'Aida', entre arqueólogos, colonizadores y oro negro

Macerata

05 / 08 / 2021 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 2 min

Print Friendly, PDF & Email
Aida Macerata / operaactual.com La escena de la marcha triunfal de 'Aida' en el Sferisterio de Macerata © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Aida Macerata / operaactual.com La Amneris arqueóloga de esta 'Aida' © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Aida Macerata / operaactual.com Radames se enfrenta a Amonasro © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Aida Macerata / operaactual.com Radames y Aida © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI
Aida Macerata / operaactual.com La escena de la marcha triunfal de 'Aida' en el Sferisterio de Macerata © Festival de Macerata / TABOCCHINI-ZANCONI

Macerata Opera Festival

Verdi: AIDA

Conmemoración del Centenario del Festival

Maria Teresa Leva, Veronica Simeoni, Martina Tampakopoulos, Luciano Ganci, Mato Caria, Fabrizio Beggi, Alessio Cacciamani. Dirección musical: Francesco Lanzillotta. Dirección de escena: Valentina Carrasco. Arena Sferisterio, 1 de agosto 2021.

Esta nueva Aida llega al Sferisterio de Macerata de la mano de la directora de escena argentina Valentina Carrasco, dentro de la programación 2021 del Opera Festival, y se ambienta en 1871, año del estreno absoluto en El Cairo. El faraón se convierte así en el jedive de Egipto, vestido como aparece en las fotografías de la época, pero su hija Amneris exhibe modelos que recuerdan a las divas de los años treinta, como Greta Garbo o Marlene Dietrich. Este desfase cronológico ha sido buscado con toda seguridad, porque a la directora de escena no le interesa una fecha precisa, sino un período separado por muchos años, cuando en Egipto se formó una nueva clase dominante occidentalizada que se enriquecía con los ingresos del petróleo mientras el resto de la población seguía sumido en la pobreza y ligado a las viejas tradiciones. La transformación económica de Egipto ocurre ante los ojos del espectador, porque inicialmente la escena está solo ocupada por las dunas del desierto para pasar después a ser invadida por los tubos de una refinería de petróleo. La ambientación moderna no impide a la regista argentina, con la colaboración de Carles Berga en la escenografía, Silvia Aymonino en el vestuario y Massimilano Volpini en la coreografía, mantenerse sustancialmente fiel a Verdi, aunque plasmando la intriga amorosa entre Aida, Radames y Amneris o el conflicto entre dominadores y dominados de una manera más moderna y sobria, y también más dramática respecto a la grandiosidad exterior de los montajes faraónicos.

"Muy apropiado el reparto, formado por jóvenes con voces no particularmente potentes que evitan transformar sus amores y rivalidades en un combate de decibelios"

Muy apropiado el reparto, formado por jóvenes con voces no particularmente potentes que evitan transformar sus amores y rivalidades en un combate de decibelios. Quizá Maria Teresa Leva se queda en una Aida algo débil en los momentos más dramáticos, pero está espléndida en los momentos líricos y sus dulcísimas medias voces resultaron especialmente emocionantes. Luciano Ganci fue un Radames más estático que heroico pero es uno de los pocos tenores que canta el rol con efectos de pianissmo o morendo en el insidioso Si agudo de «Celeste Aida» como pedía Verdi. Veronica Simeoni no posee los medios vocales que se requieren en general a la hija del faraón, pero resulta difícil oír a una Amneris sutilmente insinuante al principio, falsamente afectuoso con Aida después y enamorada y desesperada finalmente en su dúo con Radames. Mario Caria, cantando con estilo y evitando ferocidades excesivas, dibujó un Amonasro altivo en su papel de padre pero también preocupado por la suerte de su hija. Bien Fabrizio Beggi (el Rey) y mejor Martina Tampakopoulos como la Sacerdotisa.

Francesco Lanzillotta resultó determinante para el resultado global de esta magnífica edición de Aida. Su dirección fue muy precisa y ajustada en sus más mínimos detalles, y empieza a resultar muy raro oír a las trompetas egipcias que fueron encargadas expresamente por Verdi para que sonaran exactamente como está escrito y no en su versión simplificada. Lanzillotta acompañó magistralmente a las voces solistas e hizo respirar de manera magnífica a las páginas más íntimas y líricas, sabiendo presentar de manera majestuosa pero no vulgar las grandiosas páginas corales, perfilando de manera espléndida la misteriosa escena en el templo de Vulcano.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL