Théâtre du Capitole
Strauss  ARIADNE AUF NAXOS
Catherine Hunold, Issachah Savage, Anaïk Morel, Elizabeth Sutphen, Philippe-Nicolas Martin, Manuel Nuñez Camelino, Florian Carove, Pierre-Emmanuel Roubet, Yuri Kissin, Antonio Figueroa, Caroline Jestaedt, Sarah Laulan, Carolina Ullrich. Dirección: Evan Rogister. Dirección de escena: Michel Fau. 5 de marzo de 2019.
 
El reparto estuvo encabezado por Catherine Hunold y Elizabeth Stutphen ante una escenografía simplificada al máximo en este montaje de Michel Fau // Théâtre du Capitole / Cosimo MIRCO 
Michel Fau simplificó al máximo la puesta en escena. Contra la voluntad del mecenas, separó los dos actos cuanto pudo, no aportó muchas ideas para la dirección de los actores, borró por completo las disputas entre los artistas en el prólogo así como las intervenciones de los cuatro compinches de Zerbinetta, Philippe-Nicolas Martin, Pierre-Emmanuel Roubet, Yuri Kissin y Antonio Figueroa, quien es no dieron grandes muestras de lo que debían ser las patrañas permitidas en la commedia de’ll arte. El director de escena en cambio consiguió al menos dos momentos de gran emoción: el de las dudas del compositor sobre las modificaciones de última hora rodeado de sus personajes y los veinte minutos de la escena final. La escenografía de David Belugou, de estética original y muy conforme con el vestuario creado por él mismo, situó sin ambages y con eficacia el teatro en el teatro.
La orquesta, sonora esta vez en exceso –se diga lo que se diga sobre la música de Richard Strauss–siguió dócil las indicaciones de Evan Rogister consiguiendo en pocas ocasiones recrear el sutil clima musical, complejo y misterioso, de la obra. Ello dificultó el trabajo, ya difícil de por sí, de los artistas en el escenario. Tan solo las intervenciones muy aceptables de las náyades –Caroline Jestaedt, Sarah Laulan y Carolina Ullrich– aportaron instantes de apaciguamiento y quietud.
Anaïk Morel prestó al Compositor su excelente emisión de timbre cálido y multicolor en el registro medio, pero con poca intensidad y apenas audible en el grave y explosivo en el agudo en forte. Elizabeth Sutphen, soprano ligera, no alcanzó la enorme altura –vocal y dramática– que exigía el papel de Zerbinetta. Catherine Hunold, Ariadne, convenció en su gran aria inicial que interpretó con pasión y, sobre todo, se llevó el gato al agua en el dúo conclusivo con Issachah Savage en el papel de Bacchus; la voz del tenor, firme y contundente, no fue perfecta, en parte por su timbre indefinido, pero la convicción que el artista comunicó a la sala desde su entrada en el escenario, transformó el cuento en realidad.
La sorprendente voz de Florian Carove, aguda, metálica y mandona, y su dramatismo que supo dar a cada intervención, dio cuerpo a la ingrata misión del Mayordomo con sencillez, eficacia y economía de medios.  *Jaume ESTAPÀ