Aniversario redondo de Ismael Jordi

Madrid

30 / 11 / 2020 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 2 min

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Una imagen del recital de Ismael Jordi © Teatro de La Zarzuela

Teatro de La Zarzuela

Recital ISMAEL JORDI

20 años de carrera

Obras de Manuel García, Joaquín Turina, Francisc Poulenc, Francis López, Jacinto Guerrro, Federico Moreno Torroba, Carlos Imaz, Amadeo Vives, Reveriano Soutullo y Juan Vert, Rafael Calleja y Tomás Barrera. Rubén Fernández Aguirre, piano. 29 de noviembre de 2020.

Con buen tino, la dirección del Teatro de La Zarzuela decidió volver a programar este recital previsto la temporada pasada. Se trataba de la celebración de los 20 años de carrera musical de Ismael Jordi, uno de los grandes tenores líricos de la actualidad, Premio ÓPERA ACTUAL 2004. Siempre resulta extraordinario ver cómo un artista desarrolla sus medios expresivos, reinventa el repertorio, desarrolla su voz y afianza una gran carrera. Aún más llamativo es el caso de Ismael Jordi: a la experiencia, al dominio técnico (legato, reguladores perfectos, pianísimos, virtuosismo desplegado con una elegancia fuera de serie) se añade un cada vez mayor compromiso con la verdad artística.

"Empezó el recital con unas maravillosas canciones de Manuel García, arriesgadas por la exigencia técnica, que Jordi supo poner a su favor con una sonrisa y una melancolía ligera, de refinada frivolidad"

El recital de La Zarzuela, casi exclusivamente compuesto de piezas españolas, era ideal para demostrar todo ello. La música española es una combinación única de evocación popular y modos aristocráticos. Por eso requiere una honradez absoluta. Y eso, justamente, es lo que hizo Ismael Jordi. Empezó con unas maravillosas canciones de Manuel García, arriesgadas por la exigencia técnica, que Jordi supo poner a su favor con una sonrisa y una melancolía ligera, de refinada frivolidad. Otras tres canciones de Turina, entre ellas la preciosa «Saeta en forma de salve», llevaron al público a un ámbito más rotundo, pero no menos elaborado. Con tres romanzas de El cantor de México, de Francis López, el tenor recordó a Luis Mariano, que la cantó casi mil veces en el Châtelet parisino. Supo encontrar el punto preciso de sensualidad, tipismo –nada inocente– e ironía postmoderna.

Luego llegaría un conjunto de grandes romanzas de zarzuela, de la que resulta difícil elegir una. Por destacar algo, la expresividad profunda del «Adiós, Granada», la finura en «De este apacible rincón de Madrid», o la elegancia de «Por el humo se sabe dónde está el fuego». Aquí se notó la presencia del maestro Alfredo Kraus, a quien el Teatro de La Zarzuela ha dedicado un palco, el Nº 6. Kraus, sin embargo, no estaba presente como el recuerdo de un estilo, que ya sería mucho, sino por su forma de cantar sin trampas ni atajos.

Acompañó al piano ese gran músico que es Rubén Fernández Aguirre (Premio ÓPERA ACTUAL 2021), con todo su saber, su riqueza expresiva, su sutileza, su empatía con el cantante. Tuvo un gran éxito con la Improvisación 15 de Poulenc y con las hermosísimas Pinceladas líricas, de Carlos Imaz, que incluye temas de El Caserío de Guridi, de La Gran Via de Chueca, de la canción popular gallega Lúa y de la catalana Rosó o Pel teu amor.

De propina, los dos músicos se atrevieron con «Se nos murió el amor» de Manuel Alejandro (ni más ni menos). Luego llegó «Pourquoi me réveiller», explícito homenaje a Kraus y una rotunda y vibrante «No puede ser», de La tabernera del puerto.