Àlex Ollé recupera a Montemezzi en La Scala

Milán

06 / 11 / 2023 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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milán montemezzi La nueva producción firmada por Àlex Ollé de 'L'amore dei tre re' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
milán montemezzi La nueva producción firmada por Àlex Ollé de 'L'amore dei tre re' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
milán montemezzi La nueva producción firmada por Àlex Ollé de 'L'amore dei tre re' © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Montemezzi: L’AMORE DEI TRE RE

Nueva producción

Evgeny Stavinsky, Chiara Isotton, Giorgio Berrugi, Roman Burdenko, Giorgio Misseri. Dirección musical: Pinchas Steinberg. Dirección de escena: Àlex Ollé (La Fura dels Baus). 3 de noviembre de 2023.

Programada para la temporada 2020 pero suspendida por la pandemia, L’amore dei tre re, única obra de Italo Montemezzi (1871-1953) que se mantiene en repertorio, se estrenó precisamente en el Teatro alla Scala el 10 de abril de 1913 y ahora vuelve tras 70 años de ausencia y a 110 años de su première. Demasiado silencio para una auténtica obra maestra que gozó en su día las atenciones de Toscanini y de un sinfín de artistas, sobre todo sopranos, como las legendarias Lucrecia Bori, Rosa Ponselle y Claudia Muzio, y muy amada por los bajos José Mardones y Ezio Pinza, entre otros.

El libreto de Sem Benelli, quien también escribió para Umberto Giordano el de La cena delle beffe, es un noir decadente y erótico, situado en la Italia medieval. Un texto ampuloso, muy en el estilo de la época, dictado por el Vate Gabriele D’Annunzio autor a su vez de Parisina, puesta en música por Mascagni, y de Francesca da Rimini, compuesta por Zandonai. Todas juntas se podrían considerar una tríada femenina que contrasta con el verismo imperante en la época y también con la mayoría de las heroínas de Puccini, de quien, sin embargo, Montemezzi es deudor. El wagnerismo que también impactaba de lleno en ese período se tiñe en esta partitura de matices franceses –el ejemplo es Debussy– sin olvidar el acento straussiano de Salome.

"En el reparto se impuso la vocalmente magnífica Fiora de la soprano trentina Chiara Isotton, con una línea de canto impoluta, voz aterciopelada, homogénea y valiente en el agudo"

La lectura que impuso el director israelí Pinchas Steinberg, en su debut con una ópera en La Scala, pareció modélica: la orquesta de la casa se lució una vez más con este sinfonismo túrgido, que a menudo sustituye el canto tratado casi como el Sprechgesang con largos monólogos sin fórmulas cerradas de arias, si bien en el segundo acto y en el extenso dúo de amor entre soprano y tenor se puede reconocer un Tristán e Isolda a la italiana. Todos los matices y sentimientos, el lirismo decadente, el ímpetu erótico, se evidencian en pinceladas musicales de gran efecto que acabaron por entusiasmar a un público que decretó un acogida triunfal.

En el reparto se impuso la vocalmente magnífica Fiora de la soprano trentina Chiara Isotton, de línea de canto impoluta, voz aterciopelada, homogénea, valiente en el agudo, mostrándose como una intérprete de gran sensibilidad y vehemencia al mismo tiempo. Por fin La Scala le ha concedido la posibilidad de exhibirse con un rol a su altura. Correcto el barítono Roman Burdenko como el desdichado marido e hijo, mientras que el tenor Giorgio Berrugi salió airoso del comprometido papel de Avito, el amante de Fiora. Para el imponente personaje del rey anciano y ciego, cuya atracción y celos hacia la nuera son motivo de venganza, estaba previsto en el proyecto de 2020 el bajo Ferruccio Furlanetto, ahora sustituido por el ruso Evgeny Stavinsky, a quien no se le puede reprochar su canto más que correcto, pero este rol requiere otra personalidad y un color de voz más oscuro y grave. Perfecto, en cambio, para el importante papel de Flaminio, lazarillo del rey y cómplice de los amantes, el tenor Giorgio Misseri.

Àlex Ollé y su equipo de La Fura dels Baus firmaron una puesta en escena fría, desangelada y sin mucho de original. El decorado (Alfons Flores) estaba constituido por kilómetros de cadenas, una cama y una plataforma móvil que representaba la torre del castillo. Ha sido, desde muchos puntos de vista, una ocasión fallida. Para esta ópera, precisamente por ser tan infrecuente, urge una propuesta escénica que pueda sugerir esa época medieval recreada en cierta corriente arquitectónica (como la del falso castillo de Sem Benelli en Liguria) y un vestuario que subraye ese decadente erotismo que sugiere la música y que, en cambio, en este caso (firmado por Lluc Castells), resultó muy inadecuado, especialmente el referido a Fiora, mostrando a una protagonista desaliñada y descalza. Una lástima.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL