CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Aida, hermana cautiva de Shirin Neshnat
París
Opéra national de Paris
Verdi: AIDA
Nueva producción
Ewa Płonka, Gregory Kunde, Judit Kutasi, Roman Burdenko, Krzysztof Bączyk, Alexandrei Köpeczi, Manase Latu, Margarita Polonskaya. Dirección musical: Dmitry Matvienko. Dirección de escena: Shirin Neshat. 22 de octubre 2025.
La producción presentada en la Opéra de Paris, remodelada, fue estrenada en el Festival de Salzburgo de 2017 y repuesta en 2022. Shirin Neshat, su creadora, nada conocida en el mundo lírico, es una artista de origen iraní y dedicada mayormente a la fotografía y al vídeo. La llegada a Irán de Jomeini, en 1979, la pilló en Estados Unidos, mientras estudiaba y allí se quedó sin poder volver a ver su país de origen hasta la actualidad. No es de extrañar que sintiera una particular simpatía por el personaje de Aida, alejada de Etiopia por razones políticas…
Como quienes venidos de otros ámbitos se aventuran a la puesta en escena, su trabajo habló principalmente de sus propias angustias. Neshat enriqueció así su producción con una colección de vídeos de excelente factura y quiso ilustrar con ellos su aversión por los malos tratos a las mujeres por todas partes y en todos los tiempos. Al mismo tiempo quiso respetar lo apuntado en los textos de Antonio Ghislanzoni, por lo que tuvo que aprovechar los ballets de la obra –principalmente el que acompaña la entrada triunfal de Radames– para ilustrar sus angustias con sus vídeos no exentos de brutalidad y que pusieron al mismo nivel los horrores de una guerra y las maldades policiales de los esbirros de Jomeini. Puestas con calzador y no sin algún contrasentido, inesperadas, las imágenes sorprendieron. La regista obtuvo en la sala el efecto deseado de estupor ante la violencia.
Por lo demás, poco o nada se dirá del trabajo dramático impuesto a sus personajes: en un universo escenográfico eficaz creado por Christian Schmidt, consistente en un inmenso cubo giratorio, tan solo les exigió interpretar sus textos de forma llana.
Gregory Kunde, campeó un Radames viril y desafiante: algo se retuvo el tenor en su primera intervención (“Celeste Aida”) pero fue abriendo su voz progresivamente y se lució mayormente en las partes líricas como la de la escena del Nilo o en un mágico final con Ewa Płonka, una Aida de voz firme, de bellos agudos, ataques impecables y el pequeño defecto de olvidar algunas consonantes. Judit Kutasi (Amneris) amante y delatora de Radames, tuvo alguna dificultad para traducir vocalmente su problema personal. Roman Burdenko fue un Amonasro de bella voz, demasiado transparente para ilustrar el rugoso papel. Krzysztof Bączyk (Il Re) y Alexandrei Köpeczi (Ramfis) interpretaron magistralmente sus papeles con voces graves como convenía y acentos majestuosos (Bączyk) o también agresivos en exceso (Ramfis). Manase Latu fue un Mensajero de gran claridad y Margarita Polonskaya interpretó el breve personaje de la Sacerdotisa con voz elegante y pausada.
Dmitry Matvienko, ofreció una lectura plana de la obra limitándose a marcar los tiempos para el foso y el escenario. El público salió con la firme convicción de que el coro de la casa –dirigido por Ching-Lie Wu– había desafinado en la frase inicial de la célebre “Gloria all’Egipto, ad Iside…!”. De confirmarse el suceso, sería esta una première de lujo. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL
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