Ópera Nacional
Wagner PARSIFAL
Kostadin Andreev, Radostina Nikolaeva, Biser Georgiev, Angel Hristov, Atanas Mladenov, Petar Buchkov. Dirección: Constantin Trinks. Dirección de escena: Plamen Kartaloff. 8 de julio de 2017.
 
Dos momentos de los ensayos de Parsifal en Sofía © Ópera Nacional / Alexander Thompson 
 
Era la primera vez que Parsifal se daba en Bulgaria con los cuerpos estables de la Ópera Nacional de Sofía y con todos los solistas búlgaros. Creyó en ello fuertemente Plamen Kartaloff, director del teatro e infalible regista, cuya intuición dramática se resuelve siempre en claras lecturas. Los decorados de Numen Ivana Jonke y el vestuario de Stanka Vauda propusieron la división de dos mundos, el de los caballeros del Grial en blanco y negro y el rojo del castillo y el jardín de Klingsor, donde un inmenso cortinaje agitado por el viento evocaba el útero materno añorado por Parsifal. Otro cortinaje que descendía de telares sobre la plataforma giratoria de la escena hizo las veces de un bosque impenetrable o de columnas del templo sagrado con la complicidad de las luces de Andrej Hajdinjak.
El público apreció mucho la realización musical. Merece elogios una orquesta que con los años ha adquirido ya una familiaridad específica con este repertorio y cabe resaltar también la prestación del coro preparado por Violeta Dimitrova, al que hay que unir el infantil de la Radio Nacional Búlgara dirigido por Venetsia Karamanova. Buena parte del éxito de la velada ha de atribuirse a la labor del director de orquesta Constantin Trinks, de Karlsruhe, que se está haciendo un nombre entre los jóvenes directores alemanes después de haber trabajado con Kazushi Ono y Christian Thielemann en Bayreuth.
El reparto, instruido por el Musical Trainer Richard Trimborn, confirmó el hecho de que Bulgaria es una auténtica cantera de voces. El tenor Kostadin Andreev, en quien el tiempo parece haberse detenido dado su aspecto juvenil, es ideal para el papel de Parsifal, con una vocalidad que no dio muestras de deterioro alguno. Muy bien la Kundry de Radostina Nikolaeva, una soprano lírica con perfiles dramáticos de voz dulce y armoniosa, pero que sabe ser cortante cuando la ocasión lo requiere. Klingsor encontró un buen intérprete en el barítono Biser Georgiev, vigoroso en el acento y contundente en la expresión. Como Gurnemanz, personaje que requiere una gran resistencia física y vocal, estuvo magnífico el bajo Angel Hristov, autoritario pero también paternal. Excelente asimismo el barítono Atanas Mladenov, un Amfortas cantado con una voz consistente y bella. El potente bajo Petar Buchkov, en fin,  era la perfecta personificación de Titurel. Al buen resultado de la operación contribuyeron decisivamente la regidora de escena Vera Beleva y la asistente musical Yulia Krasteva.  * Andrea MERLI