El valor de actuar

Oviedo

04 / 09 / 2020 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 3 min

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Ainhoa Arteta y Lucas Macías, protagonistas de la gala inaugural del Auditorio ovetense © Auditorio Príncipe Felipe

Auditorio Príncipe Felipe

Concierto AINHOA ARTETA

Gala de reapertura

Obras de Guastavino, Ramírez, Chueca, Guridi, Sorozábal, Barbieri, Soutullo y Vert y Luna. Ainhoa Arteta, soprano. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección: Lucas Macías. 3 de septiembre de 2020.

Las circunstancias sanitarias y económicas en las que, a día de hoy, la música trata de sobrevivir en el país dibujan un panorama descorazonador. Una seria amenaza para los artistas, que llevan meses sin poder desarrollar con normalidad la profesión con la que –no hay que olvidarlo– se ganan la vida, en un trapecio bajo el que, en España, no hay ningún tipo de red. También para los teatros, auditorios y festivales que, sostenidos en su mayor parte por fondos públicos, ven peligrar el desarrollo de proyectos culturales de primer nivel, que ha llevado décadas construir pero que pueden desaparecer en un mar de toses.

Para prevenir la propagación de esta pandemia, el mundo cultural aplica de forma estricta todas las recomendaciones y pautas de las autoridades sanitarias. Se limitan los aforos, a veces hasta el extremo de hacerlos inviables, con numerosas butacas que han de quedar vacías para garantizar la distancia interpersonal. Se desarrollan planes de acceso y evacuación de las salas, la higiene de manos es una constante y tanto el público como los intérpretes llevan mascarillas. El compromiso con la salud pública es total, y así debe ser. Pero, por desgracia, las reglas del juego no son las mismas para todos. No hace falta más que subirse a un autobús, coger el metro o tomar un avión para que el compromiso cultural con el bien común quede teñido por la impotencia y la indignación. Porque la música o el teatro también son industria, generan empleo y riqueza y aportan décimas al famoso Producto Interior Bruto (PIB).

"La emoción, a veces difícil de controlar, fue la auténtica protagonista de la velada. Y Ainhoa Arteta dio todo lo que el público esperaba de ella, tanto en lo estrictamente musical como en lo escénico"

Por todas estas razones es necesario destacar la valentía de quienes se atreven a dar un paso al frente. Oviedo es ejemplo de ello, reuniendo en estos primeros compases de septiembre dos recitales con piano, la apertura de su 73.ª temporada de ópera y una gala lírica con la que la orquesta Oviedo Filarmonía y Ainhoa Arteta, dirigidos por el maestro Lucas Macías, han traído de vuelta los conciertos a la ciudad. Porque la música nunca se ha ido. La emoción, a veces difícil de controlar, fue la auténtica protagonista de la velada que reabría el Auditorio ovetense después de la pandemia. Y Ainhoa Arteta dio todo lo que el público esperaba de ella. Tanto en lo estrictamente musical, con una voz de bello color, carnosa en el centro, administrada con inteligencia e íntimamente ligada al decir del texto de cada romanza, como en lo escénico, cambios de vestuario incluidos. Desde las canciones de Guastavino y Ramírez con las que comenzaba el programa, tras el preludio de El bateo; hasta las dos propinas finales la conexión de Arteta con el público ovetense, que la aprecia y mucho, fue total. Incluso con dos lapsus en el texto de “El tango de la Menegilda” y “De España vengo”, que la soprano lidió con desparpajo hasta acabar en aplausos.

En Oviedo Filarmonía, con su director titular, Lucas Macías, en el podio, Arteta tuvo unos cómplices de excepción. Junto con la orquesta titular del Teatro de La Zarzuela, la sinfónica ovetense es la otra gran experta nacional en cómo ha de interpretarse el repertorio lírico español. En esta gala lírica lo hicieron evidente en páginas como el preludio de El caserío de Guridi, o en el Intermedio de La leyenda del beso, de Soutullo y Vert.

Tras las famosas carceleras de Las hijas del Zebedeo, de Chapí, el concierto terminó con una muy particular versión del zapateado de La tempranica, con Arteta cantando “El Covid e un bicho mu malo, no se mata con piera ni palo…”. La tarántula, a día de hoy, da menos miedo que el coronavirus.