Opéra Garnier
Scarlatti  IL PRIMO OMICIDIO
Kristina Hammarström, Olivia Vermeulen, Thomas Walker, Birgitte Christensen, Benno Schachter, Robert Gleadow.
Dirección: René Jacobs. Dirección de escena: Romeo Castellucci. 6 de febrero de 2019.
 
 
La producción de Romeo Castelucci transformó habilmente en ópera el oratorio de Scarlatti // Opera National de Paris / Bernd UHLIG
 
Con esta producción entró en el repertorio de la ONP el magnífico oratorio de Alessandro Scarlatti transformado en espectáculo escénico. La vertiente teatral fue llevada a cabo por los propios cantantes doblados por niños catores en la segunda parte. Independientemente del excelente trabajo de Romeo Castellucci –puesta en escena, escenografía, vestuario e iluminación– la lenta progresión de la acción, propia del oratorio, dio una sensación de fatiga y de malestar porque frenaba constantemente a los actores-cantantes en el escenario.
Puesto que la Biblia, escueta, resume la historia trágica de Caín y Abel en una corta página, Antonio Ottoboni, autor del libreto, añadió una gran cantidad de diálogos de su cosecha en el puro estilo del primer Renacimiento dramatizando al máximo la historia, en particular endulzando de forma insoportable –porque anticipa lo que iba a suceder– los discursos entre los dos hermanos instantes antes del homicidio. Curiosamente el libretista propone un final feliz: Adán y Eva, tras la pérdida de sus dos hijos de la manera más trágica, expresan una felicidad sin límites ante la promesa divina de tener luego más descendencia.
No se dejó llevar René Jacobs por la dinámica teatral impuesta por la producción, sino que mantuvo en todo momento la tensión que mandaban la partitura y el género decidido por el compositor –el oratorio– para la obra. El veterano director hizo honor a su nombre y a su merecida reputación como gran conocedor de la música barroca. Se interesó, por supuesto, por los cantantes pero fijó sobre todo su atención en el compás a marcar para que el foso y el escenario cumplieran con las reglas requeridas.
La mayor dificultad de la producción recayó en la puesta en escena. Romeo Castellucci optó en la primera parte por una escenografía sencilla sobre la base de un fondo borroso, desdibujado, sobre el que proyectó rectángulos de luces de colores. En la parte segunda presentó un sórdido descampado en el que Caín pudo apedrear a su hermano. Por lo demás, intentó la imposible síntesis de los ritmos dramático y musical, pidiendo a sus cantantes gesticular de forma sofisticada, con lentitudes que hicieron recordar las de Robert Wilson.
Sobresalió en el capítulo de las voces la de Birgitte Christensen que dio de Eva una versión dulce y apesadumbrada, muy conforme con lo que podía sentir el personaje. Kristina Hammarström fue un Caín feroz y consciente de su negra ferocidad; vocalmente impecable, supo también dosificar su esfuerzo dramático para dar del infortunado asesino una visión humana, a pesar de su acto. Benno Schachter –la voz de Dios– se expresó con gran claridad en las alturas de su tesitura, muy al contrario de Robert Gleadow, que representó al diablo en un registro grave de gran contundencia. Olivia Vermeulen, excelente comediante, fue un Abel dulce como un cordero. Tomas Walker, vocalmente impecable, asumió el papel de jefe de familia con humildad y moderación, con el fatalismo que requerían la situación y los textos.* Jaume ESTAPÀ