Amberes: Parra y Bieito, en el corazón del mal

26 / 04 / 2019 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 minutos

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El libreto de Händl Klaus supo beber de la inteligente y desgarradora partitura de Parra en este espectáculo que impacta también por la puesta en escena de Calixto Bieito © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
El libreto de Händl Klaus supo beber de la inteligente y desgarradora partitura de Parra en este espectáculo que impacta también por la puesta en escena de Calixto Bieito © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
El libreto de Händl Klaus supo beber de la inteligente y desgarradora partitura de Parra en este espectáculo que impacta también por la puesta en escena de Calixto Bieito © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS
El libreto de Händl Klaus supo beber de la inteligente y desgarradora partitura de Parra en este espectáculo que impacta también por la puesta en escena de Calixto Bieito © Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS

Opera Ballet Vlaanderen

Parra: LES BIENVEILLANTES

Estreno absoluto

Peter Tantsits, Rachel Harnisch, Günter Papendell, Natascha Petrinsky, David Alegret. Dirección: Peter Rundel. Dirección de escena: Calixto Bieito. Opera Antwerpen, 24 de abril de 2019.

El Holocausto, una de las mayores tragedias jamás perpetradas por el ser humano, requiere el máximo tacto a la hora de ser abordado por un creador de cualquier disciplina artística. En su monumental novela Les Bienveillantes, Jonathan Littell tomó como punto de partida la mirada de un oficial de las SS refinado e intrigante, con sus propios demonios personales. Adaptar la novela a la escena operística suponía, por tanto, un doble reto, por el tema en sí mismo y por las dimensiones de un texto de más de mil páginas repleto de detalles históricos. Hèctor Parra ha superado con creces el desafío, creando una obra de impacto sobrecogedor.

La puesta en escena de Calixto Bieito evita toda referencia a la iconografía típica del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, reforzando así el carácter universal de esta inmersión dolorosa en el corazón del mal.

El libreto de Händl Klaus comprime y transforma el original de forma admirable, y si en ocasiones la superposición de niveles narrativos puede crear cierta desorientación, el vuelo poético de muchos pasajes ha dado alas a la inspiración de Parra. El elemento más notable de la adaptación es que las convulsiones personales de Max Aue, esta traslación a la época nazi de las sangrientas relaciones familiares de los átridas de la tragedia griega, ocupan un lugar más prominente, dejando los horrores del Holocausto, si no en una posición secundaria, sí más elíptica. A ello contribuye la decisión del director de escena, Calixto Bieito, de evitar toda referencia a la iconografía típica del nazismo y la Segunda Guerra Mundial, reforzando así el carácter universal de esta inmersión dolorosa en el corazón del mal.

La ópera sigue la división en movimientos de una suite barroca de danzas que adopta la novela, lo que permite a Parra organizar la partitura combinando cohesión formal con variedad expresiva. La enfática toccata inicial presenta a un Max a punto de rememorar su violenta vida previa, mientras que las subsiguientes escenas se caracterizan por un tono asfixiante, opresivo, en el que clústers estremecedores dan paso a instantes de tensa suspensión sobre los cuales se despliega una declamación vocal más atenta a la nitidez del texto que a los vuelos canoros. La última escena de la primera parte supone una brillante ruptura, cuando la violencia da paso a la elegancia distorsionada de una sarabande de Bach ­–interpretada por un piano suspendido en el aire­–, un recurso de distanciamiento que, en realidad, subraya la brutalidad de lo que se ve: Max asesinando a su madre y a su padrastro.

La tensión no decae en la segunda parte, que arranca con una alusión poética, de sonoridades rarefactas, a Auschwitz, para alcanzar otro de los momentos cumbre de la partitura, el delirio casi pornográfico de Max en casa de su hermana Una, con la que mantiene una relación incestuosa: Parra golpea con sucesivas oleadas sonoras a cargo de los dos protagonistas, un cuarteto vocal, el coro e intervenciones electrónicas con efectos poco menos que orgásmicos. La música entra de pleno en el terreno de lo grotesco en el Berlín a punto de sucumbir, antes de que el círculo se cierre con un retorno al ambiente inicial.

© Opera Ballet Vlaanderen / Annemie AUGUSTIJNS

Parra dejó sonar su partitura como una caja de resonancia en la que se pudieron escuchar influencias de Bach, Berg, Shostakovich o Bruckner

Parra ha definido su partitura como una caja de resonancias en la cual, además de Bach, también dejan notar su influjo Berg, Shostakóvich o Bruckner, sin caer en un ejercicio pedante de citaciones musicales. Al contrario, el lenguaje denso, altamente sugestivo tanto en la explosión catártica como en el detalle sutil, del compositor catalán se revela del todo idóneo para el contenido desasosegante de Les Bienveillantes.

Compañía impulsora del proyecto, y coproductora con Núremberg y el Teatro Real de Madrid, la Ópera de Flandes aportó la labor impecable de su coro y orquesta bajo la dirección experta de Peter Rundel, y un reparto sin eslabones débiles. Como Max, el tenor Peter Tantsits realizó un tour de force espectacular tanto a nivel vocal como actoral, en un papel maratoniano en el que evitó caer en la caricatura fácil. Rachel Harnisch aportó una voz cálida a su hermana, Una, mientras que el tono acerado de Natascha Petrinsky como su madre contrastaba con la aguda tesitura del padrastro, sorteada con habilidad por el tenor barcelonés David Alegret.

Última, y no menor, aportación al éxito de este estreno absoluto fue la puesta en escena de Calixto Bieito, desbordante de ideas e imágenes impactantes, que no gratuitas. No han hecho falta esvásticas para representar los efectos letales del mal: ha bastado con un decorado de blancor clínico que se va ensuciando y llenando de lodo a medida que al horror le sucede el horror. Como en la primera escena, al final solo queda el silencio mientras Max mira fijamente a los espectadores: lo que ha hecho él, también lo puede hacer cualquiera de los asistentes a la función, cualquier ser humano.