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Antonina, la mujer que amó a Chaikovsky más allá de la locura

Película

30 / 01 / 2024 - Aniol COSTA-PAU - Tiempo de lectura: 3 min

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'La mujer de Chaikovsky' © Filmin

SEREBRENNIKOV, Kirill

La mujer de Chaikovsky

Disponible en Filmin

Alyona Mikhailova, Odin Lund Biron, Filipp Avdeev, Ekaterina Ermishina, Natalya Pavlenkova, Nikita Elenev, Aleksandr Gorchilin, Varvara Shmykova, Vladimir Mishukov. Dirección: Kirill Serebrennikov. Rusia. 143 min. 2022.

Ya se encuentra disponible en la plataforma de cine en streaming Filmin La mujer de Chaikovsky, la nueva película del director ruso Kirill Serebrennikov, estrenada en los cines de España en abril del año pasado. La obra narra la agitada historia ¿de amor? entre Antonina Miliukova y Piotr Ilich Chaikovsky: se casaron en 1877 y, tras unas pocas semanas de calma la relación se truncó por completo, con unos sentimientos claramente asimétricos ya que, mientras la mujer siente una pasión obsesiva por el compositor, el músico muestra desinterés y abierto rechazo, desapareciendo para satisfacer su verdadera inclinación homosexual. Para ella el matrimonio es un juramento de posesión y amor eterno, pero, para él, es una tapadera social sin amor ni responsabilidad que se transforma en una pesadilla.

No es extraño que el cineasta ruso, disidente del régimen de Putin, se interese por una trama con protagonistas directamente relacionados con la música clásica y la ópera, ya que, además de su carrera como director de cine, Serebrennikov trabaja habitualmente como regista de producciones operísticas. En las tablas de importantes teatros líricos de Europa ha firmado montajes aplaudidos por la crítica, como un Parsifal en la Wiener Staatsoper con Jonas Kaufmann, Elina Garanca o Ludovic Tézier, o una versión de La Nariz de Shostakóvich (ver crítica en este enlace), en la Bayerische Staatsoper. Ahora bien, pese a su conocimiento acreditado de la historia de la música, en La mujer de Chaikovsky, Serebrennikov no profundiza en la obra creativa del compositor, sino que todo el protagonismo recae en el drama psicólogo de la pareja, enfocado claramente desde el punto de vista de la mujer.

"La película es una inmersión en la obsesión enfermiza de Antonina, encarnada magníficamente por la actriz Alyona Mikhailova, siempre al borde de la locura, con la mirada perdida y afectada, pero sin nunca perder la compostura"

Así, la película es una inmersión en la obsesión enfermiza de Antonina, encarnada magníficamente por la actriz Alyona Mikhailova, siempre al borde de la locura, con la mirada perdida y afectada, pero sin nunca perder la compostura. Ama locamente a Chaikovsky, que la rechaza, y el repudio, lejos de apaciguar su pulsión, alimenta y envenena cada vez más sus sentimientos. Hasta el punto incontrolable de perseguir, violentar y acosar la vida privada del compositor fuera del matrimonio. En los primeros momentos del compromiso, él se muestra apático, encerrado y enfermo, hasta que reconoces su atracción natural por los hombres, huye y se libera. Sin embargo, para Antonina esta fuga no es suficiente para romper la relación, y sigue manteniendo la esperanza, empañada en la unión que certifica el documento legal de compromiso. Tampoco es capaz de pedir el divorcio y empezar una nueva vida amorosa, puesto que se niega a renunciar a su alianza y no se atreve a calumniar a su esposo.

La película, narrada con una puesta en escena sobria y una ambientación histórica muy creíble, ciertamente emociona por el impacto de la tensión psicológica, las contradicciones personales y el sufrimiento de los personajes, transmitiendo a los espectadores empatía y compasión hacia los dos protagonistas. No obstante, teniendo en mente la relevancia histórica de Chaikovsky en la historia del arte, se echa en falta más protagonismo de la música en el desarrollo de esta misma relación frustrada. Dirigiendo la mirada únicamente en la vida privada del compositor, descontextualizándola de su obra, se da a entender que no hay ningún tipo de conexión entre ambas, como si sus óperas y sinfonías fueran completamente independientes de su estado emocional y sus conflictos personales. Y, en efecto, cuesta pensar que así sea. Es verdad que tampoco hay ninguna certeza sobre cómo las discusiones de Chaikovsky con Antonina o las aventuras homoeróticas de él se traducían en los pentagramas, pero justamente una película de ficción puede ser una buena tentativa para explorar e imaginar estos vínculos estéticos entre la vida y la obra de un genio.

La música solo aparece en forma de banda sonora, con piezas suaves de fondo, ni tan solo escritas por el autor ruso protagonista de la película, o en los momentos de calma, reflexión y desconexión en los que Antonina o Chaikovsky se sientan frente al piano para abstraerse de su dolor psíquico. La mujer, en una de sus salidas de tono, también sigue el compositor y le espeta que su única ópera verdaderamente interesante es Evgeni Onegin, puesto que, según su criterio, está inspirada en el romance de ambos —las otras son «frías, inconexas y desestructuradas», dice la mujer—. Ahora bien, ninguna nota de la ópera de Tatiana y Onegin —ni de otra obra del compositor— suena en toda la película. Tampoco en la poética escena final, tras el divorcio anunciado, cuando Antonina delira en casa rodeada de un ballet de hombres desnudos, perdida y enajenada, antes de pasar sus últimos días en un manicomio.  * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL