Asmik Grigorian, emocionante y en vaqueros

A Coruña

05 / 09 / 2022 - José Luis JIMÉNEZ - Tiempo de lectura: 3 min

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asmikgrigorian-operaactual-acoruña La soprano Asmik Grigorian junto al pianista Lukas Geniusas © Amigos de la Ópera de A Coruña / Alfonso REGO

Amigos de la Ópera de A Coruña

Recital de ASMIK GRIGORIAN

Inauguración de la temporada lírica

Obras de Chaikovsky, Rajmáminov, Dvorák, Puccini y Tigranian. Lukas Geniusas, piano. Teatro Rosalía de Castro, 1 de septiembre de 2022.

Es una temporada especial para los Amigos de la Ópera de A Coruña, por lo que tiene de cambio de ciclo. El director artístico que durante los últimos 15 años dio lustre a las temporadas de la asociación, que firmó algunas de las propuestas más comentadas en los calendarios líricos nacionales, puso punto final a su estrecha y exitosa colaboración. César Wonenburger ha cedido el testigo a Aquiles Machado, en una interesante apuesta que mira más al próximo año que al actual, dado que esta temporada tiene la firma del director saliente, salvo algunos pequeños cambios sobrevenidos por las circunstancias. El propio Machado ha reconocido que no pretendía ser “Attila el destructor” y cambiar lo que ya estaba diseñado, una honorable señal de respeto ante una etapa que situó a Coruña en el panorama de la ópera de calidad del país. Salga bien, mal o regular, será la obra póstuma de Wonenburger.

La encargada de levantar el telón de la temporada coruñesa fue la soprano lituana Asmik Grigorian, en la única aparición este año en España, apenas cuatro días antes de presentarse en La Scala de Milán. Seguramente en el teatro lombardo no cantará como lo hizo en A Coruña, en vaqueros y con camiseta, víctima como fue de la pérdida de las maletas en las que transportaba su vestido de gala. Con gran sentido del humor, Aquiles Machado explicó las circunstancias. Y a la vista del resultado, no se puede sino abrazar la idea de que, en ocasiones, ciertos atavismos innecesarios envuelven la lírica. Para emocionar como lo hizo Grigorian no se necesita ir de tiros largos.

"El animal escénico que Grigorian lleva dentro emergió con la página del 'Onegin', manejando todos los registros"

El programa tenía dos partes bien diferenciadas. En la primera, la soprano afrontó varias canciones de Chaikovsky, y las coronó con la escena de la carta de Tatiana, de Evgeni Onegin. A la lógica afinidad idiomática se sumó una interpretación sensible, que permitió disfrutar de su timbre carnoso, cálido. El animal escénico que Grigorian lleva dentro emergió con la página del Onegin manejando todos los registros. No se esconde de agudos en forte, pero sobre todo despliega una media voz seductora. Los primeros bravos se escucharon tras esta pieza, y se retomaron con la exquisita canción de la luna de la Rusalka con que se inició la segunda parte. La siguiente página fue la poco conocida aria de Anoush –de la ópera homónima compuesta por Armen Tigranian, el padre de la ópera nacional armenia–, que permitió a la soprano un canto recogido e intimista.

Musetta debió ser un rol de juventud de Grigorian, de la que ahora conserva el vals. Fue probablemente el momento menos inspirado del recital, por una voz que ha crecido y ganado robustez, y que hoy encarnaría mejor a Mimì. El gran Puccini de la intérprete lituana fue el “Sola, perduta, abbandonata”: su Manon Lescaut interiorizó el drama del personaje y lo trasladó de manera emocionante. El programa oficial concluyó con “Un bel di vedremo”‘ de Madama Butterfly, de interpretación electrizante, con ataques al agudo llenos de fuerza y teatralidad. Como propinas brindó la popular “O mio babbino caro” y “Spring Waters” de Rajmaninov, de su último trabajo discográfico. A su lado, Lukas Geniusas entendió en todo momento a la cantante, acompañándola con acierto.

La nota negativa fue la escasa asistencia de público. No se entiende que una artista de su nivel, que quizás no frecuenta los títulos del repertorio más conocidos pero que goza de un prestigio incuestionable en los principales teatros europeos, apenas concite a la mitad del aforo del coqueto Teatro Rosalía. Debe ser una de las tareas de la nueva dirección artística encontrar la clave para acercarse a nuevas audiencias, seguramente más jóvenes, y hacerles ver que la modernidad también pasa por la lírica, con artistas que no tienen miedo de subirse a un escenario en vaqueros para desplegar su talento. No será fácil ni inmediato, pero Coruña debe reflexionar sobre la seducción de las próximas generaciones, esas que sí se asoman a las temporadas de la Sinfónica pero que son reacias a acercarse sin prejuicios a la ópera.  * José Luis JIMÉNEZ, corresponsal en A Coruña de ÓPERA ACTUAL