Dulce debut de Agresta en la 'Adriana' de McVicar

Milán

16 / 03 / 2022 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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teatroallascala-operaactual-adrianalecouvreur (1) Judit Kutasi (Princess de Bouillon) © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
teatroallascala-operaactual-adrianalecouvreur (2) Ambrogio Maestri (Michonet) © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
teatroallascala-operaactual-adrianalecouvreur (3) Maria Agresta (Adriana) y Yusif Eyvazov (Maurizio) © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano

Teatro alla Scala

Cilea: ADRIANA LECOUVREUR

Maria Agresta,  Yusif Eyvazov, Ambrogio Maestri, Judith Kutasi, Alessandro Spina, Carlo Bosi, Svetlina Stoyanova, Caterina Sala, Francesco Pittari, Costantino Finucci. Dirección musical: Giampaolo Bisanti. Dirección de escena: David McVicar. 9 de marzo de 2022.

La soprano Maria Agresta, debutó en La Scala con el papel de Adriana Lecouvreur, un persoanje que fue el caballo de batalla de quien sería su maestra, Raina Kabaivanska. El riesgo de un alumno será siempre el de imitar al pie de la letra a su maestro, incluso en los defectos, pero el principal mérito de Agresta ha sido precisamente alejarse de ese modelo en un papel que en el pasado han ilustrado nombres míticos como el de la Olivero. Una interpretación la suya sin excesos veristas en una ópera que no lo es si el intérprete se atiene a los signos de expresión –un “Io son l’umile ancella” casi susurrado, con un “Morrà” final en pianissimo y no gritado con el portamento ascendente que a menudo se oye y un parlato solo utilizado cuando la partitura lo exige–, todo ello sin renunciar a una lectura personalísima que capte la frescura juvenil del personaje y a un control vocal absoluto, iluminando así a la protagonista de esta espléndida y refinada partitura. 

"El tenor de Azerbaiyán lo tiene todo para ser un perfecto seductor, por físico y talento escénico y además canta bien, aunque no pueda presumir de una belleza tímbrica particular"

En esta tercera representación que la soprano italiana tuvo que asumir sin descanso entre funciones por la defección de Anna Netrebko, no pudo formar pareja con el tenor previsto, Freddie De Tommaso, afectado por la Covid, y tuvo que compartir escenario con otros colegas, algunos de los cuales ni siquiera habían ensayado. Su Maurizio de Sassonia fue Yusif Evvazov, con quien había coincido ya en las dos primeras funciones y por vez primera con el barítono Ambrogio Maestri y la mezzosoprano Judit Kutasi. El tenor de Azerbaiyán lo tiene todo para ser un perfecto seductor, por físico y talento escénico, y además canta bien. No podrá presumir de una belleza tímbrica particular, pero tampoco se puede tener todo. El papel de la Princesa de Bouillon no le creó problemas especiales a la mezzo rumana, pudiendo resolverlo por el color y la calidad de sus medios vocales, el temperamento ya la facilidad para el registro agudo. La apreciación favorable del público, muy calurosa, se extendió también al Michonnet de Maestri, personaje que inspira siempre simpatía y humanidad cuando lo interpreta el barítono de Pavia con su vocalidad plena y rica de armónicos.

En los papeles secundarios se hicieron apreciar el bajo Alessandro Spina como Príncipe de Bouillon (aun habiendo habido que lamentar la ausencia de la arietta del veneno en el tercer acto que explicaría lo que sigue) y el Abate de Carlo Bosi, un lujo en ambos casos. Muy bien asimismo el cuarteto de socios de la Comédie, Caterina Sala, Svetlina Stoyanova, Francescoi Pittari y Costantino Finucci.

Giampalo Bisanti, al frente de la espléndida orquesta y del no menos apreciable coro del coliseo milanés, este último preparado por Alberto Malazzi, firmó una lectura sin altibajos dando el oportuno énfasis a los momentos de máxima tensión musical, sosteniendo las razones del canto con gran respiro y profesionalidad. El espectáculo no era nuevo (también se vio en el Liceu barcelonés), pero en estos tiempos una propuesta como esta siempre representa una bocanada de aire fresco. El público demostró su aprecio por la bella escenografía de Charles Edwards, el magnífico vestuario de Brigitte Reiffenstuel, el diseño de luces de Adam Silverman retomado por Marco Filibek y la coreografía de Andrew George recreada por Adam Putney. David McVicar recrea hábilmente el juego del teatro dentro del teatro. Solo unos descansos excesivamente prolongados y alguna imprecisión escénica, probablemente debida a los cambios en el reparto, podrían incluirse en la parte negativa pero que la mayoría de espectadores no acusó.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL