Aix-en-Provence: Vehemente demencia de Lenz

15 / 07 / 2019 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 minutos

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La producción de Andrea Berth para Aix-en-Provence explora sin tapujos la complejidad del alma del protagonista de la ópera de Rihm, el atormentado poeta Jakob Lenz © Festival de Aix / Patrick BERGER
La producción de Andrea Berth para Aix-en-Provence explora sin tapujos la complejidad del alma del protagonista de la ópera de Rihm, el atormentado poeta Jakob Lenz © Festival de Aix / Patrick BERGER
La producción de Andrea Berth para Aix-en-Provence explora sin tapujos la complejidad del alma del protagonista de la ópera de Rihm, el atormentado poeta Jakob Lenz © Festival de Aix / Patrick BERGER

Festival de Aix-en-Provence

Rihm: JAKOB LENZ

Georg Nigl, Wolfgang Bankl, John Daszak, Josefin Feiler, Olga Heikkilä, Camille Merckx, Beth Taylor, Dominic Grosse, Eric Ander. Dirección: Ingo Metzmacher. Dirección de escena: Andrea Breth. 8 de julio de 2019.

Cuando en 1979 Wolfgang Rihm estrenó Jakob Lenz contaba con 27 años y despertó la atención no solo de quien le hizo el encargo, el por entonces director de la Ópera de Hamburgo, Christoph von Dohnányi, sino también del público y de la crítica internacional. La obra, cuyo libreto de Michael Fröhling está basado en el relato de Georg Büchner, está considerada como ópera de cámara en 13 escenas y cinco interludios, aunque no se trata para nada de una obra vocal de formato reducido, si no más bien de un drama condensado de altísima intensidad.

Basada en hechos reales, en torno a la locura de Jakob Lenz, poeta alemán del siglo XVIII precursor del movimiento Sturm und Drang, cuenta con tres personajes protagonistas -el propio Lenz, el pastor alsaciano Oberlin (de quien Büchner sacó la mayor parte de su relato) y el filántropo suizo Kaufmann- además de seis voces, que no son ni personajes secundarios ni un coro de cámara, sino personajes que contraen un primer plano y que agitan a Lenz como elementos de la naturaleza (montañas, árboles, etc.).

De algún modo, Rihm se sitúa también en un lenguaje musical y una estética expresionistas en los que la angustia, la culpabilidad mortífera y las visiones delirantes componen un entramado de picos y valles de intensidad músico-teatral fuera de serie.

La producción del Festival de Aix-en-Provence, firmada por Andrea Berth para la Ópera de Stuttgart en 2014 y coproducida por La Monnaie-De Munt y la Staatsoper de Berlín, ha resultado uno de los primeros éxitos para la nueva dirección de Pierre Audi. Berth explora íntimamente la complejidad del espíritu torturado del poeta amigo de Goethe a través de las 13 escenas que configuran la obra. Cada escena es un espacio más introspectivo, jugando con la decadencia mental, opresiva y claustrofóbica a modo plástico y las visiones del protagonista, que busca en la naturaleza un bálsamo a su sufrimiento. Y es que el regista explora el impacto teatral, con imágenes escalofriantes que acompañan una música muy intensa que deja sin aliento.

© Patrick Berger / Artcompress

El montaje de Andrea Berth propone una atmósfera opresiva y claustrofóbica

La excelente formación alemana Ensemble Modern, especializada en música contemporánea, tuvo en la inspirada batuta de Ingo Metzmacher el cómplice ideal para hacer brillar a niveles prodigiosos una partitura cargada de vehemencia, gracias una labor de conjunto encomiable. Vocalmente, Jakob Lenz encontró en el barítono Georg Nigl al intérprete idóneo: el cantante austriaco asumió el difícil rol entregándose vocalmente a una partitura terrorífica y, dramáticamente, a la introspección más absoluta del torturado poeta. Un éxito rotundo para Nigl que desembocó en una cerrada ovación al término de la función.

Wolfgang Bankl como el pastor Oberlin jugó un papel esencial en el desarrollo dramático de esa intensidad y vocalmente estuvo impecable. Quien también estuvo entregado musical y escénicamente fue el tenor británico John Daszak (Kaufmann) gracias a su característico timbre penetrante y a una capacidad actoral fuera de serie. Especial mención merecen el resto de los solistas vocales, las apariciones de Lenz, que completaron un conjunto formidable, cerrando con el protagonista la obra a modo de «Konsequent, konsequent…».