Premios ÓPERA ACTUAL 2008
Celso Albelo: "Me siento como un pollito saliendo del cascarón"
La cantera de voces españolas cuenta con un nuevo valor en la figura del tenor tinerfeño Celso Albelo, de 32 años. A su constancia y capacidad de trabajo añade un talento natural que le ha llevado a ser alabado por primeras espadas de la lírica sólo once años después de haberse interesado por el canto. Hoy ya ha actuado en los cinco continentes y sus éxitos están consiguiendo que su nombre sea cada vez más conocido por el público. Por su talento, recibe el Premio ÓPERA ACTUAL 2008.
Por Sergi Sánchez |
[Artículo publicado en la pág. 28 de ÓPERA ACTUAL 108]
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ÓPERA ACTUAL: Rememore sus inicios ya no en el canto, sino en la música. ¿Cómo se da el paso de la tuna a la lírica?
Celso ALBELO: Estudiaba Historia del Arte en la universidad y un día decidí apuntarme a la tuna. Me llamó la atención. En las Canarias todos cantan o tocan algún instrumento; yo no hacía ni una cosa ni la otra. Fui aprendiendo algo y, animado por la gente, que me decía que tenía una voz bonita, decidí asistir a clases de canto por
hobby. Mi profesora, en la primera semana, ya me proponía cantar arias de ópera , pero no me interesaban. Pensaba: “Yo lo que quiero es cantar boleros. ¿Para qué cantar en italiano?”. Pero la maestra me dejó un DVD de ópera y empecé a interesarme por el tema. Un año después, en 1998, ingresé en el Conservatorio de Santa Cruz de Tenerife.
Ó. A.: ¿Cuál fue la primera representación de ópera a la que asistió? ¿Qué sensación le produjo?
C. A.: Mi primera función como espectador fue una Traviata en el Teatro Calderón de Madrid. Me quedé fascinado. Me pareció maravillosa y no sólo por el canto. Era un espectáculo total y confirmó mi interés por seguir estudiando canto.
Ó. A.: ¿Cuándo decidió dedicarse al canto profesionalmente?
C. A.: Nunca me planteé dejar Historia del Arte hasta que empecé a ver que iba avanzando en el canto y que no podía compaginar ambas cosas. Decidí apostar por una de ellas. Arriesgué y de momento la jugada está saliendo bien.
Ó. A.: ¿Cómo se tomaron la noticia en su casa?
C. A.: En mi familia no hay antecedentes musicales. Nunca olvidaré el apoyo que me han dado. Siempre han estado ahí. Lo más gratificante, aparte de los aplausos del público, es ver la cara de orgullo de mis padres cuando me oyen cantar y ven la aceptación de los espectadores.
Ó. A.: Del Conservatorio de Santa Cruz pasó a la Escuela Reina Sofía de Madrid, donde conoció a su maestro, Manuel Cid.
C. A.: En Santa Cruz estudié con Isabel García y en Madrid con Tom Krause y Manuel Cid. Ambos son grandísimos maestros, pero con el último tengo un entendimiento especial. Sus enseñanzas son parte de la razón de mi éxito.
Ó. A.: Tras acabar sus estudios en Madrid, la fortuna le sonrió.
C. A.: Una vez salí de la Escuela Reina Sofía me encontré un poco perdido. Es muy complicado meter la cabeza en este mundo. Fue entonces cuando conocí al que hoy es mi agente, Enrique Subercaseaux, que en lugar de buscarme trabajo me aconsejó que antes fortaleciera mi base. En aquel tiempo participé en el Concurso Renata Tebaldi y le gusté a Carlo Bergonzi, que formaba parte del jurado. Me invitó a ser su alumno en Busseto y allí pude conocer a Leo Nucci, que cantó Rigoletto con nosotros. Gracias a Bergonzi contacté con Nello Santi, que en un momento dado me propuso interpretar Don Pasquale en la Opernhaus de Zurich. “¿Se atreve?”, me preguntó. Él era quien más arriesgaba. Pero el resultado fue bueno.
Ó. A.: Parece que en Zurich ya se ha hecho un hueco. Entre diciembre y enero cantó La Juive en la Opernhaus y cuentan con usted para un Gianni Schicchi en octubre de este año. ¿Se ha planteado ingresar en la compañía del teatro suizo?
C. A.: En Zurich se trabaja mucho y con grandes directores, y ofrecen una calidad extraordinaria, además de facilitar una formación continua. Contando con la seguridad que a uno le da tener un contrato a largo plazo, quizá en algún momento me lo plantearía, pero de momento no me quejo. El año y medio que llevo de profesional independiente no podría haber sido mejor.
Ó. A.: En este inicio de carrera se ha ganado multitud de elogios. ¿Cómo se encajan tantas alabanzas?
C. A.: A nadie le amarga un dulce, pero hay que mantener la seriedad. Si uno no es constante en su trabajo y se despista, esos elogios rápidamente se vuelven contra ti. En la ópera se vive un mundo de fantasía y uno ha de ser maduro y tener cautela y tranquilidad. Confío en hacer una carrera larga, pero he de ser consciente de que ahora mismo estoy empezando. Todo va muy rápido, pero soy un cantante en formación, aunque creo que en la buena dirección gracias a las oportunidades que me dan. En La Juive de Zurich he trabajado con Ángeles Blancas, quien me regaló una tarjeta en la que aparecía un pollito saliendo de un cascarón. Ésa es mi situación actual.
Ó. A.: ¿En algún momento se ha sentido presionado?
C. A.: La buena aceptación que he tenido en general no me ha presionado. Eso no sería exacto. Más bien ha aumentado mi responsabilidad de cara al público. Soy una persona calmada, y aunque agradezco todos los halagos, siempre me paro a valorarlos en su justa medida.
Ó. A.: ¿Conserva en el escenario algo de la desfachatez tunera?
C. A.: Me lo paso muy bien. No tengo nervios a la hora de actuar, sino, como decía, una responsabilidad de cara al público. En un espectáculo en directo siempre se corre el riesgo de que algo salga mal, pero ya que estoy en el escenario, voy a intentar disfrutar. Me lo aconsejó Isabel Rey; ella sí que se lo pasa verdaderamente genial interpretando.
Ó. A.: A los citados Bergonzi, Nucci, Blancas o Rey a la hora de apostar por usted se unen Cristina Gallardo-Domás o Cecilia Bartoli, que le invitó a participar en su disco Maria.
C. A.: Sólo puedo dar las gracias por haber podido trabajar con ellos. Les escucho con mucho cariño y atención; los respeto y admiro. Son los que saben. ¿Cómo uno no va a aprender al ver, por ejemplo, la pasión y amor que expresa en escena Nucci al cantar Rigoletto en Zurich? Sólo puedo decir chapeau e intentar descubrir y hacer mío el secreto para seguir amando un rol y sacarle todo el jugo después de haberlo cantado 400 veces.
Ó. A.: ¿A quién tiene como referente?
C. A.: Todos los grandes son un referente. Muchos me comparan con Alfredo Kraus, pero él era único e inimitable, y es hacer referencia a una galaxia muy lejana. También me gustan especialmente Tito Schipa y Ferruccio Tagliavini.
Ó. A.: ¿Hacia qué repertorio quiere orientar su carrera?
C. A.: Soy un tenor ligero con, dicen, cierto color y querría evolucionar hacia lírico-ligero. Me gustaría especializarme en el belcantismo: Don Pasquale, La fille du régiment, Pescadores de perlas, Sonnambula... Mozart también me gusta: en los próximos años podría cantar Don Giovanni o Così fan tutte... De momento a Rossini lo dejo de lado, porque primero tengo que trabajarlo. Un título que probaré es Puritani, aunque la gente me dice que tenga cuidado. Lo debutaré en Bolonia en 2009.
Ó. A.: ¿Cantará pronto alguna de esas obras en España?
C. A.: En Las Palmas cantaré La Sonnambula y tengo proyectos en Oviedo y A Coruña, pero no se puede anunciar nada...
Ó. A.: Hay muchos aficionados en España que aún no le conocen, pero en A Coruña ya se ha hecho un nombre.
C. A.: César Wonenburger, director artístico del Festival de Ópera de A Coruña, fue una de las primeras personas que me dio una oportunidad. Me invitó a participar en un recital con Stefania Bonfadelli y poco después ya me ofreció un Don Pasquale para el siguiente año. Podría decir que A Coruña y Zurich son mis bastiones y les soy bastante fiel.