'Alcina' devuelve la ópera barroca al Maestranza

Sevilla

09 / 02 / 2024 - Juan José ROLDÁN - Tiempo de lectura: 3 min

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sevilla alcina La producción de Lotte de Beer de 'Alcina' © Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO
sevilla alcina La producción de Lotte de Beer de 'Alcina' © Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO
sevilla alcina La producción de Lotte de Beer de 'Alcina' © Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO

Teatro de La Maestranza

Händel: ALCINA

Jone Martínez, Maite Beaumont, Daniela Mack, Lucía Martín-Cartón, Ruth González, Juan Sancho, Riccardo Novaro, Inma Alcántara. Dirección musical: Andrea Marcon. Dirección de escena: Lotte de Beer. 6 de febrero de 2024.

Alcina (ver previa en este enlace) aterrizó en el Teatro de La Maestranza para calmar las ansias de ópera barroca en una ciudad que cuenta con motivos de sobra para su cultivo y con una orquesta de muy alto nivel —la Barroca de Sevilla— que permite presentar este repertorio en las mejores condiciones. A la batuta se contó en esta ocasión con Andrea Marcon, que supo extraer del conjunto sevillano un sonido nítido y elegante, trasparente hasta lo inverosímil y sedoso como nunca. Suya y de la formación fue prácticamente el 50 por cien del éxito de esta empresa, logrando una experiencia envolvente y conmovedora en la que brillaron cada solista y cada familia, con momentos grandes de Mercedes Ruiz, un continuo excelso liderado por Andrea Marcon y la estupenda clavecinista Irene Roldán, excelentes trompas naturales y poderosos timbales en los últimos acordes de la partitura, así como flautas, oboes y fagot de una cantabilidad absoluta.

Marcon y la nutrida representación de la Orquesta Barroca de Sevilla lograron complementar las voces sin taparlas en ningún momento, y eso que el foso estuvo algo elevado para facilitar la proyección de una instrumentación naturalmente más reducida que la propia de conjuntos clásicos o románticos. La partitura sufrió alguna que otra reducción, sin las danzas ni el coro de un primer acto que se unió al segundo hasta el estremecedor «Ah, mio cor» con el que terminó la primera parte, por lo que la Sinfonía del tercero sonó como interludio a mitad de un igualmente hipotético segundo.

"A las espléndidas prestaciones de la orquesta se plegaron las virtudes de un esmerado elenco vocal, con Jone Martínez brillando como Alcina, con su voz aterciopelada y magníficamente fraseada"

A las espléndidas prestaciones de la orquesta se plegaron las virtudes de un esmerado elenco vocal, con Jone Martínez brillando como Alcina, con su voz aterciopelada y magníficamente fraseada, si acaso un poco falta de cuerpo, más asentada en la zona aguda, pero de precioso timbre, cincelado ya desde su aria de presentación, un «Di’, cor mio» conmovedor, más tarde rubricado con un «Ah, mio cor» que la soprano defendió con sentimiento y expresividad. A su lado, la Morgana de Lucía Martín-Cartón disfrutó también de un timbre brillante, un canto muy en estilo y la capacidad para ornamentar suficiente para llevar a buen puerto «Tornami a vagheggiar», auténtico spotlight de la ópera. Entusiasmo provocó la muy curtida Maite Beaumont, aquí travestida como Ruggiero, en «Mio bel tesoro»; antes había evidenciado falta de proyección en la zona grave y agudos a veces tirantes, pero calentó la voz y ofreció esta preciosa aria con sentimiento y elegancia. En «Verdi prati», sin embargo, asomó una voz demasiado mate.

La también mezzo Daniela Mack logró destacar como Bradamante, con voz bien colocada y adecuada para ornamentar, aunque en ocasiones su sonido pareciera algo apagado. En lo escénico se le vio un poco sobreactuada, pero no tanto como un espasmódico Juan Sancho, que no obstante a nivel canoro anotó muchos puntos como Oronte; su facilidad para el fraseo y la ornamentación quedó bien expuesta en «É un folle» al principio del reinventado segundo acto. Muy bien cantó, manteniendo una línea de canto homogéneo y sin pérdidas de color, el barítono Riccardo Novaro, y no tanto, con voz pequeña aunque adecuada para su rol del niño Oberón, lo hizo la soprano canaria Ruth González. El coro, fuera de escena, mantuvo su habitual nivel de excelencia, con solos destacados incluso desde el propio foso.

La muy solicitada directora de escena Lotte de Beer decidió en esta producción estrenada en Düsseldorf hace cuatro años, trasladar la acción de la mitología clásica a la mitomanía del siglo pasado, con Alcina como diva víctima de su belleza como principal ardid para seducir y conquistar a un ejército de fans decididos a perder su dignidad por disfrutar de los encantos del mito erótico. Una especie de villa vanguardista en lo que parece una localidad de costa, sirve de único escenario que se transforma mediante elegantes movimientos para cumplir los designios mayoritariamente simbólicos de su puesta en escena, magníficamente iluminada y acompañada de sugestivos videos de carácter atmosférico. La solución se antoja menos caprichosa que otras veces, toda vez que sustituye la urna mágica que atesora los poderes de Alcina por su belleza juvenil, un poder de seducción que la vejez representada en la actriz Inma Alcántara se encarga de frenar. Así, la protagonista no será castigada por su maldad, sino por su vanidad, y no con su desaparición, sino con la ley natural que a todos extingue.  * Juan José ROLDÁN, colaborador de ÓPERA ACTUAL