Chorégies
Verdi RIGOLETTO
Leo Nucci, Nadine Sierra, Celso Albelo, Stefan Kocan, Marie-Ange Todorovitch, Wojtek Smilek, Christophe Berry, Jean-Marie Delpas, Igor Gnidii, Violette Polchi, Cornelia Oncioiu, Amélie Robins. Dirección: Mikko Frank. Dirección de escena: Charles Roubaud. Théâtre Antique, 8 de julio de 2017.
 
Celso Albelo, Leo Nucci y Nadine Sierra protagonizaron Rigoletto en Orange © Chorégies / Bruno Abadie / Christian Bernateau
 
El mítico e imponente escenario del Théâtre Antique de Orange subió metafóricamente el telón de la edición de este año de las Chorégies para presentar una nueva producción de Rigoletto firmada escénicamente por Charles Roubaud. El escenario estaba presidido por un gigantesco e impactante cetro de bufón, obra de Emmanuelle Favre, que sirvió, con la iluminación y proyecciones adecuadas, para adaptarse a cada una de las escenas. El regista situó la acción en un mélange de los años 20 para las fiestas del Duca y en los años 50 para el tercer acto del siglo pasado. En conjunto, fue una dirección teatral bastante acertada a la que le faltó cierta unidad y profundidad.
Leo Nucci está batiendo todos los récords interpretando al célebre bufón verdiano. Y es que a su edad, su Rigoletto, más paternal que vengativo, sigue emocionando. ¡Qué importa que abuse de los portamenti para llegar a los agudos y cale muchos de ellos! ¡Qué importa que la voz suene oscilante y algo desgastada! No es el Rigoletto gallardo y penetrante que se esperaría en plenitud vocal y quizás su “Pari siamo!” no sea tan cuidado como cabría esperar, o al “Cortigiani” le falte el desgarro conmovedor de antaño, pero verle en escena sigue conmocionando, aun cuando el bis de “Sí, vendetta” se ha vuelto más rutinario que excepcional.
La verdadera estrella que brilló bajo el cielo de la Provenza fue la ascendente Nadine Sierra: la soprano norteamericana, dotada de un bellísimo instrumento, fue una delicia como Gilda, su interpretación fue muy musical y ya desde el dúo “Figlia... Mio padre” dejó patente la calidad de su voz, de su saber decir. Continuó con “É il sol dell'anima” junto a Celso Albelo, en el mejor momento de la noche del tinerfeño, quien presentó un Duca sobrado aunque poco inspirado. En el “Caro nome” Sierra tendió a buscar tesitura de ligera, bien proyectada y sutil –a pesar de probar de engrosar su instrumento– y con agudos brillantes, en pianísimo, junto a una sentida musicalidad. Respecto al debut del tenor español en Orange, su Duca impactó positivamente al comienzo para después ofrecer un algo nervioso “Ella mi fu rapita". La suya es una voz de interesantes colores y cuerpo, con agudos brillantes y bien proyectados, pero al forzar en ciertos momentos no culmina algunas frases como cabría esperarse, como aquí le sucedió en “La donna è mobile”. Aunque su interpretación no emocionó especialmente, su Duca fue sólido y sin brechas.
Stefan Kocan fue un Sparafucile de gran impacto, cuya voz quizá no sonó en Orange con la rotundidad que sonaría en un espacio cerrado, pero presumió de un fiato generoso y de un color carnosamente profundo. Por su parte, la Maddalena de Marie-Ange Todorovich fue el punto decepcionante de la noche, con una voz estridente y descuadrada. Los demás comprimarios fueron muy sólidos y gustaron en general.
La dirección de Mikko Franck no estuvo exenta de matices y consiguió crear una atmósfera y tensión muy teatral, cuidando a los cantantes y al conjunto. La suya no fue una dirección antológica pero sí muy sólida. Quizás se le hubiera agradecido una mayor exquisitez en algunos pasajes, como en “Parmi veder le lagrime” o en el célebre cuarteto “Bella figlia dell'amore” del último acto.  * Albert GARRIGA