The Royal Opera House 
Janácek  KATIA KABANOVA
Andrew Tortise, Pavel Cernoch, Clive Bayley, Sarah Pring, Susan Bickley, Andrew Staples, Amanda Majeski, Emily Edmonds. Dirección: Edward Gardner. Dirección de escena: Richard Jones. 4 de febrero de 2019.
 
La soprano Amanda Majeski brilló en la piel de Katia en un montaje descafeinado y sin esencia // The Royal Opera House / Clive BARDA 
 
Cuando se trata de mujeres en escena no hay un compositor que las entienda tan bien como Leos Janacek. Es muy probable que su amor no correspondido por Kamilla Stösslová haya elevado su inspiración, y el resultado es una obra no solo trágica sino tierna, que apunta a los valores de una sociedad fallida y los expone con toda su hipocresía. La obra es una muestra de los prejuicios y el cinismo de una sociedad horrible que la aprisiona y destruye a la protagonista. Boris es un timorato débil de carácter, se enamora de Katia pero le falta coraje y representa a una sociedad feudal que sabe su lugar. Marfa –o Kabanicha– es la dominatrix, la figura que más se adecúa al ambiente, una hipócrita que se divierte jugando al sexo con un hombre representado aquí como una bestia, Dikoj. Katja desea ser un pájaro que vuela del nido, y también de esa jaula que la aprisiona. Una pena entonces que toda esta emoción se viera reducida en esta nueva producción que vacía la escena y, por ende, la obra de sus ideas. ¿Acaso Richard Jones desconfía de la obra de Janácek?
Las caracterizaciones individuales fueron superficiales y restaron valor al drama. El montaje acabó cayendo en contradicciones, algo deprimente en una obra tan delicada como esta. Hubo sin embargo un buen elenco. Amanda Majeski fue una Katia descomunal, una mujer totalmente frustrada que desea cumplir sus obligaciones pero que la sociedad no la deja, vocalmente en forma, Majeski canto con convicción y una gama de expresión notables. Pavel Cernoch cantó su Boris con convicción y actuó de forma brillante; Andrew Tortise fue un Vania desafiante, libre, al igual que  Emily Edmonds, una Varvara de voz liviana y desenvuelta en escena. Clive Bayley fue un Dikoj caracterizado a medias, y quedó en la presencia y la voz de Susan Bickley mostrar el lado inaceptable de una sociedad horrible como Kabanicha.
Una vez más recayó en Edward Gardner elevar la calidad del espectáculo de pedestre a sublime con una lectura de suprema calidad; la música checa no es como la rusa de violentos extremos. Janacek es suave, lírico, acariciante, y cuando alcanza lo trágico no apabulla sino que deja lugar para la emoción y así lo entendió el maestro, un músico excepcional.*Eduardo BENARROCH