MI VERSIÓN FAVORITA

La ópera de Bartók, que este mes ha programado la ONE, ofrece múltiples registros de gran calidad. Prueba de ello es la disparidad de criterios de nuestros críticos.
 
ÓPERA ACTUAL 212
(ABRIL 2018)
 
E. Marton, S. Ramey. O. Nacional de Hungría.
Dir.: A. Fischer. CBS Masterworks MK 44523. 1 Cd. (1987). 1988.
 
Versión sin cortes –hay otras de la misma época o anteriores que sí los presentan– pero sin el prólogo hablado que figura, por ejemplo, en la de Kolos Kováts y Sylvia Sass, conforma una lectura tan detallista como comedida que hace que los fulgores de un Solti se antojen como algo muy remoto. Adam Fischer, un director de irregular trayectoria, parece hallarse aquí en su elemento y lleva la obra con buen pulso, siempre más atento a las implicaciones líricas que a las complacencias con la tímbrica. La orquesta le sigue con auténtica devoción. Eva Marton es una Judit de convincentes acentos que sutiliza el texto con la debida pertinencia en el de­­talle, mientras Samuel Ramey, cuya asimilación de la pronunciación original parece totalmente conseguida, expande su poderosa voz con una autoridad que a veces se echa en falta cuando se reparte el papel a un barítono, aunque se trata de todo un Fischer-Dieskau. El monumental empaque de la frase “Lásd ez az én birodalmam” tras la apertura de la quinta puerta es memorable. El carácter de ambos personajes queda perfectamente reflejado en esta versión, con la balbuciente inquietud de la esposa y el paso del laconismo a la grandilocuencia en el caso del Duque, en esa ceremonia de la incomunicación que es esta magnífica ópera. El libreto contiene el texto cantado en el idioma original y en su traducción a otros tres. Al español no, claro.  * Marcelo CERVELLÓ
 
C. Ludwig, W. Berry. O. Sinfónica de Londres.
Dir.: I. Kerstész. Decca 466377-2. 1 Cd. (1965). 1999.
 
Siete años después de la excelente grabación dirigida por Ferenc Fricsay, cantada en alemán y protagonizada por Herta Töpper y Dietrich Fischer-Dieskau, otro gran director húngaro, István Kerstész, firmaba la versión de El Castillo de Barba Azul mejor cantada de la discografía, gracias al sentido dramático, la musicalidad y el expresivo fraseo que sustenta la extra­­ordinaria interpretación de Christa Ludwig y Walter Berry en los únicos y enigmáticos personajes de la única ópera de Bartók. La compenetración con la lectura de Kerstész, de gran fuerza dramática, es plena, y la respuesta de la Sinfónica de Londres es sencillamente espectacular en esta producción de Decca grabada en noviembre de 1965 en el londinense Kingsway Hall. Con voces de gran belleza y en la plenitud de sus medios, Ludwig y Berry ofrecen un retrato vocal y expresivo de Judit y el duque Barba Azul tan convincente como rico en detalles de gran clase, con un sentido del color y el matiz sin rival en la discografía de esta obra maestra del siglo XX. Quizá le falte un punto de refinamiento a la dirección de Kerstész, que prima los violentos contrastes y la potencia sonora por encima de los sutiles perfiles de la paleta orquestal del compositor, pero el resultado orquestal es de una opulencia turbadora; se disfrutan al máximo las cualidades de la toma sonora, de impactante definición y espacialidad, en el reprocesado de la serie Decca Legends* Javier PÉREZ SENZ
 
J. Norman, L. Polgár, N. Simon. O Sinfónica de Chicago. Dir.: P. Boulez.
Deutsche Grammophon 00289 477 8375. 1Cd. (1993). 2009.
 
Pocas grabaciones de esta ópera de Béla Bartók incluyen el inquietante prólogo –interpretado aquí por el actor Nicholas Simon– que introduce al oyente en seguida en la atmósfera que rodea la breve y magistral partitura del compositor húngaro. Pierre Boulez contó con ese pasaje en el registro comentado en estas líneas, incluido en el estuche de ocho discos compactos que testifican la relación entre Béla Bartók y el director y compositor francés. Muy pronto la suntuosidad orquestal, con relevancia especial de los vientos –uno de los lujos de la Sinfónica de Chicago– se adueña de esta grabación. Boulez dirige con pulso firme, marcando bien las distintas inflexiones de la página, con su magistral progresión armónica hasta llegar al radiante Do mayor que marca la apertura de la quinta puerta del castillo. Todo en manos del músico galo parece calculado al detalle, sin olvidar la hiriente naturalidad con que se resuelven los distintos pasajes de la ópera. La voz del bajo László Polgár, que en otros repertorios resulta poco interesante, está a la altura de las circunstancias, con una medida teatralidad, que evoluciona a lo largo de la singular partitura. Una gran señora como la soprano Jessye Norman se erige aquí como una Judit de rompe y rasga, sin sumisiones a Barba Azul, marcando desde el principio el territorio y ante el reto de cantar en una lengua tan compleja como la húngara. Maravilloso. * Jaume RADIGALES
 
 
 
 
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