Apasionadas voces para el ‘Ballo’ más lúgubre

Milán

23 / 05 / 2022 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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scala-operaactual-balloinmaschera (1) Sondra Radvanovsky como Amelia y Okka von der Damerau como Ulrica © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
scala-operaactual-balloinmaschera (1) Una escena del montaje de Marco Arturo Marelli © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
scala-operaactual-balloinmaschera (1) El Renato de Ludovic Tézier y la Amelia de Sondra Radvanovsky © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano

Teatro alla Scala

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

Nueva producción

Sondra Radvanovsky, Francesco Meli, Ludovic Tézier, Okka von ser Damerau, Federica Guida. Dirección musical: Giampalo Bisanti. Dirección de escena: Marco Arturo Marelli. 19 de mayo de 2022.

Este es el precio que se paga en nombre de la moda de lo políticamente correcto en el Teatro alla Scala: cantar “Del demonio la maga servile” en lugar de “Dell’immondo sangue dei negri”, un detalle de esta nueva producción de Un ballo in maschera, con un “Addio, diletta Ameia” en vez de “diletta America” en la escena final que devuelve el arte a los tiempos del fascismo o al disco con Gigli y Caniglia en que “America” e “Inghilterra” eran sustituidos por “Patria”.  La censura sigue, pues, cebándose con el Ballo, también en esta desperdiciada ocasión que hace añorar la versión de Zeffirelli de 1972 a unos y la muy discutida de Michieletto de 2013 a otros, provocativa pero sin alcanzar los extremos de la de Bieito en el Liceu en 2000, considerada ya como un clásico del teatro di regia. Porque este es un espectáculo que nace ya viejo e inútil. La dirección escénica, los decorados y el vestuario de Marco Arturo Marelli caen en efectos de mal gusto, como el can-can de los cortesanos en el primer acto y citas incongruentes como la del violín que se supone pretende remedar al Bergman de El séptimo sello para personificar a la muerte, con el detalle de hacer aparecer en escena al hijo de Renato y Amelia en pijama y con un osito de peluche.

Sombras también en el reparto, que hacen preguntarse si no podían encontrarse en Italia mejores intérpretes para Silvano y Samuel que a los aquí escogidos. Mejor el siervo de Amelia de Paride Cataldo y el Primer Juez del bajo-barítono Costantitno Finucci, pudiéndose apreciar también la participación del bajo coreano como Tom pese a la brevedad de su cometido. En esta representación el papel de Ulrica estaba a cargo de Okka von der Damerau, de timbre casi sopranil pero musicalmente eficaz. El paje Oscar que en el antro de Ulrica se disfraza de mujer, y representaba el debut en la Scala de Federica Guida cuyo timbre recuerda a las sopranini de antaño pero dando todas las notas incluyendo el incómodo Do agudo del concertante “È scherzo od ‘e folllia”.

"Sustituía a Luca Salsi ern las dos últimas el barítono marsellés Ludovic Tézier, con su voz bien emitida, homogénea y de timbre auténticamente baritonal"

Sustituía a Luca Salsi ern las dos últimas funciones el barítono marsellés Ludovic Tézier, con una voz bien emitida, homogénea y de timbre auténticamente baritonal: un intérprete de rango por autoridad y nobleza. Muy aplaudidos a lo largo de toda la representación, con la salvedad de alguna protesta airada, tanto Francesco Meli –que repetía su apasionado Riccardo con variedad de colores y acento siempre grato pero que hacia el final dio muestras de cansancio–, como Sondra Radvanovsky, que aun cantando dentro de sus admirables características incurrió en exageradas resonancias pectorales en una lectura que no podría considerarse específicamente verdiana. Último –y en este caso afortunado– cambio en la dirección musical a cargo de Giampaolo Bisanti al frente de una orquesta de La Scala en gran forma y del coro dirigido por Alberto Malazzi, con un buen ritmo narrativo y buscando siempre hacer emerger la tinta verdiana. * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL