Teatro Colón
Cilea ADRIANA LECOUVRER 
Virginia Tola, Leonardo Caimi, Nadia Krasteva, Alessandro Corbelli, Fernando Radó, Sergio Spina. Dirección: Mario Perusso. Dirección de escena: Aníbal Lápiz. 14 de marzo de 2017.
 
Virginia Tola sustituyó a la prevista Angela Gheorghiu como protagonista de Adriana Lecouvreur © Teatro Colón / Máximo Parpagnoli
 
 
Con una nueva puesta en escena de Adriana Lecouvrer el Teatro Colón abrió su temporada 2017. Las perspectivas de apreciar en vivo a Angela Gheorghiu se disiparon cuando la intérprete se excusó y partió una semana antes del estreno aduciendo motivos artísticos. Casi simultáneamente, el director Francesco Ivan Ciampa, que iba a hacer su debut en Buenos Aires, manifestó que no se encontraba en condiciones de hacerse cargo de la conducción musical.  Debieron por consiguiente efectuarse sobre la marcha cambios por cierto relevantes que de alguna manera pudieron ensombrecer la velada. 
 
La delicada obra de Cilea requiere voces y actuaciones muy acordes a música tan envolvente y una puesta escénica que permita apreciar que se trata de “teatro cantado” en el estricto sentido de la expresión, y al mismo tiempo mantener un equilibrio que no se deje tentar  exagerando lujos y excentricidades. En gran parte la versión presentada en el Colón alcanzó esos objetivos. La faz musical: la orquesta estable bajo la siempre correcta conducción de Mario Perusso y el coro del Colón sostuvieron la obra a un destacado nivel, superando al desvirtuado ballet convertido en fiesta kitsch. La escenografía de Cristian Prego, como la régie y vestuario de Aníbal Lápiz, pecaron  por exceso: se recalcó lo superfluo –adornos, vestimenta, efectos visuales– con la excusa de mostrar suntuosidad, pero no se adecuó a lo esencial de la obra.
 
En cuanto a los solistas, Virginia Tola, que debió asumir el exigente rol protagonista tras la cancelación de Gheorghiu, logró salvar su debut con visibles esfuerzos vocales y dedicación en sus movimientos. Ante un público que no dejó de aprobarla, la intérprete destacó en su aria,  “Poveri fiori”. El joven tenor Leonardo Caimi fue un Mauricio apasionado y vigoroso de voz media muy cálida, luciéndose en sus dos arietas, “La dolcissima effigie”“L´anima ho stanca”.  La debutante Nadia Krasteva (Princesa de Bouillon) impactó en “Acerba volutta” y mantuvo alto el nivel en cada intervención. Muy acertado el Michonnet de Alessandro Corbelli, un maestro en este tipo de obras, y correcto el resto del amplio reparto. Primer eslabón con dificultades de una temporada que pretende ser auspiciosa y relevante.  * Mario F. Vivino 
 

 

 
 
 
 
 
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