NOVEDAD DISCOGRÁFICA

 
Laura BYRON
ÓPERA ACTUAL 194
(SEPTIEMBRE 2016) 
 
Hacía tiempo que se esperaba y en los primeros días de julio comenzó a anunciarse que su salida al mercado era inminente. La cuarta colaboración entre el hoy flamante director musical designado del Metropolitan Opera House –cargo que asumirá en 2020–, el franco-canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal 1975), responsable artístico desde 2012 de la Phila­delphia Orchestra, llega en la línea de las anteriores entregas mozartianas para el sello amarillo, Don Giovanni (2012), Così fan tutte (2013) y El rapto del serrallo (2015), todas grabadas con Rolando Villazón y con el impulso del Festival de Baden-Baden.
 
Esta vez Nézet-Séguin opta por una Chamber Orchestra of Europe de sonido suntuoso, siempre apoyada por una ingeniería de sonido óptima que resalta texturas y planos sonoros, como camino para conseguir la adecuada tensión teatral. Y si en la Sinfonia corre a mil por hora, en momentos mágicos como en la “Canzonetta sull’a­ria”, el maestro, la madera y las voces parecen detener el tiempo. 
El joven maestro ha escogido voces de diversas procedencias y generaciones, consiguiendo caracterizaciones perfectas para esta comedia de enredos clasista y de profundo sentido social. La pareja de nobles conformada por Thomas Hampson y Sonya Yoncheva se complementa de manera óptima, ella sobrada de medios y con acento regio y melancólico, y él con su grisáceo instrumento infundiéndole gran nobleza, con una lejana dicción anglófona que le da un punto. A gran altura figuran el Figaro de Luca Pisaroni, ideal en el estilo y en el acento, y una Susanna brillante y de voz bellísima y trans­­parente como es la de Christiane Karg. Si bien la asopranada voz de Angela Brower no acaba de darle a su Cherubino un aspecto muy viril, su canto es impecable. Completan las parejas la Marcellina de Anne Sofie von Otter y el Bartolo de Maurizio Muraro, de voces ya gastadas –ella, que canta todos los recitativos y el aria que siempre se cortan– y oscilantes –él–, pero musicalmente intachables y dando la medida justa a los personajes. 
El Basilio de Rolando Villazón luce una voz oscura, suficiente y plena de entusiasmo, todos muy bien secundados por el siempre efectivo Jean-Paul Fouchécourt como Don Curzio, el Antonio de Philippe Sly y la Barbarina de Regula Mühlemann. Hay momentos teatrales muy bien logrados, como la presentación de la madre de Figaro, con el humor y el desconcierto justos o el espléndido final de la boda del tercer acto.
Una delicia que es puro teatro musical que entra a formar parte de la Selección ÓPERA ACTUAL.   
 
 
 
 
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