuación acomodando el canto y el fraseo, todo ello muy bien defendido por sus intérpretes.

Vinicius Kattah dirigió con comodidad a un grupo instrumental proveniente de la Orquestra Simfònica Càmera Musicae sin olvidar los momentos de actuación que le marcó la regista. Elena Copons aportó un canto generoso, siempre sobrada de medios, mientras la gran María Hinojosa deslumbraba con los retos que le imponían sus múltiples personajes. Dos joyas líricas. A cierta distancia se movió ese buen comunicador que es Toni Marsol y, defendiéndose como podía, pero afinando siempre y llegando donde tenía que llegar, el tenor Joan Ribalta –que sí aprovechó el micro– estuvo muy convincente también en la parte actoral.

El máximo elogio que esta nueva creación puede recibir es que sabe a poco, todo lo contrario de lo que suele decirse respecto de una obra contemporánea…